Ciencia, moral y maíz.

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Mi proyecto final de la clase de ingeniería bioquímica ─y para salvar el semestre─ consiste en hacer una investigación, simulación y cálculos de un proceso/planta de producción de bioetanol a partir de un feedstock 1G.

Dicho en román paladino: Se me está pidiendo que haga un diseño conceptual de un proceso que genere un biocombustible que sirva para reemplazar la gasolina a partir de alimentos que compitan contra la alimentación humana.

Cuando digo «alimentos que compitan contra la alimentación humana», estoy hablando de alimentos que de manera forzosa entran en la canasta básica de la familia mexicana.

Ahora, no sé si lo sepas, pero según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), México tiene a un 43.6% de la población viviendo en pobreza y a un 7.6% viviendo en pobreza extrema, es decir; 53.4 millones y 9.4 millones de personas, respectivamente.

Entonces, el concepto es muy sencillo:

Vamos a estudiar cómo producir etanol a partir de maíz, así es, vamos a meterle una puta mazorca a nuestro carro en vez de velar por el hecho de que la puta gente de México no se esté muriendo de hambre.

No sólo maíz, prácticamente cualquier alimento de primera generación es un impacto grave hacia la economía del país, y no me lo vas a creer, pero es súper sencillo generar tu propia gasolina a partir de arroz, maíz o hasta puta caña de azúcar.

Pero por el amor de Dios, en la investigación todas las putas bases de datos ─que por cierto, pagamos por ellas─ me arrojan artículos con títulos muy variados:

«No lo hagas», «El impacto económico y fatal en el estado de Chiapas», «El puto holocausto alimenticio», «Vas a valer verga puto, estamos rastreando tu IP maldito homicida nacional», etc.

La idea no es descabellada, USA y Alemania son los principales exponentes en hacer esas pendejadas, pero, USA y Alemania son países que han investigado eso por años y que no tienen al casi 50% de la población en calzones y comiendo tierra.

Hay más investigaciones para la producción de etanol a partir del rastrojo ─un desecho del maíz─, pero no, cuando le comenté al profesor las impicaciones morales y éticas me respondió de la forma más bella que me pudo haber respondido: «Deje su filosofía de lado y haga el trabajo». Casi me dice: «Cállate a la verga, puto soñador».

No culpo, supongo que no debe haber mejores ideas para tareas, pero, la culpa como tal reside en la puta facultad de ciencias químicas de mierda en la que estoy.

«Por la ciencia para el bien del hombre» es el lema de mi facultad, pero no te dejes engañar, está llena de estudiantes pendejos, profesores pendejos y hasta los de la cafetería están pendejos.

Aquí nadie vela por la ciencia para ayudar a la humanidad, aquí la ciencia es algo inherente al cosmos y no a los que la profesan en la tierra, la humanidad es el segundo plano en la ciencia.

Que me parta un puto rayo, no lo van a creer, pero la facultad no tiene ninguna clase de ética, algo así como la «bioética» que se lleva de forma obligada en todas las ingenierías en biotecnología. Aquí cada quién es libre de ser un pendejo a su manera, gracias a Dios.

En fin, recuerden que el malo de la facultad soy yo por andar pensando estas pendejadas, espero y el siguiente semestre me pidan de trabajo final hacer una explosivo que lleve al infierno a todo este estado, que total, la temperatura de Chihuahua no debe ser muy distinta a la que tendré allá abajo cuando more mi retribución en esta ciudad.

Puta escuela, puta vida, putos constructos morales, puto el que lo lea.

#PeaceOut.

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