El factor G de la inteligencia VS El factor P.


Hace  rato que no escribo en el blog porque he andado muy ocupado aprendiendo los oscuros caminos que había dejado pendientes en Java y que no eran otra cosa que un reflejo de mi debilidad intelectual, sin embargo, me he tomado este descanso de unas horas para leer algo que no sea código y de pasada poner algo en este (casi) abandonado lugar.

Como bien sabrán, yo soy una verga para todo, entre mis lecturas de adolescente con ligeros aires de superioridad ─ahora fuertes tornados─, recuerdo haber revisado el trabajo de Spearman y su teoría del factor G de la inteligencia. No voy a entrar en detalles, para eso ustedes tienen google y Wikipedia, si quieren algo más académico visiten JSTOR y busquen «General Intelligence, Objectively Determined and Measured».

Este trabajo me resultó interesante porque engloba varias cosas que una medida de IQ normal no hace: la inteligencia verbal, la oral, lógico-espacial, etcétera. Esto sin irnos a lo homosexual como la teoría de Gardner, ¡ojo!, vamos a desviarnos un momento del tema para tirarle mierda a los defensores de Gardner:

No hay argumento más pendejo y más usado por la raza que no la arma para sumar, que decir que no todo es lógica y matemáticas cuando también importa lo mucho que derramas lágrimas con el buen café o lo mucho que te gusta abrazar perros. Me cagan es tipo de personas, no tolero que agarren una teoría que le otorgue demasiados puntos a las emociones y la defiendan con todo para sentirse menos pendejos, pero en fin, gente, cosas de gente, ¿qué podríamos esperar de la puta gente?, volvamos… Gente.

Lo interesante de estas teorías es el intento del humano de medir algo tan complejo como la inteligencia, ¿por qué medimos la inteligencia cuando es más fácil medir la ausencia de la misma?, yo, como todo buen teórico de las redes sociales, he desarrollado mi teoría del factor P y el cómo identificar a los pendejos en Facebook en este pleno 2019, y, dado que me estás leyendo, hoy vas a ser premiado con el privilegio de notar estos signos y evitar a esa puta gentuza que lo único que hará es pegarte lo pendejo (porque es contagioso).

Intentaré ser lo más conciso que pueda, porque tampoco quiero que mi descanso dure más de dos horas, en fin, veamos lo que se fragua en esta hermosa mente:

1.- Todo el puto día se la pasan compartiendo memes o viendo memes: Sí, es cierto, es bueno divertirse y no dudo que haya un millón de artículos sobre lo mucho que te crece la verga si te ríes N veces al día, pero, consumir comedia en su formato más pendejo y lacónico o pasar horas y horas en grupos de haters elitistas que creen poseer el monopolio del «buen humor»… No es lo más sano. Si quieres divertirte con humor que te enriquezca al mismo tiempo que te hace reír, allí tienes toda la comedia absurda de los Monty Python o los libros/películas de Woody Allen.

2.- Todo el día se la pasan hablando de política: Que si el presidente habla lento, que si el presidente está muy chaparro, que si el presidente se cagó en una conferencia de prensa. A menos que tu solución sea política, tus críticas quedan sobrando. No faltará el típico «listo» que venga a decirme sobre la importancia de la concientización, y lo apruebo, pero para todo hay maneras, tú no estás haciendo concientización, estás aburrido y el poco tiempo que tienes lo estás usando para criticar la política, no para proponer un cambio, so… Pendejo.

3.- El aborto: Todo el puto día hablando del aborto, todo el día compartiendo imágenes del  aborto, todo el día haciendo debates a los que nadie le interesan, todo el día creyendo que los likes que recibe su puta postura nimia cambian el mundo. No, eso no pasa amiga. Que si es violación, calentura o demás, no, no cambia nada. Andar peleando todo el día no es cambiar la situación, andar peleando todo el día es hacer un AMBIENTE TÓXICO entorno a un tema que por sí solo ya es TÓXICO. Hablar del derecho a la vida o la muerte es algo delicado, no eres tan inteligente, no eres tan sabio, no eres nada, cállese el hocico y pase a otra cosa que lo enriquezca de verdad.

4.- El pu#”&!/ feminismo de mie#%#”&: ¿Necesitamos más detalles?, ya no se trata de concientización, sino de ver quien anda más en el chisme, quién comparte más imágenes, quién tiene la postura más radical. Hasta que usted no tenga la inteligencia para construir una opinión, no diga nada, no debata con nadie, no comparta nada esperando que un contra no vaya a llegar a cagarle su publicación. No se exponga, ¿es feminista?, chingón, demuéstrelo dejando de matar, violar y discriminar, no haciéndola de pedo en Facebook por cualquier mamada, por eso no avanza ese pinche seudo movimiento. Los «y las» feministas mataron y/o radicalizaron el movimiento.  Ahora es pura basura, aléjese de ese tema y agarre un libro de… no sé, cocina tailandesa.

5.- Facebook watch: De los creadores de «me maman los vídeos del Dross porque son tan instructivos y me enseñan a navegar en la “dip” web», llega el «me metí a Facebook watch un rato y  cuando me di cuenta ya había perdido un año de mi vida». Una de las mejores cosas de que mi youtube sea tan virgen y especializado, es que estoy suscrito a cosas que me sirven de algo, watch todavía está en desarrollo y si por accidente en el scroll me sale un vídeo de un negro enseñándome la verga, sé con seguridad que toda la semana veré negros enseñándome la verga. No entres a esa mierda hasta que la terminen de desarrollar, todo el tiempo invertido es tiempo perdido, todavía no hay comunidades que valgan la pena seguir, o más bien: Las comunidades interesantes de youtube todavía no migran a watch. Dale tiempo, no pases horas viendo vídeos pendejos que no te van a aportar nada.

Solo cinco elementos integradores de mi factor P que engloba unos 15, sin embargo, los que cumplen con 5/5 ten por seguro que son unos pendejazos que no vale la pena tener agregados en lo más mínimo, no te enseñan nada, no aportan nada y son el tipo de personas que en Facebook son bravos para comunicar, pero sácalos de su zona de confort y hasta tartamudos son los puñeteros pendejos.

Me dan un chingo de asco, demasiado, pero bueno, ese soy yo, soy «espacialito» para las amistades, no me trago a cualquier persona por más buena onda que sea, incluso las rechazo si solo vienen a ofrecerme sexo, tú dirás hasta donde llega mi enfermedad mental.

En fin, ya me voy, escribí esto solo para no perder la práctica, resulta que mis dedos ya se están acostumbrando a manejar más palabras en inglés que en español, lo cual quiero decir que me enorgullece bastante…

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El extraño caso de Sonia: La mujer asesina y la extraña pelea de sexos fuera de lugar.

Recuerdo que una vez una exnovia mía me dio unos vergazos porque pensó que le ponía el cuerno. No cachetadas, vergazos de verdad, puño cerrado y toda la cosa, bien conectado, estaba loca la pobre —me gustan así—. Me sentí triste y me dieron ganas de darle unos vergazos, por suerte, soy una persona con educación y un cerebro tan rápido que cuando el mismo se mueve puede hacer temblar al suelo. Me percaté que darle la verguiza de su vida no me iba a otorgar ningún beneficio, ¿para qué?

Luego recordé que mi IQ desborda la campana de Gauss, así que fingí perdonarla y luego me las ingenié para ponerle el cuerno y dejarla traumada de por vida. Cuando terminamos le conté todo y le recordé las muchas veces que me la chupó después de que yo tuviera relaciones con la mujer que ella más odiaba en toda la tierra (le dije fechas y toda la cosa). Nada más sensual que conviertan tus pesadillas una realidad, algo que, para ser honesto, es mucho mejor que andar tirando vergazos. La venganza es un placer delicioso, y más si eres paciente, algo que por cierto se me da muy bien.

Y bueno, esto me hace reflexionar: ¿Por qué las personas se matan por amor?, digo, hay muchas formas de sacar el odio que llevas dentro, el rencor, la impotencia, ¿pero tirar cuchillazos?, es lo más bajo en la escala, solo demuestra tu falta de imaginación.

No se me hace interesante la noticia de la chica que acuchilló a su novio, se me hace burda. Pero más aburrido es el debate que sacaron para volverlo tema de sexismo.

¿Qué tiene qué ver el machismo y el feminismo en todo esto?

Por allí escuché a feministas con oligofrenia que esto es derivado de la sociedad machista, tremendo argumento, se me quemaron las pestañas de tanta luz que desborda el razonamiento del feminismo moderno. Siguiendo la misma lógica, todo es machismo. De hecho, tragas por el machismo, tienes internet por el machismo, tienes energía eléctrica en tu casa por el machismo, ¿cuántas cosas no se han hecho en la tierra por hombres?

Yo digo que antes de empezar a plasmar sus posturas sexistas en las redes sociales, mejor se hagan la siguiente pregunta: ¿Esto hace reír a mis contactos o aporta algo realmente a la causa?, y en caso de que sea algún argumento: ¿Estoy usando la lógica detrás de él?

Es muy fácil estar tildando a un género o una situación sin tomarse la molestia de razonar. El día que empiecen a pensar, tal vez (y sólo tal vez) llegarán a un nivel elevado de conciencia, uno en el que yo ya estuve hace mucho, y se darán cuenta que no todo gira en esa estúpida y eterna pelea de hombres y mujeres.

El otro día mi terapeuta me contaba que por su trabajo tiene que tratar a muchos criminales, entre ellos tiene un pedófilo al que le encantan las niñas de un determinado rango de edad, una víctima muy específica, y entablamos conversación:

—A mí lo que me sorprende es que la sociedad piense que esta persona es un loco o un enfermo mental, ¿puedes creer hasta qué punto es la percepción de la sociedad?—  dijo.
—Lo que las personas no saben o no quieren entender, es que no se trata de mala educación, no se trata de calles inseguras, no se trata de sexismo, se trata de… —dije.
—Naturaleza humana —agregó

Me alegré de que mi terapeuta tuviera tres dedos de frente, al menos  es obvio que se necesitan para tratar a una persona de mi tremendo calibre, este puto Dios disfrazado de humano.

Es difícil aceptar estas cosas, pero hasta que no entiendas que un día tu abuelo puede violarte, que tu madre puede asesinar, que tu hermano puede violar niñas… Hasta que esa idea no nazca en tu cabeza… no serás libre.

De momento, como puto subnormal, está bien que sigas viendo peleas de género en todos lados donde realmente no las hay, digo, de no tenerlas, ¿para qué vergas tendrías cuenta de Facebook?

Sin más que agregar, se despide su humilde servidor, también conocido como la segunda venida de Jesucristo a la tierra.

—¿Por qué las personas se matan por amor? —le pregunté a mi cerebro.
—No matan por amor, matan por ser gente —me respondió.

Sonreí, le di gracias y me comí una lata de atún como agradecimiento. El Omega-3 del atún siempre le ha gustado mucho. Fue feliz y yo fui feliz, seguimos scrolleando el inicio de Facebook, luego nos quedamos viendo memes de gatos toda la noche…

Hombre estúpido y hombre sabio

Los antiguos griegos veneraban el deporte, la fuerza y el vigor de la juventud. Querían ver a todos sus jóvenes convertidos en pequeños Atlas. Es una formidable postura, fomenta el ejercicio y la salud que tiene arraigada dicha actividad física. Incluso podríamos considerar a esta idea como «visionaria» si se tienen en consideración los conocimientos médicos de la época.

Pero así como ser un hombre fuerte y hábil con las armas era algo respetado, mucho más lo era ser un sabio o aspirar a serlo. El milagro griego —incluyendo sofistas y filósofos— tenía arraigado un fuerte espíritu por la búsqueda del conocimiento, tanto del entendimiento humano como un «ser», como el entendimiento del mundo que nos rodea. El humano en la sociedad debía aspirar a desempeñarse bien en ambos bandos: El intelectual y el físico.

Entender la naturaleza fue una de las principales corrientes de pensamiento presocrático, por otra parte, la corriente socrática se enfocaba más en el entendimiento del hombre en este mundo, su posición, su comportamiento y todos los matices morales inherentes a la condición humana.

Aspirar a sabio era leer, estudiar, aprender de los mayores y maestros; y nunca, bajo ninguna circunstancia, dejar de cuestionarse. Aquellos hombres cuyas ideas sobresalían por encima del vulgo eran respetados, los conocimientos científicos eran elogiados, cada sabio u hombre inteligente tenía su posición en la sociedad. Los hombres que enseñaban a los demás eran vanagloriados,  sus conocimientos no eran menospreciados y nunca hubo la «filosofía» —si es que así se le puede llamar— de motivar la ignorancia o aplaudir un espíritu que no buscase innovarse a sí mismo.

Entonces mi pregunta es: ¿En qué parte de la historia la cagamos tanto para que el presente esté tan jodido?

En la actualidad un hombre inteligente se tiene que esconder. Mientras las personas elogian a los grandes deportistas y sus músculos, ser más inteligente puede hacer que te cuelguen en la plaza pública solo por el hecho de pensar diferente.

La sociedad no tolera que alguien sepa más, y mucho menos que enseñe lo que sabe. Porque claro, si dices lo que  sabes o intentas educar, entonces no eres un maestro, eres un pretencioso arrogante que debe ser erradicado antes de que siembre más mal o enseñe a otra persona las mismas manías.

Las personas miran a los deportistas y se ven allí: les gustaría ser igual de grandes y fuertes. Correr a grandes velocidades, atrapar un balón y hacer la anotación que le otorga a su equipo el triunfo. Salir a los vestidores y bañarse en una botella de champán mientras una porrista les deja brillando el rabo. Eso es lo que sueñan, todos aman a los deportistas, pero… el papel del hombre inteligente o sabio ya no tiene lugar en pleno siglo XXI.

Nadie quiere a las personas que enseñan, en esta sociedad saber menos que otra persona o ser menos inteligente, se considera un crimen. Las personas que saben menos tienen miedo de verse como «retrasados mentales», así que antes de aceptar la condición de ignorancia y hacer algo al respecto, prefieren amedrentar a los inteligentes o a los sabios, condenándolos y haciéndoles sentir culpa de ser diferentes y de decir lo que piensan.

Mientras todos acarician los músculos del deportista y le aplauden sus logros, los inteligentes y sabios tienen que vérselas para lidiar con toda las barreras que impone la misma sociedad, y claro, intentar destruir esas barreras sin ofender a nadie en el camino. Porque entre más inteligencia poseas, más daño hacen las palabras y más penitencia reciben quienes las profieren.

Las personas más inteligentes o más sabias no deberían estar calladas, no deberían estar escondiéndose en la sombra de los ignorantes o de los musculosos. No deberían estar todos y cada uno de sus días pensando en lo que van a decir por miedo a morir o ser estigmatizados por las pugnas sociales de los que prefieren al deportista que al hombre intelectual del siglo XXI.

No es justo y no llevará a la humanidad a ningún lado si seguimos haciendo que las personas inteligentes se sientan acosadas y en peligro.

No sé en qué momento de la historia hicimos que ser más inteligente sea un tipo de discapacidad mental y que ser un estúpido sea algo digno de elogios.

Pero bueno, esto solo es un pensamiento de alguien que no es nada ni nadie, de esos efímeros atisbos de luz que vienen en un segundo y escriben otro.

Libros que tienes que leer: El fin de la infancia de Arthur C. Clarke ¿El fin de la religión y la ciencia?, de Los Superseñores a Evangelion.

Advertencia: Este libro te va a volar la cabeza, tiene el certificado de haberme hecho llorar como Magdalena cuando lo leí, es cosa seria, si eres sentimental… Pues con más ganas, aléjate de él, te va a hacer daño. Solo es apto para gente que ama la filosofía, la religión, la ciencia ficción y además es tremendamente fuerte, no fue mi caso ─creo que nunca lo será─.

*     *     *

Cuando estaba en secundaria, el que en aquél entonces era mi mejor amigo me recomendó la serie animada de Evangelion. Aquellos que son lectores de mis publicaciones o blogs, saben de antemano que soy acérrimo fan de la misma, no la elogio como la más grande obra de todos los tiempos ─no quiero caer en el pecado del favoritismo─, pero, tampoco he encontrado alguna mejor en cuanto a animación japonesa se refiere. Tal vez por esa razón es que la he visto más de una veintena de veces.

Como sea, en mi ardua investigación realizada durante mi pre adolescencia para entender su significado, y, mientras usaba uno de aquellos módems que todavía hacían extraños sonidos para conectar a internet. Terminé dando con una de las entrevistas que le realizaron a su creador, Hideaki Anno.

En ella, más que ahondar en el simbolismo religioso que utilizó para la serie, mencionó como la misma era una manifestación de aquello que sintió y pensó durante una profunda depresión. Además, agregó que el libro que le sirvió de inspiración fue la obra de Arthur C. Clarke, El Fin de la Infancia (Título original: Childhood’s end, 1953).

No tenía ni los recursos monetarios, ni idea de dónde encontrar aquél libro. Mi única opción fue buscarlo en la biblioteca pública más grade de mi ciudad (el antiguo CIDECH), pero no lo tenían, así que me remití a seguir buscando en el vasto mundo del internet, el buen amigo que no me ha decepcionado nunca y que creo nunca lo hará.

Vaya mi sorpresa cuando un usuario de internet estaba subiendo los capítulos a un foro, además de que lo estaba haciendo en español. Duré en leerlo solo una semana, en primer lugar porque no tenía internet en mi casa todos los días, tenía que pedir permiso para conectarme y muchas veces me era rechazado debido a que yo era la figura más polémica y mal portada de toda esa secundaria (de hecho terminé siendo expulsado, el inicio de mi carrera criminal), y en segundo lugar; porque no sabía muy bien como guardar un documento html en el ordenador.    

Lloré durante algunos capítulos, lloré con el final, no podía creer lo que estaba leyendo, me entraron tantas dudas sobre todas las cosas que planteaba, me dejó una serie crisis existencial, que no dudo que hasta la fecha todavía tenga muy dentro de mí.

Hace unas semanas cuando lo volví a leer ─ya con 26  años─ pensé que ya había madurado lo suficiente y que su efecto sería distinto, no es cierto, no había madurado o simplemente su efecto es algo que perdura a través de los años, ¡tenía que escribir una reseña!, y bueno, las votaciones que realicé en mi cuenta personal de Facebook arrojaron que reseñara algo sobre este autor tan famoso, uno de los tres grandes de la ciencia ficción. Pues bien, ¡qué así sea!, sin más que agregar, vamos a ello:

*     *     *

Estados Unidos y Rusia están en plena guerra fría y atravesando por la típica carrera espacial. Ambos gobiernos están preguntándose quién será la nación que gobernará la luna por primera vez.

Estados Unidos lanza su primera nave, pero algo los dejó atónitos. Tantos años el hombre había soñado en alcanzar las estrellas…, cuando se percataron que fueron las estrellas quienes los habían alcanzado a ellos.

En cada nación importante del mundo se han instalado unas enormes naves espaciales de un origen desconocido. Los gobiernos temen, las personas entran en pánico, todo lo que habían creído como «ciencia ficción» empieza a materializarse como algo real. ¿Qué carajos eran estas naves?

Pues bien, las naves hacen contacto con la raza humana y nombran a un hombre como representante de toda la raza humana.

Estos seres brindan a la raza humana todo el conocimiento necesario para que paren las guerras e impere la paz, brindan tecnología, salud y bienestar en todos los aspectos posibles. La humanidad bautiza a estos seres como «Los Superseñores».

El problema es que todo esto lo hicieron desde sus naves, nadie sabía quién o qué estaba dentro, ¿quiénes eran?, ¿qué forma tenían?, ¿por qué nos estaban dando todo lo que la humanidad siempre había deseado?

Los Superseñores, a través del representante de la humanidad (alguien a quien ellos seleccionaron), insistían en que el humano no debía ver a Los Superseñores pues sus mentes todavía no estaban preparadas para tal suceso.

Los más espabilados en la raza humana, entraron en conflicto con esta decisión: Vale, nos habían dado todo lo necesario, ¿pero no estaban dictando ellos el futuro y las decisiones de la humanidad?, ¿era justo perder la libertad por el bienestar de toda la raza humana?, este serie de cuestionamientos son importantes, y la novela de Arthur C. Clarke los manifiesta como pocas.

No era una opresión, aunque Los Superseñores habían impuesto solo una regla: No maltratar animales, solo podían matarse para la alimentación del ser humano. En una ocasión estaba una multitud viendo una corrida de toros, cuando el torero dio la primera estocada con su cuchilla al toro, toda la humanidad sintió al mismo tiempo el dolor de la criatura. Desde ese momento nadie se atrevió a lastimar a un animal por diversión.

Como dije, mucha gente estaba agradecida, pero los que no, ya habían creado sectas secretas que buscaban derrocar «la opresión» de Los Superseñores  en aras de su libertad y de ser arquitectos de su propio destino. Esta secta lanzó un ultimátum, pidiéndole al representante que por favor le dijera a estos seres que se mostraran o dijeran sus planes.

Los Superseñores aceptaron, hicieron la promesa de mostrar su apariencia, pero le pedían a la raza humana que por favor esperaran 50 años para tal suceso, que según sus cálculos, es cuando la raza humana estaría preparada para verlos.

*     *     *

No te voy a decir lo que pasó cuando Los Superseñores mostraron su apariencia, eso sería un spoiler, además de que así te motivo a leer dicha novela. También cabe destacar que esto es apenas el inicio de la novela.

Este libro tratará temas religiosos, la crisis existencial de cada persona al darse cuenta que Los Superseñores estaban derrocando la religión con sus conocimientos y obras. Lo cual era irónico, porque estos seres nunca prohibieron la creencia ni los sistemas políticos de ninguna índole.

Cuando se muestran Los Superseñores frete a la humanidad, no fue suficiente, querían saber más: ¿a qué han venido?, ¿por qué nos han regalado la paz?, ¿cuáles son los planes?

Los Superseñores tienen planes, claro que sí, pero no pueden ser revelados a la humanidad porque jamás podrán ser entendidos hasta pasado bastante tiempo. Eso es algo que aprenderemos a las malas en la novela de Arthur. La desesperación por saber cuáles son esos planes sube cada capítulo (que al final serán revelados), pero más importante será ver todos esos matices filosóficos que va poniendo la novela en juego:

¿Dios existe?
¿Quiénes son estos seres?
¿Qué pasa con la religión ante la presencia de estos seres?
¿Podemos renunciar a la libertad y las creencias religiosas a cambio del bienestar global?
¿Qué sentido tiene la ciencia si estos seres nos han dado todo?
¿Por qué nunca les brindan el conocimiento del viaje espacial a los humanos?

Arthur C. Clarke abordará todas estas preguntas y terminará su novela como ninguna otra (en lo personal: ganándole a sus sagas de 2001 y Rama). Y el final, bueno, el final es lo que le brinda el título a la novela.

No puedo ahondar más sin llenar esto de horribles spoilers, creo que he planteado los puntos importantes y he resaltado la trama principal. Solo queda agregar algunos datos curiosos y de interés general:

1.- La novela es corta, se termina en unas horas (250 hojas).
2.- Los fanáticos y el mismo Arthur C. Clarke lo consideran su mejor libro.
3.- Kubrick intentó llevarla a la pantalla grande, pero es jodidamente difícil, además de que alguien más ya estaba interesado en el proyecto, así que mejor optó por 2001: Una Odisea en el espacio (para que te des una idea de la complejidad, ni uno de los mayores genios del cine pudo).
4.- Sí hay una miniserie para la televisión que consta de tres capítulos. Se estrenó el 2015 y no la he visto y ni la veré. Hay cosas que el cine no puede llevar a la pantalla, esta novela es una de ellas. Además leí por parte de usuarios que no se parece nada la serie a la novela, así que es poco probable que en algún momento le otorgue la oportunidad.
5.-  La novela es una expansión de un cuento llamado «Ángel Guardián», pero la novela es mucho mejor, cabe destacar.

Espero y te haya agradado la reseña y te haya generado un poco de interés en este mundo de la ciencia ficción.

Sin más que agregar,  me despido, no sin antes recordarte que si quieres seguir leyendo reseñas de libros, películas, series, anime o lo que me salga de los huevos, bueno, puedes seguir el blog en su página de Facebook para estar al tanto de nuevas publicaciones y votar por la próxima reseña.

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Saludos.

Libros que tienes que leer: El hombre que calculaba de Malba Tahan, una reseña a una de las mejores obras de divulgación matemática.

Para iniciar esta reseña plantearé un famoso acertijo para aquellos que aman los retos, es fácil, pero puede presentar dificultades si no se presta la suficiente atención.

Existía un mercader hindú que había realizado una obra asombrosa, la cual había dejado pasmados a muchos expertos en matemáticas y sabios de aquella época, todos se preguntaban cómo es que lo había hecho, dado que esta historia pasó de mano en mano, al final se perdió la solución al problema, lo único que queda es el problema, ¿la solución?, bueno, esa corre por tu cuenta:

El mercader tenía 8 perlas del mismo tamaño, mismo color y misma forma. El problema es que una de ellas era más ligera que las otras 7, pero muy poco, algo no perceptible para el cálculo inseguro de un humano. El mercader lo sabía, pero aquél día había olvidado su báscula y lo único que tenía de herramientas era una balanza, iba a vender 7 de sus perlas a un famoso orfebre que las necesitaba para un collar. El mercader, para que el trato fuese justo, decidió que le daría las 7 perlas más pesadas y él conservaría la más ligera.

Como ya dije, el mercader tenía solo una balanza, aquél cliente escuchó de la boca del mercader que una era más ligera, que si su paciencia se lo permitía, le diera tan solo un momento para balancear las perlas y encontrar aquella más ligera. El hombre aceptó.

El mercader realizó solo dos movimientos, es decir, usó la balanza solo dos veces. El cliente quedó fascinado pues él había jurado que para saber cuál perla era más ligera, se requerían mínimo 3 movimientos.

Ponte en esta posición: Pones en la balanza 4 perlas de cada lado, aquél lado que se eleve contiene a la perla más ligera. Esas 4 perlas las separas en 2 grupos de 2 perlas cada uno, ahora los pones en la balanza. El grupo que se eleva contiene a la perla más ligera, sin embargo, has agotado tus dos movimientos, necesitarías un tercero para saber cuál de las dos perlas que quedaron es la más ligera, ¿cierto?, pues bien, esa es la pregunta: ¿Cómo hizo el inteligente mercader para resolver este problema en dos movimientos?, piénsalo con detalle, analízalo, recuerda que es preciso aclarar las dudas con serenidad y bondad. La precipitación conduce al error y la discordia.

Este problema y muchos más, son los problemas que se resolverán en «El Hombre que Calculaba», una novela del escritor Brasileño Julio César de Mella y Souza. Es ficción, novela histórica y divulgación de matemáticas, pero no matemáticas complejas, sino las matemáticas más elementales que pueden existir.

La historia nos transporta a la vida de Beremiz, un pastor persa que todos los días está atado a la tarea monótona de contar cientos de ovejas, su único entretenimiento era esta actividad. Pero, al volverse un experto,  Beremiz le agarró amor, ergo, empezó a contar más cosas: Hormigas, abejas e incluso las hojas en los árboles. Este entrenamiento hizo que Beremiz pudiese contar todas las hojas de un árbol con una sola mirada de unos segundos. Lo volvió una máquina humana en el arte del conteo.

Su nuevo amigo, Hank, impresionado por lo que Beremiz es capaz de hacer, decide llevarlo a la ciudad de Bagdad para que obtenga un buen empleo por sus habilidades. Y no estaba para nada equivocado.

En Bagdad, Beremiz será puesto a prueba por mercaderes, banqueros e incluso el mismo Califa a través de divertidos problemas que estimulan la imaginación e invitan al lector a la reflexión. Todo esto irá dándole una reputación a Beremiz de ser el mejor matemático que ha pisado Bagdad, la envida y los celos de otros «sabios» siempre estarán al acecho de los logros de Beremiz, pero, Beremiz no solo posee una increíble habilidad de razonamiento matemático, sino que también ha alcanzado la bondad y la humildad de los hombres sabios, a cada reto y a cada insolencia responderá con frases que se te quedarán grabadas por bastante tiempo, siempre inerme ante la provocación:

«El hombre solo vale por lo que sabe. Saber es poder. Los sabios educan por el ejemplo, y nada hay que avasalle al espíritu humano de manera más suave y convincente que el ejemplo».
─Beremiz.

La novela no solo es rica en sus enseñanzas y en su trabajo de divulgación de las matemáticas, también es rica en historia y en acercar al lector a esa cultura sufista que está tan arraigada a la novela. Conocerás un poco de las palabras sanscritas, árabes y persas de aquella época, denominaciones  y cargos políticos, etcétera.

Sin embargo, si algo se puede destacar sobretodo lo mencionado, es la matemática que maneja Beremiz. Problemas que pareciesen complejos tienen una solución sencilla y sin tantos rodeos. Una forma que utiliza el autor para acercarnos a esta bella rama de la ciencia y a la magia que hay detrás de los números y los razonamientos lógicos: Desde repartir el pan hasta vender camellos.

La lectura es ligera y el libro no es largo (256 páginas), puedes terminarlo en un día sin mayores problemas. Así que dale una oportunidad y ponlo en tu lista de pendientes, al final del día las matemáticas ─por más oscuras que a veces parezcan─ son la ciencia más noble entre todas las que hay,  «la ciencia de las verdades eternas».

No olvidemos que Galileo promulgó que «las matemáticas son el idioma con el que Dios escribió el universo», entenderlas, y acercarnos a ellas, es también una forma de acercarse al universo, y tal vez… También a Dios.

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Saludos.

Libros que tienes que leer: Sobre el arte de contar historias de Horacio Quiroga, consejos para escribir relatos.

De Horacio Quiroga se puede decir mucho, su recopilado más conocido, Cuentos de Amor de Locura y Muerte, es una obra maestra de la literatura universal. Sin embargo, esta obra y otros recopilatorios de cuentos, han eclipsado a una obra que pareciese solo es conocida entre los estudiantes de la facultad de filosofía y hierbas. Estoy hablando de: Sobre el arte de contar historias (1922-1930).

Este libro es una recopilación de ensayos realizados con la finalidad de instruir al lector en lo que Horacio considera el arte de contar historias. Cabe destacar que todo está enfocado a la composición de cuentos, y no de novelas ─dos artes completamente distintas─.

Esta reseña pretende resumir parte de lo que Horacio manifestó en dichos ensayos. Dado que es un libro didáctico, creo que no hace falta mencionar que aquí no hay spoilers. Sin más que agregar, vamos a ello:

1.- Manual del perfecto cuentista.

En el primer ensayo, Quiroga hace una observación muy ─desde mi punto de vista─ acertada: El cuento, al igual que el soneto, se inicia por el final. Él pone el ejemplo de que ha visto a amigos suyos llorando (literalmente) y quebrándose la cabeza por no saber cuál es el final, o de tenerlo, no saber con qué frase termina el cuento.

No emprender el viaje si no se tiene un rumbo fijo, creo que es uno de los mejores consejos que tienen muchos escritores.  Y como dice Quiroga: «Tener un inicio no es una tarea elemental».

En este consejo, amplia diciendo que un cuento debe terminar con una frase breve y hace especial hincapié diciendo, que si son exclamaciones, es mucho mejor: «¡Estaba muerta!», «Nunca más volvieron a verse» y «Sólo ella volvió el rostro», son solo unos ejemplos.

Otro aspecto es relacionar el inicio con el final.

Si el cuento comienza con: «Silbando entre las pajas, el fuego invadía el campo, levantando grandes llamaradas. La criatura dormía…».

Un buen final sería: «Allá a lo lejos, tras el negro páramo calcinado, el fuego apagaba sus últimas llamas…».

Otro de los consejos, es que una vez planteado el final, el inicio sea lo suficientemente claro como para sembrar la duda. Es bueno entrar de lleno a la historia o tener un pequeño preludio, pero debe sí o sí poseer la suficiente fuerza para sembrar la duda.

El ejemplo que plantea Quiroga como un buen inicio, es el siguiente: «Como Elena no estaba dispuesta a concederlo, él, después de observarla fríamente, fue a coger su sombrero. Ella, por todo comentario, se encogió de hombros».

¿Quién era Elena?, ¿Qué cosa no le concedió Elena?, ¿Por qué la observó fríamente?, son tan solo algunas preguntas que se puede plantear el lector con un solo párrafo bien estructurado que siembre dudas a diestra y siniestra.

Por último, empezar cuentos con: «Érase una vez…» o «Había una vez…» no evocan ninguna duda ni sentimiento a primera instancia, evitarlas es crucial desde el punto de vista de Quiroga.

2.- Los trucos del perfecto cuentista.

En su segundo ensayo trata todo el tema del color en el cuento. Para entender esta idea lo mejor será poner como ejemplo el relato de ambiente.

Si pretendes escribir una historia donde la acción se desarrolle en una funeraria, algún navío o donde el protagonista ejerza una profesión, estás usando un «ambiente». Sin embargo, la forma de darle color es a través de lo que Quiroga denomina «folclor».

Conocer la jerga que se usa en la funeraria, la estructura de la funeraria, datos sobre el proceso para embalsamar, maquillar cadáveres o cualquier dato relacionado a este ambiente, es lo que, en efecto; brinda un color a la narrativa del relato.

Prescindir de ellos hace del cuento algo insulso y que puede llevar a efectos adversos sobre el ambiente en el que el lector debe verse inmiscuido para sentir empatía por los personajes o sentirse atrapado por los escenarios ficticios.

3.- Decálogo del perfecto cuentista.

Esto ya no es un ensayo  pero es el más famoso de sus textos de «divulgación literaria», son los diez mandamientos que Quiroga plantea para que te desenvuelvas de una forma más amena y adquieras ciertos hábitos que él considera importantes, a continuación te los enumero:

  1. Cree en un maestro ─Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov— como en Dios mismo.
  2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes con dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
  3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
  4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con el que lo deseas. Ama a tu art como a tu novia, dándole todo tu corazón.
  5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas, En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
  6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «Desde el río soplaba un viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
  7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuentas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
  8. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
  9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego, si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
  10. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.

De este libro es lo más importante que podemos rescatar, todavía quedan algunos ensayos más: La retórica del cuento, la profesión literaria, los intelectuales y el cine; y ante el tribunal.

De ellos solo retórica del cuento tiene algunos consejos sobre lo que él considera retórica y su aplicación en el desarrollo de una buena narrativa.

Sin embargo, si yo te contara lo que allí se trata sería buena persona y no te estaría dando un motivo para que leas el libro y lo tengas presente en tu formación, claro, si es que ese es tu deseo.

Sin más que agregar de momento me despido.

Saludos.

Por cierto, recuerda que puedes seguir la página de Facebook para estar al tanto de nuevo contenido de reseñas, ensayos, consejos para escribir o lo que me salga de los huevos, que total, es mi blog, yo decido que se pone aquí.

Libros que tienes que leer: Reseña De la Tierra la Luna de Julio Verne. De la pluma de Verne a Georges Méliès y la historia del cine.

De Julio Verne podemos decir mucho, tanto que nos costaría un año terminar de analizar y hablar sobre sus obras. Solo para darnos una idea: Su canon, «Los Viajes Extraordinarios», cuenta con casi 60 novelas, demasiadas, y no estamos contando las recopilaciones de cuentos y las obras publicadas después de su muerte, en ese caso la cifra se dispara.

Creo que hablar de su personalidad, su nacionalidad o si le gustaba comer sandía, bueno, es tema para otra publicación, no quiero hacer de esta serie de artículos unos análisis literarios excesivamente académicos, de momento vamos a enfocarnos en una novela que yo considero importante por todas las implicaciones culturales que tuvo, ¿preparados?, espero que sí.

*    *     *

Soñar con el viaje a la luna no fue algo nuevo, ni siquiera en la prodigiosa prosa de Verne. Tenemos vestigios en «La Divina Comedia» de Dante Alighieri. Tres siglos más tarde Johannes Kepler escribiría un cuento por el que casi queman viva a su madre (esta historia ya la contaré en otra ocasión).

Pero, sin lugar a dudas, el más famoso episodio fue la era del bulo mediático, una competencia entre Edgar Allan Poe y el periódico The Sun para ver quién contaba las mejores mentiras. Por una parte Allan Poe escribía un cuento llamado «La Incomparable Aventura De Hans Pfaall», una historia en la que un hombre viajaba a la luna a través de un globo aerostático impulsado por nitrógeno. Poe hizo creer a la gente que realmente había un hombre ─Hans Pfaall─ que había logrado llegar a la luna. Por otra parte, el periódico había creado la noticia falsa de que William Herschel ─famoso astrónomo de la época─ había visto con su telescopio una civilización viviendo en la luna.

Ambas fueron noticias falsas, pero, Allan Poe acusó de plagio al periódico y canceló su cuento, es decir, nunca tuvimos el final de La Incomparable Aventura de Hans Pfaall. Junto con «La Narración de Arthur Gordon Pym», constituye una de las pocas obras inconclusas del exponente del romanticismo norteamericano.

Y bueno, son precisamente estos antecedentes los que llegarían 30 años más tarde a las manos del Verne, alguien que sentaría de una vez por todas una obra de mayor magnitud: De la Tierra a la Luna (Título original: De la Terre à la Lune Trajet direct en 97 heures. Aunque la traducción correcta sería: De la Tierra a la Luna, Viaje Directo en 97 Horas).

Verne

Pero, ¿de qué va todo eso?, bueno…

El libro de Verne se ambienta unos años después de la guerra civil estadounidense. Todos aquellos químicos, ingenieros, físicos, militares y artilleros expertos que participaron en la guerra de sucesión, forman una asociación de más de 30 mil hombres llamada «The gun-club», cuya única finalidad, es intentar causar más conflictos bélicos para poder seguir con su afición de fabricar y disparar armas.

Ante la frustración de no lograr iniciar una guerra, el presidente del Gun-Club decide dar una conferencia ante toda la asociación donde narra ante sus miembros, el famoso bulo del periódico de Nueva York e incluso la historia de Hans Pfaall de Edgar Allan Poe. Al finalizar, menciona su plan maestro: Disparar una bala gigante a la luna para que el Gun-Club alcance un renombre mundial por ser los primeros en conseguir tan increíble hazaña, así como también otorgar mayor respeto al poderío artillero de Norteamérica. En esta parte se puede notar claramente el tinte de crítica de Julio Verne hacia el tipo de sociedad armamentista en la que se estaba convirtiendo Norteamérica, algo que hasta la fecha persiste.

La obra de Verne empieza a brillar cuando nos muestra sus conocimientos en ciencia y el cómo cada cálculo y argumento que utilizó para escribirla, realmente posee una validez científica. Es decir, la obra entra en lo que llamamos «ciencia ficción dura» (algo muy adelantado para su época).

Por ejemplo: Los miembros del Gun-Club piden ayuda al departamento de astronomía de Cambridge para saber qué día sería óptimo para el disparo de dicha bala. En esta parte, Verne en su narrativa, hace unos cálculos utilizando la velocidad de escape necesaria para contrarrestar la fuerza gravitacional, luego nos explica que debido a la forma elíptica del movimiento de traslación de la luna, lo mejor sería durante el perigeo lunar.

Reunión del Gun-Club

Como dato curioso por si toda esta parafernalia de datos suena confusa:

Una de las leyes de Kepler, astrónomo del cual hablé hace unos minutos, nos habla sobre el movimiento en elipse que tienen las orbitas de los planetas, satélites y otros astros en general.

Una elipse se define como aquél lugar geométrico en que la suma de la distancia de todos los puntos que la forman hacia dos lugares en concreto que denominamos «focos», es constante. Para fines astronómicos, la tierra es un foco del movimiento elíptico de la luna, es decir; hay un punto en que está muy lejos de la tierra, al que denominamos apogeo, y otro en el que está más cercana a ella, su perigeo

Elipse

Todos estos datos fueron considerados por Verne y fueron expuestos de forma magistral, algo que asombró mucho a la crítica de aquellos años, porque recordemos un dato interesante: Verne no era científico.

A lo largo de la obra Verne va haciendo más cálculos y más estimaciones sobre el viaje, incluso decide mandar a tres personajes dentro del proyectil, creando dentro del mismo un sistema de producción de oxígeno, hablando de la cinética de la reacción y de los materiales necesarios para mantener la fracción molar de 0.21 y no matar a los pasajeros por hiperoxia o hipoxia, ¡un grande Verne!

Si te contara el final sería una buena persona, así que te dejo la duda para motivarte a darle una oportunidad a la misma.

¿Y qué tipo de repercusiones tuvo esta obra?, pues agárrate, porque esto apenas empezaba…

El francés, Georges Méliès, sería ese personaje que marcaría bien su huella en la historia del cine con sus historias. No podemos definirlo como el creador del cine como tal, hace unos años personajes como D.W. Griffith ya habían dejado su marca en el arte de contar historias a través del invento de los hermanos Lumière, pero, Georges Méliès, fue el padre de los efectos especiales y de contar historias valiéndose de ellos.

Él se percató que jugando con los cortes, la cámara y los fotogramas, podía generar cosas que se escapaban de nuestra realidad. Méliès fue el primer soñador en llevarnos historias fantásticas a la pantalla grande. Esto fue debido a que Méliès antes de incursionar en el cine, se dedicó a la magia y el ilusionismo, usó estos factores para crear magia jugando con las herramientas que el cinematógrafo le otorgaba.

En 1902 estrenaría su más famosa película y uno de los hitos más importantes en la historia del cine: «Viaje a la luna» (título original: Le Voyage dans la Lune).

Viaje a la Luna de Georges Méliès

Esta película está basada completamente en la obra de Verne (y un poco de otra novela, que ya contaré en otra publicación).

La película impresionó por completo a las personas del naciente siglo XX, ver aquellos efectos especiales y ver cómo contaban una historia tan curiosa como viajar a la luna, era algo que sólo se había podido conocer en las hojas de los libros, no en una pantalla.

Es increíble como los sueños y la imaginación de los hombres se siembran en otras mentes para seguir creciendo y volviéndose más fascinantes. Un escritor inspira a otro, luego a otro y así sucesivamente hasta que se van creando más escritores, y por consecuencia, más historias.

La vida y obra de Méliès siguieron inspirando a muchos, como ejemplo, tenemos a Martin Scorsese y el cómo llevaría la vida del propio Méliès a la pantalla grande en una de sus más grandes películas: Hugo, estrenada en el 2011.

Hugo, Scorsese

Si no has visto la película, te la recomiendo, sobretodo porque toca todo el aspecto histórico y biográfico de la vida de este personaje, así como también otros aspectos históricos sobre el funcionamiento de los autómatas, pero esa también es otra historia.

Podría seguir hablando hasta terminar en el Apolo, pero lo mejor será cortar aquí, solo me queda recomendarte que leas el libro, veas las dos películas y disfrutes aprendiendo un poco del enriquecimiento cultural que conlleva todo este capítulo de la historia.

Me despido, si te gustó puedes compartir este artículo con tus amigos, también te recuerdo que tengo una página de Facebook en la que puedes estar al tanto de nuevas reseñas de libros, películas o demás, nos vemos en la siguiente entrega…

#PeaceOut.