Mi orgullo y mis prejuicios.

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—¿Y qué libros te gusta leer a ti? —preguntó Efraín con el miedo a tener la respuesta que siempre ha temido toda su vida.
—Me gustan muchos, pero mi favorito es Orgullo y Prejuicio. —Respondió la maldita perra estúpida.
Esa es la respuesta que tanto odiaba en las mujeres. Era como si las hubiesen programado a todas para amar ese libro. Las mujeres estúpidas pensaban que la imagen del amor era lo que reflejaba Jane Austen en una puta novela ambientada en el siglo XVIII, ¿cómo podían vivir con tanta basura en su cabeza?, ¿Cómo podía haber tata perra básica con los mismos putos gustos? Siempre lo mismo: «Es que Darcy la amaba por lo que realmente era ella, es tan encantador». Pobre perra estúpida. Pero no importa, porque Efraín era sabio, benevolente y siempre daba segundas oportunidades, así lo habían educado a él. Era Jesucristo hecho persona.
—Ahh, ammm, nice. ¿Qué otro te gusta?, algo más literario, más deep web, no sé, ¿qué tal la filosofía?, ¿te gusta algún filósofo en especial? —preguntó Efraín con el doble de miedo, incluso notó como le temblaban las manos.
—No mucho, ¿has leído el Mundo de Sofía?, ¡está bien padre! —dijo la dama pendeja.
Ya no había salida, no sólo era básica,  sino también una de las más pendejas en todo el reino de FCQ. ¿También quería aprender filosofía con un puto libro de niños?, ¿en verdad esa mujer sabía el significado de filosofía?, Efraín no quiso averiguarlo. Así que hizo su ataque favorito, el famoso «quiero que esta estúpida me deje de hablar al mismo tiempo que sus amigas o seres parecidos nunca osen hacerlo». Efraín era un maldito genio, alguien muy adelantado a su época.
—¡Ohh, que padre!  Yo estoy viendo un vídeo porno donde tres tipos se vienen en la boca de una niña con retraso mental. Está bien padre. ¿Te gusta coger con retrasados mentales? —Preguntó Efraín, a pesar de ya saber la respuesta.
—¿Qué?, ¿es en serio? —preguntó la perra básica.
Claro que no era en serio, pero Efraín sabía que esa pregunta la ofendería. Efraín siempre ha sabido cómo hacer enojar a las personas. De cualquier tipo, desde las más tranquilas hasta las más volubles, desde las más ignorantes hasta personas con múltiples doctorados. No importa quién esté contra él, años de estudio en psicología lo respaldan, es un maestro del trolleo avanzado, sólo Dios sabe de lo que ese hombre es capaz.
—Sí, bueno, la  verdad me gusta cualquier vídeo donde humillen a las mujeres. No sé porque me excita tanto que las traten como perras. Creo que golpear a una mujer en la cama es uno de los mayores placeres que Dios le ha dado al hombre, por algo la biblia dice que la mujer debe ser una perra. ¿No crees? —dijo sonriendo mientras la luz de la pantalla del celular iluminaba sus ojos. Esa pantalla le devolvía el brillo que hace años había perdido a través de las decepciones.
—Ahhh, no sé qué decir… –dijo la perra básica.

Efraín ya no recibió ninguna respuesta ni tampoco hizo otra pregunta. Había sido excelso el dominio de la situación. Esa mujer se iría a hablar pestes por todos lados, rumiando y creyendo que era una mejor persona que Efraín. Efraín lo sabía, siempre había gozado de hacer enojar a las perras básicas, incuso Efraín pensaba que ese tipo de actos aumentaba sus poderes sexuales.

Cualquiera hubiese hecho lo que sea por engañar a la perra básica y cogérsela (no hay mujer más fácil de llevar a la cama que una a la que le guste Orgullo y Prejuicio), Efraín no, Efraín era mejor. Efraín no estaba en busca de una mujer perfecta ni mucho menos, sólo de una que no estuviera englobada en el mismo arquetipo de pendeja como las demás. Y aunque todo parecía apuntar a que jamás la encontraría, eso no le quitaba el sueño por las noches. Efraín abrió de nuevo su libro de variable compleja. «Sólo tú me entiendes Cauchy, tú eres mi Darcy, sólo tú me quieres por lo que realmente soy». Se puso a leer, pasaron nueve horas, así siguió hasta que no pudo más y cayó dormido… Aquél día fue muy productivo.

¿Las chaparras son mejores cogiendo?

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Eso de «las chaparritas cogemos bien chido» es algo que se inventaron las chaparras para subir su autoestima de forma injustificada. Lo más probable es que hubo un congreso de enanas y allí llegaron a un acuerdo.

No, las chaparras no son mejores cogiendo, y te lo voy a demostrar con silogismos obvios porque sé que estás bien pendejo: No existe algo como «soy mejor cogiendo», coger es un acto que requiere el contacto entre piel, lo cual a través de la fricción y la presión estimula, y bueno, ya sabemos dónde termina la cosa.

Supongamos dos mujeres: Una alta y una pinche chaparra. Una alta obviamente tendrá más masa que una chaparra (a menos que la chaparra sea obesa). Si es el hombre el que se las coge, entonces ya no existe el argumento de «las chaparritas cogemos bien chido», porque allí el hombre es el de la proeza, no de la pinche enana. Pero, supongamos que son ellas las que te cogen, obviamente la morra con más masa es la que más presión y más fricción va a generar, porque aunque sean mujeres, no escapan de la ley de gravitación. A mayor masa mayor peso, una alta siempre la vas a sentir,  a una enana apenas y te das cuenta que la tienes arriba.

Ahora,  a pesar de que esto es física y las pruebas son ineludibles. Los hombres también le van a dar la razón a las enanas: «¡Ufff!,  las chaparritas son otra cosa». Esto no es porque sean realmente buenas cogiendo, no tiene súper poderes, de hecho no sirven como tal para el acto.

Aquí lo que le da la razón a la mujer es un factor psicológico muy obvio: El hombre cuando coge  tiene deseos de dominación, busca a través del acto sexual humillar a la mujer de forma inconsciente, así como también demostrar su «superioridad física» a través de someter a la pareja sexual. ¿Qué es más fácil de someter?, ¿una jirafa o un pinche perro pug?, la respuesta es obvia. También por eso decir que eres buena cogiendo (cuando eres enana) es lo mismo que decir: «¡Larga vida al patriarcado!»

El hecho de poder cargarlas a dos manos como si fueran un bebé, voltearlas, aventarlas y demás, prácticamente las vuelve una muñeca sexual, ellas no están haciendo nada, sólo están siendo maleables. Esto es lo que causa la  impresión de que en verdad son mejor cogiendo, pero sólo es una ilusión. Este mismo papel de mujer sumisa es lo que en un tono más elevado termina en cosas como: “Me gusta que me amarren y me cuelguen del techo”.

No se dejen engañar por las enanas para cotizarse más en el mercado, todo es demasiado obvio,  ¿acaso soy el único con un doctorado en psicología? Las altas siempre serán las mejores, primero que nada porque están más pesadas, segundo porque te las puedes coger parado sin necesidad de cargarlas, ¿apoco eso no es lo mejor que hay?

Porque a las chaparras las tienes que cargar o repasar todo lo aprendido jugando twister para poder metérselas, y no, así es como te chingas la rodilla. Dios no libre de chingarnos la rodilla.

Una mujer menor a 1.85 es chaparra, no sirve para coger, fin de la historia. Pero igual no la vamos a discriminar por eso, es más, vamos a cogerlas por lástima, ¿ya qué?

Veda de pesca: Prohibido coger con las novatas.

NOVATAS

Hay reglas no escritas por los hombres, códigos de honor que se han seguido desde el neolítico por todos aquellos caballeros anónimos que han sabido ver más allá del infinito horizonte al que apunta una verga en erección. Reglas creadas por aquellos hombres que han puesto las bases sobre las que se sostiene nuestra muy sólida civilización.

Una de esas reglas es muy sencilla: Si eres veterano, está prohibido inmiscuirte sexualmente con una novata universitaria.

Es muy guarro y de mal gusto que estén como putos perros hambrientos esperando ver las «nuevas reces» que entran a la facultad. Aquellas pobres criaturas llenas de ilusiones, sueños y ambición por aprender los oscuros secretos de la ciencia que ellas juran amar.

Aquellas pobres crías esperando aprender algo nuevo, esa curiosidad inherente, que de  forma cruel, oculta un trasfondo sentimental y un reacio y muy ciego anhelo de «enamorarse de verdad». Todos esos sueños se ven rotos, ¿y por qué?, porque tú, enorme pedazo de mierda, abusaste de tu posición y tus engaños, tremendo hijo de puta.

Hay detrás de todo esto un razonamiento muy obvio: Las novatas están bien pendejas. Fin de la discusión, por algo se llaman «novatas». Por más abusada que parezca la criatura, por más cultura que pregone tener, todos sabemos que no es verdad, está pendeja, por algo está estudiando. Estudia para intentar quitarse un poco de ese ignominioso pecado llamado ignorancia que tanto ensucia y colma el alma incauta.

Eso es algo que tú sabes, y por ende, aprovechas la situación para conquistar a pobres pequeñas ciegas, sordomudas, testarudas que no saben qué están haciendo con su pucha y con su vida en general.

Lo peor es que recurres a tácticas demasiado hijas de puta que en el gremio de los viejos sabemos que son una completa mentira, lo más bajo de flirting:

—Si amiga, el átomo, los neutrones, las reacciones redox, la belleza de la química orgánica. Todo es maravilloso. No agarres química orgánica con fulano, mejor con mengano.
—Muchas gracias fulanito, eres muy bonito conmigo, me caes muy bien.
—Sí yo sé, oye… perdón, no deseo incomodarte, pero te me haces muy bonita.
—Jeje, gracias.
—¿Te gustan los elotes?
—Sí, claro.
—A ver qué día vamos a campo bello por unos, hay unos muy buenos cerca del campus, ¿por dónde vives tú?
—Sí, jejeje, estaría muy bien, precisamente también vivo en campo bello.

Y ¡zaz!, ¿qué pasa?, la niña termina tragando otro tipo de crema con un alto contenido calórico, y por si fuera poco: Una crema que proviene de un tipo de elote que no se esperaba, uno de carne.

Ahora la niña ilusionada con su pendeja idea de que en verdad la quieres para algo serio, va a pasar todo el tiempo rogándote por atención los próximos meses. Al principio la tendrá, luego te vas a cansar y las vas a guardar en el closet de los esperpentos del semestre pasado: Junto a ese cuaderno lleno de apuntes mal hechos y garabatos, junto a esas hojas que te repartió el profesor de fisicoquímica que nunca leíste y que hasta terminaron manchándose con la manzana que se pudrió en la mochila, junto a esa extraña masa negra que también sacaste de la mochila y que no sabes qué es, pero que podrías jurar tiene pelos, ¿es un ratón muerto? Allí va a quedar ella y sus ilusiones… En el olvido.

Luego ella te verá cómo les tiras la onda a otras 20 damas probablemente más buenas que ella. Dado que es la facultad de ciencias químicas, la competencia es dura, porque hay 10 mujeres por cada hombre, plus, 3 de cada 5 hombres prefieren degustar de los placeres herejes del arroz con popote. Todo esto la acomplejará y le dejará secuelas para el resto de la carrera.

Vuelvo y leo lo que he escrito hasta este momento, y pienso: «Joder Efraín, en verdad eres un muchacho muy inteligente», pero bueno, volviendo al tema…

Acomplejarla es el mayor error cometido en tu perra vida, presta atención a este excelso silogismo que sólo puede crear una mente maestra como la mía:

La primera razón por la cual te refugias con las novatas es porque eres un pendejo. Todos nosotros lo sabemos y las mujeres veteranas lo saben con creces. Ya te conocen, ya saben tus técnicas, ya saben de qué pata cojeas, ya saben el tamaño de tu verga, ya saben hasta tus miedos más profundos y están listas para atacarte apenas oses tocar la puerta de sus recintos pidiendo clemencia para que ellas alimenten al perro y muy malagradecido Francisco  que cargas entre las piernas. Ellas no brindarán nunca a Francisco sus sagrados alimentos, tú lo sabes, por eso escapas a otras tierras vírgenes y fértiles donde no tengan un historial de tus crímenes contra la nación.

Vas con la novata, la pendeja que cae fácil. ¿Qué pasa?, pues le rompes el corazón… Pero olvidaste un pequeño detalle: La niña es un aeropuerto que propagará tus males hasta convertirlos en una pandemia, propiedad pública.

Ponte a pensar: La niña es novata, su único grupo de amigas son las otras novatas. Son mujeres, ergo, son chismosas. Además, como buena mujer te va a presumir con sus amigas, «me estoy chingando a aquél wey», jaque mate ateo. Cuando la mujer y tú terminen, ella contará hasta el más mínimo de tus defectos a sus amigas. Luego ellas pasarán a segundo  semestre, conocerán a más chicas y correrán más el rumor, luego a tercero, cuarto… ¿Captas la idea?, en menos de un año serás el ser más odiado de toda la facultad, incluso correrán rumores tipo: «Aquél pendejo violó a una chica en los baños».

Por si fuera poco le arruinas el panorama a todos los concursantes, con el nuevo complejo, la muy pendeja de ahora en adelante pensará que todos son iguales, ¿y qué puta necesidad?, ¡¿eh?!, ¡¿qué puta necesidad de hacerlo más difícil?!

¿Crees que estoy bromeando?, ponte a pensar con detenimiento, además, te lo dice un ser que está cercano a la omnisciencia  de las emociones humanas, un santo, un puto pontífice emisario de la palabra de Dios y la verdad absoluta. Meterse con las novatas no sólo es un acto ruin, sino también es una forma de cavar tu propia tumba.

Sólo te puedes meter con una novata hasta que llegue a tercero o cuarto. Ya cuando conoce las reglas del juego y ya tiene un historial completo de tu puta carrera profesional como buitre. También hay una excepción: Si ella es la que te busca, pues adelante, que aprenda a las malas. Pero ojo, que te haya buscado por su naturaleza, no por el hecho de haberle causado un interés como parte de un plan oscuro.

Además, ¿a quién carajos impresionas con tus pescas?, es el equivalente a presumir que sacaste un pescado de 20 kilogramos de un criadero de peces, que metiste la caña a un puto acuario y sacaste algo, eso lo puede hacer cualquier amateur.

Sé como yo, sé cómo los hombres de verdad de la facultad… Los hombres de verdad pescamos a lo Heming-way (the only way), el viejo y el mar, solos contra los oscuros océanos y sus misterios, enarbolamos el anzuelo y lo arrojamos hasta donde el hilo llegue. Esperamos, pacientes, a veces días, semanas, meses, allí estamos, solos con la caña, solos con el vasto mar.

Psss… psss… psss… ¿Qué es eso que se mueve?, ¡joder!, el premio mayor. Jalo con todas mis fuerzas, ¡ahhh!, las manos llenas de sangre por el hilo que me ha cortado, esta presa ofrece increíble resistencia, seguimos luchando, ¿qué es eso?, ¿es un “de seguro eso le dices lo mismo a todas”?,  no amor, sólo a ti. Sientes que vas a perder la mano, ¡aggh!, qué  fuerte, ¿qué estoy pescando?, estoy confundido, el corazón me late a mil por hora, ¿viste eso?, un enorme pez marlín de 200 kg ha brincando frente a mí, cae de nuevo al agua y me moja toda la cara, parece que quiere escapar, ¡no lo dejaré!… “Siempre me gustaste, desde primer semestre”, ¡Zaz!, el marlín parece que se enredó en el hilo, cada vez se mueve menos, ambos estamos cansados pero seguimos luchando por  días, ¿qué es eso?, ¿un visto de una semana en whatsapp?, maldito animal rebelde, jalo con más fuerza, le avientas un meme romántico, ¿qué tal aquella foto que se tomaron juntos en el rally de novatos?, jala, no pierdas las esperanzas, ¡las manos duelen!, “¿sabes?, te amo”… Jaque mate, el pez se ha rendido, es hora de volver a casa con el trofeo después de esta épica y sanguinaria batalla.

El ruido en el mar ha sido estruendoso, ¿qué es eso que se ve en el agua?, es tu sangre y la del marlín, has dejado un rastro muy grande para otros depredadores. ¿Qué es aquello que parece aproximarse?, ¡oh no!, ¡tiburones!, son todos tus amigos traicioneros. Empiezan a morder y despedazar a tu presa, “eso le dice a todas”, maldito animal traicionero, ¡aléjate!, “yo pensé que estaba saliendo con fulana”, hijo de puta, ¡aléjate mal amigo!, “la verdad es cierto aquello de que tiene la verga pequeña”, malnacido, te odio… Pasan las horas, el marlín ha muerto a manos de los tiburones que se hacían llamar tus “amigos”.

Volvemos a la orilla, con las manos vacías, sin nada qué decir, sólo contar aquella anécdota de cuando fuimos a pescar al mar: “Estuvimos saliendo un rato, pero al final no se armó nada”.

No sean así… hijos de puta.

Series chingonas que tienes que ver: The Handmaid’s Tale

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Imagina que por ser lesbiana te cortan el clítoris, si escribes te cortan la mano, si lees te sacan un ojo, si pones el cuerno te matan y otro sin fin de situaciones que de sólo imaginarme hacen que se me haga agua la boca. Pues bien, ese es el argumento de la serie «The Handmaid’s Tale» o en español; «El cuento de la criada».

The Handmaid’s Tale es una distopía ambientada en una época no muy lejana. La contaminación ha hecho que la mayor parte de los hombres y mujeres queden estériles hasta el punto de reducir la población mundial de manera drástica. Esto ha causado un puto holocausto en todos los Estados Unidos que ha quedado reformado en una nueva república llamada «Gilead».

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Las pocas mujeres fértiles han sido secuestradas. Sus hijos les han sido arrebatados y sus esposos (en caso de tenerlos) asesinados. La idea es sencilla, al ser fértil; deberás como mujer ser una esclava sexual encargada de procrear los hijos de los altos mandos políticos y la clase alta.

La serie se mofa de este hecho haciendo una tremenda blasfemia con la biblia y el mito de Jacobo:

«Y viendo que Raquel no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y dijo a Jacob: “Dame hijos o moriré”. Y Jacob se enojó con Raquel y le dijo: “¿Soy yo, en lugar de Dios, quien te niega el fruto de tu vientre?”. Y ella dijo: “He aquí mi sierva Bilhá, únete a ella y parirá sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella”» (Génesis, 30:1-3).

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A pesar de la tremenda exégesis de la biblia que se sacaron del culo, la serie logra hacer una completa obra de arte con este argumento y te pone a la mujer en una situación tremendamente precaria, injusta y oscura. Tanto hasta el punto de que las mujeres encargadas de dar a hijos deben ser violadas sobre las piernas de las esposas de la alta élite social y prácticamente decir “gracias” cuando les sacan la verga.

Las reglas son sencillas, hay 4 categorías de mujeres:

Las esposas: Son las esposas (valga la redundancia) de los altos rangos sociales, son estériles, no valen verga, su único trabajo es estar jodiendo y ser las “madres” oficiales de los hijos que den las criadas.

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Las tías: Son la mamada, son unas viejas locas encargadas de educar a las criadas a base de tortura y un sinfín de castigos que no diré para no hacer spoilers.

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Las criadas: Son las únicas fértiles, su trabajo es ser violadas una vez al mes para quedar preñadas, dar a luz y repetir proceso hasta que dar obsoletas.

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Las Marthas: Son mujeres que no son fértiles, su único trabajo es ser asistentes en el hogar, por lo general mujeres latinas, afroamericanas, etcétera.

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La serie actualmente tiene 23 episodios distribuidos en 2 temporadas, aunque ya tiene renovación para una tercera. Es una serie exclusiva del servicio de streaming HULU (que no tardará mucho en desmadrar a Netflix, no es broma, ya en 3 días se estrena Castle Rock y ya vi otras dos series muy buenas de esta plataforma), también creo está en HBO.

La serie no es cualquier cosa, fue nominada a 10 premios Emmy y fue ganadora en 8 de dichas nominaciones, así como también ganadora de dos globos de oro este año. ¿Crees que te recomendaría cualquier mamada?, claro que no, Efraín se toma muy en serio su trabajo de educarte y sacarte tu sucia sangre tarahumara.

La serie es una oda al feminismo, cargada de una muy, muy, muy pesada crítica social, ya que, como podrás imaginar, si le echas coco vas a notar que es una alegoría a la situación actual. Tanto me impresionó que busqué la historia original.

Resulta que es un libro escrito por Margaret Atwood en 1985. Apenas lo terminé anoche como a eso de las 3:00 am, me dejó una exquisita sensación en mi cerebro. ¿Cómo esta mujer escribió esta obra de arte hace más de 30 años?, sin palabras.

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Recomiendo tanto la serie como la novela de Margaret Atwood. Si no tienes HULU puedes descargar la serie en el siguiente enlace, y claro, el libro en este otro.

Sin más que agregar me despido, tengo una biblioteca gigante que todavía no es terminada y me quedan pocos días de vacaciones.

Besitos chao chao.

 

Carta de amor pública

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Te amo tanto amor, mi corazón, mi cuchurrumin. Heme aquí haciendo una cursi publicación en la que hago gala de mi exigua prosa. Sí, yo sé, ya más de veinte años de edad y todavía con el vocabulario de un niño de primaria. ¡Pero cumplimos un mes, amor!, no me importa lo que digan los demás y el escarnio social que enfrentaré el resto de mi vida por este tipo de publicaciones pendejas. Quiero que todos sepan el amor eterno que he jurado a tu persona después de este mes.

¿Qué van a entender ellos?, ¿qué van a saber las personas de nuestro amor? Ellos no conocen el amor, ellos no saben que lo que tenemos tú y yo es diferente al nimio concepto de amor que tienen las otras formas de vida en la tierra. Este amor es superior al de Dios por sus hijos, al de una madre por sus hijos, al de una persona con síndrome de down por el Super Bowl. Nuestro amor trasciende más allá de lo inteligible para la mente y el corazón humano. Podría escribir un libro sobre lo trascendental que será lo nuestro, pero no puedo amor, nuestra historia es inenarrable, los folios en blanco no soportarían el peso de tu nombre junto al mío.

Estoy tan feliz por este mes contigo (ya casi un mes con un día). Estar a tu lado ha sido lo que siempre soñé como el idilio perfecto, una utopía hecha realidad, algo que me hace hervir la sangre, ¿cómo puedes ser tan perfecto?, ¿cómo puede un hombre autodefinirse como «hombre» sin usarte como ejemplo?, siento tanta pena ajena por ellos. Quisiera que cada mujer en la tierra tenga la oportunidad de tener un hombre a su lado que sea la mitad de lo que tú eres.

¡Mira, ya casi las doce!, ya casi nuestro primer mes con un día. Me muero de ganas por saber cómo será nuestro primer mes con dos días, muero de ganas por saber cómo será el segundo mes, ¿qué tal el primer año?, ¡por Dios!, ¡el primer año!, no puedo aguantar la espera a que ese día llegue, o pasar tu primer cumpleaños a tu lado, tanta magia, tanta dicha desbordando a borbotones de mi corazón. Un corazón que ya no es más mío que tuyo, un corazón que no tiene espacio para el amor propio, sólo espacio para la ciega devoción que hoy siento por ti.

Me muero de ganas por cumplir dos años, para así, caer en la monotonía y no tener nada interesante en la relación, a menos, claro, que tengamos problemas, o mejor aún; que me dejes preñada.

Muero de ganas de llegar al tercer año y que la única explicación posible por la cual hemos llegado tan lejos, es porque tú o yo, hemos estado cogiendo con otras personas. O mejor aún; haber pensado ya varias veces en terminar la relación pero no hacerlo debido a ese inherente  miedo a la soledad que tienen la personas mediocres.

Porque hay que admitir una verdad ineludible amor: Sólo los mediocres le tienen miedo a la propia compañía. Tú y yo lo somos, por eso estamos en una relación, no soportamos estar con nosotros mismos, ensimismados en esos eternos viajes auspiciados por nuestro autismo emocional.

Por esa misma razón estamos aquí en las redes sociales celebrando nuestro primer mes, por eso te escribo esta carta pública de amor. Así también será el segundo mes, y el tercero. Estamos tan estigmatizados por los dogmas y estereotipos sociales, que necesitamos su reconocimiento para reivindicar nuestro galardón por el cumplimiento ortodoxo que algún pendejo nos enseñó como «la forma correcta de amar».

Nuestro amor es una mierda estereotipada e igual al de los demás ahora que lo pienso a fondo, no tiene nada de trascendental ahora que el pensamiento ha adquirido de nuevo su agudeza.

En cierto modo sé que no durará por siempre, y de ser así; no aportará nada a mí vida. No más de lo que hará los primeros dos años. Es cierto, debemos de admitir que somos personas finitas, y por ende; en la búsqueda de alcanzar la eternidad en corazones ajenos, en la eterna búsqueda de inmortalizarnos en la vida de otras personas… Hemos descuidado nuestra persona, hemos lastimado de forma irreversible el ego.

Tan desesperados hemos estado por no estar solos, que al final, el suplicio ha sido lo único que hemos cargado hasta este momento. No sabemos nada, no hemos leído, no nos hemos enriquecido, no tenemos un pensamiento propio, muy apenas poseemos esta mediocre carrera universitaria que hemos seguido para cumplir con más dogmas sociales, una carrera auspiciada por la ciega vocación y el hedonismo, pero, como personas, y a grandes rasgos… No somos nada.

No somos nada, yo no soy nada, tú no eres nada. Quiero que ya tengamos dos años, para así desperdiciar todo ese tiempo de mi vida, arrepentirme, y darme cuenta de lo pendeja que he sido todo este tiempo.

Quiero que mi mejor amiga me cuente como te la cogiste en aquella fiesta, ¿fue de perrito?, ¿ella se los tragó?, quiero que mis amigas y familia me digan lo equivocada que estoy, quiero equivocarme porque soy pendeja, y mejor aún; quiero no aprender de mis errores. Quiero repetirlos una y otra vez, con cada una de mis relaciones. Quiero publicar siempre lo mucho que en verdad sé amar hasta recibir los ingratos e hipócritas aplausos de personas igual de ciegas que yo. Quiero que la envidia emocional de otros mediocres sea mi ovación.

Te amo, espero y esta carta de amor publicada en facebook manifieste tan sólo un poco de lo mucho que me haces sentir por dentro con este mes (y ya con un día) de hermosa relación.

Besos.

Relato corto: Su primer hijo

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Título: Su primer hijo.
Por: Efraín Puentes.

Una tarde de un fin de semana, Kate estaba en su cama tomando una siesta cuando un fuerte dolor en su vientre la despertó, al parecer ese día daría a luz a su primer hijo. El dolor la hizo dar un alarido tan impetuoso que se pudo escuchar en toda la cuadra. Su marido, que aquél día descansaba del trabajo, se encontraba en la sala viendo un partido de fútbol en la televisión. Después de escuchar el grito corrió asustado a la habitación para ver lo que sucedía.

—¡Es hoy, es hoy! —le gritó Kate.
—¡Oh por Dios! —respondió el marido. Corrió hacia ella y la cargó en brazos, la metió al auto y piso fuerte el acelerador para llevarla al hospital. El hombre estaba emocionado, ese día conocería a su primer hijo. La emoción combinada con el miedo lo hizo brincarse todos los semáforos rojos de la avenida principal.

Después de varias horas de labor de parto, sangre y lágrimas, el llanto del recién nacido pudo escucharse en la sala de parto. El médico cortó el cordón umbilical y puso  al recién nacido en los brazos de Kate.

—Felicidades, es un varón —dijo el médico.

Kate tenía de nuevo lágrimas en los ojos, pero esta vez eran de felicidad. Su marido se arrimó a Kate y la besó en la frente, luego besó a su hijo y lo acarició en el rostro. Kate y su marido se sonrieron mutuamente. Dios les había regalado un hijo para alegrar sus vidas.

Dos días después Kate ya había sido dada de alta y su marido la había llevado a aquella casa que ahora era diferente, ahora era un hogar que albergaría a la nueva familia. La sonrisa de Kate se dibujaba en la cara mientras cruzaban la puerta de aquella casa,  «gracias a Dios», pensó.

Aquella noche mientras dormían el llanto del bebé despertó a ambos, Kate se despertó esa madrugada para ir a la habitación del bebé. Kate lo cargó en los brazos mientras le cantaba una canción para que el niño lograra conciliar el sueño. Kate tardó casi dos horas para que el niño pudiera dormir. Al final, ya cuando el niño logró cerrar los ojos, lo puso en la cuna y ella volvió a la cama.

La madre novicia empezó a experimentar aquellos desvelos que un primer hijo siempre le da a la madre en sus primeros años de vida. Conforme pasaban los días, las oscuras ojeras empezaban a sombrear todos los ojos de la madre, aunque estaba cansada, ella en el fondo podía sentir una gran felicidad, ella había deseado ser madre desde hace ya varios años, y aquél niño… «Es un regalo de Dios», pensaba.

Aquella madrugada el niño la levantó de nuevo. Kate se despertó y fue a la habitación del niño, tuvo que cambiar sus pañales, cantarle una canción, incluso le contó una historia de un bebé que viajaba a la luna, aunque el niño no entendía eso, en el fondo reconfortaba el corazón de Kate.

Cuando la luz del alba volvía a bañar toda la habitación, el niño por fin pudo volver a dormir. En la habitación de Kate se escuchó la alarma que tenía el marido para levantarse temprano. Kate fue a la cocina y le preparó el desayuno. Una hora después el marido fue al cuarto para besar la frente del niño, luego besó a Kate en la boca.

—Te amo, te veo más tarde —le dijo a su esposa.
—Está bien, te amo —le respondió Kate.
—No hagas comida, de regreso intentaré comprar algo, tú descansa, te lo mereces —le dijo el marido.
—Sí, está bien.

El marido subió al auto y se fue al trabajo.

Kate fue a su cama a intentar dormir unas horas. Sentía como las pestañas se volvían la parte más pesada del cuerpo, cuando estaba a punto de cerrar los ojos… el  niño empezó a llorar de nuevo. Kate se levantó y fue a la habitación del bebé.

—¿Qué pasa amor?, ¿qué tienes? —le dijo al niño mientras lo cargaba en brazos.

Kate empezó a bailar con él mientras le cantaba canciones de cuna. El niño seguía llorando. Kate fue a su habitación, se sentó en la cama y empezó a hablar con él.

—¿Qué pasa, hermoso?, ¿qué le molesta a mi niño? —le dijo.

Kate recordó que la noche anterior, el niño no había sido amamantado.

—¡Ya sé lo que tiene mi niño!, ¿quiere comer,  mi amor? —le dijo.

Kate sacó su seno y lo arrimó a la boca del niño, el infante empezó a mamar de la teta de la mujer, Kate sonreía, se levantó y encendió el televisor. Volvió a la cama mientras todavía seguía amamantando al niño.

En la televisión estaba un aburrido infomercial, de aquellos que duran horas. El presentador anunciaba una crema para adelgazar y quitar estrías. Kate sonrió, «vaya, voy a necesitar una tonelada de esa crema», pensó.

La succión del niño y su aroma le dieron una paz increíble, su corazón había bajado el ritmo, en aquél momento sonrió y por fin entendió aquella felicidad tan secreta y exclusiva en las mujeres que significaba ser madre, sus ojos le empezaron a pesar, el aburrido anuncio seguía, y, cuando menos se dio cuenta, Kate cometió el mayor error que puede cometer una madre novicia… Se había quedado dormida con el niño.

Unas horas más tarde Kate despertó, el alarido de Kate casi rompe los cristales de la casa, aquél grito era aún más fuerte que el que había dado no hace mucho tiempo por el alumbramiento, aquél grito era el de una madre que perdía a su primer hijo.

Sobre las sábanas estaba el cuerpo pálido y azulado de su bebé,  sin darse cuenta Kate lo había aplastado y lo asfixió hasta asesinarlo.

Los mares colgaban de sus pestañas, el nudo en la garganta más que ahogarla parecía que la ahorcaba, se abalanzó sobre él, lo besó y lo abrazó con fuerza, Kate no volvería a ser la misma después de aquél día, los gritos y el llanto siguieron escuchándose en aquella casa el resto de la tarde.

Unos días después Kate y su marido volvían del funeral de su bebé. Kate jamás pudo imaginar que en su vida tendría que ver un féretro tan pequeño. Los días siguiente Kate lloraba y gritaba, había caído víctima de una depresión profunda. El médico de cabecera tuvo que ir a la casa a sedarla en varias ocasiones, incluso le recomendó al padre que compara la suficiente valeriana para poder dársela en té a su esposa y así tranquilizarla.

Los medicamentos y el tiempo parecían no surtir efecto en la mujer, la mitad de su corazón (si es que no completo) habían sido sepultados en aquél féretro pequeño.

Las dos semanas de luto que le habían dado al marido en su trabajo, ya habían transcurrido, tuvo que volver al trabajo con la angustia de no poder seguir acompañando a su esposa en su dolor.

—Tengo que volver a trabajar amor, por favor, dime que intentarás estar bien —le dijo su marido.

Kate no contestó, estaba acostada desde la cama viendo la ventana. Su marido marchó.

Ese tarde Kate siguió llorando y empezó a maldecir a los cielos y a todo lo que habitaba en ellos.

—¡¿Por qué yo?!, ¡¿por qué yo, Dios?!, devuélvemelo, por favor, ¡devuélvemelo!, mi hijo… ya no quiero vivir,  no quiero vivir sin mi hijo, ¡devuélvemelo! —le gritó Kate al techo.

Aquella réplica de dolor pudo haber sido escuchada en todo el universo, por todos los dioses, por todo lo divino, Kate seguía maldiciendo cuando de repente… Algo sonó en la ventana, eran unas manos oscuras con unos dedos gigantes, de unos treinta centímetros cada uno, las manos apenas tenían músculo, cualquiera pensaría que era sólo la piel forrando el hueso.

Las manos empezaron a levantar la ventana lentamente, luego sostuvieron el marco de la ventana para impulsarse. A través de ella entró una criatura de unos tres metros de alto, aquella cosa tuvo incluso que ladear la cabeza para no topar con el  techo. Kate soltó un grito, el pánico se había apoderado de ella.

—Buenas tardes señorita, ¡no se asuste!, no soy un monstruo. No se deje engañar por mi apariencia, preocupase más de que la engañe con mi palabras —sonrió la criatura que tenía afilados colmillos y unos ojos que parecían de gato.
—¿Q-q-quién e-es usted? —preguntó Kate con dificultad mientras aún balbuceaba por el miedo.
—Oh pues… Soy una «persona» —dijo mientras movía sus dedos para simular las comillas —que escuchó sus lamentos. ¿Sabe?, nunca había escuchado a una madre gritar y llorar tanto, por eso he decidido venir e intentar ayudarla. Le voy a ser honesto, no soy un ángel ni nada por el estilo, de hecho… vengo a proponerle un juego, y si me gana, bueno, podrá recuperar a su hijo. Sin embargo, si  yo gano, su alma me pertenecerá. Me es obligado señalar, que yo debo advertirle que está prohibido jugar conmigo, son reglas de lo que ustedes los humanos llaman «Dios». Pero, si acepta, usted se estará comprometiendo a jugar conmigo y asumir las consecuencias de cualquiera que fuese el resultado, es decir; una vez que diga «acepto», no habrá marcha atrás.

La mujer no podía creer lo que estaba viendo, ¿se había vuelto loca?

—¡Ah!, y para motivarla y así sepa usted de que soy un completo tramposo, he decidido traer el premio por adelantado —dijo la criatura. Apenas terminó sus palabras se empezó a escuchar el llanto de un bebé. La criatura sacó sus manos por la ventana y metió una canasta con el hijo de Kate envuelto en unas cobijas, los ojos de Kate se llenaron de lágrimas e ilusión, extendió sus brazos para recibir a su hijo, pero en eso…
—¡Un momento pequeña tramposa!,  aún no hemos jugado, para tener al niño de regreso usted debe aceptar este juego —dijo la criatura.
—¿Cuál juego? —preguntó la mujer.
—Bueno, el juego es demasiado sencillo, a mí me gusta llamarlo «daría mi vida para volver a ver a mi hijo», las reglas no se las podré explicar hasta que acepte. Pero, déjeme decirle que son demasiado sencillas,  algunas madres pierden, otras ganan, la decisión queda en usted.

La madre se veía confusa, no sabía si aquella decisión era la más adecuada, el miedo la consumía, pero no podía dejar de ver a su hijo en aquella canasta, llorando, no podía dejarlo allí…

—Acepto —dijo la mujer.
—¡Está bien! —gritó aquél ser. Se puso en cuatro patas y empezó a hacer sonidos  extraños, algo parecía moverse entre sus entrañas, abrió la boca y regurgitó un corazón y un marcador.
—Dentro de este corazón he escrito el nombre de quién yo creo es el nombre de la persona que más amas. Toma el marcador  y escribe el nombre de esa persona en tu brazo, una vez que lo hagas abriremos el corazón. Si yo adiviné, entonces yo gano, si no es así, bueno, puedes quedarte al  niño por toda la eternidad —dijo la criatura.

La criatura tomó el marcador y se lo extendió a la mujer.

—¡Ah!, y para que sepas que no hago trampa, me voltearé y cubriré mis ojos —dijo aquél ser.

Kate se quedó pensando, ¿qué nombre debía poner?, en el fondo de su corazón sabía que la persona a la que más amaba era a su hijo, pero, ¿realmente era el nombre correcto?, aquella criatura lo sabía, ¿podría engañarla?

Kate decidió escribir otro nombre, alguien que no fuera el nombre de su hijo, decidió poner el nombre de su marido.

—Listo —dijo Kate.
—¡Vale! —dijo la criatura—. Quitó las manos de sus ojos y volteó. Tomó el corazón de suelo y lo desgarró para ver el papel que estaba en su interior.
Abrió el papel y se lo mostró a Kate, era el nombre de su hijo.
—Muéstrame el nombre que escribiste en tu brazo —dijo la criatura.
Kate le mostró el brazo y la criatura pudo ver el nombre de su marido.
—Vaya, has perdido —dijo la criatura.
—Pero, no adivinaste el nombre —dijo Kate.
—Está bien. No te preocupes, soy más indulgente que aquello que tú llamas «Dios», yo no podría dejar que una madre pierda a su hijo, yo no podría dejar que vivas sin él. Tómalo —la criatura tomó la canasta y se la dio a Kate —, espero y él te traiga la felicidad que tanto anhelabas.

La criatura se levantó del suelo y salió por la ventana.

—Fue un gusto señorita —le dijo la criatura mientras se despedía para nunca volver a ser vista.

Kate besó la frente de su hijo, de sus ojos volvían a salir las lágrimas de felicidad por el reencuentro.

Se sentó en la cama y empezó a sentir como de nuevo la invadía el sueño, estaba muy cansada, y cuando menos se dio cuenta, había quedado dormida…

Unas horas más tarde, el marido de Kate bajó del auto y abrió la puerta de la casa.

—¡Amor, ya llegué!, compré una pizza —dijo mientras dejaba sus llaves en la mesa.

Se dirigió al cuarto, pasó a través del umbral de la puerta y no pudo creer lo que estaba viendo. Aquél grito también se escuchó por todo el vecindario.

En la cama yacía el cuerpo sin vida de Kate, al parecer se había cortado las venas de un brazo, la cama estaba llena de sangre, en su cara pálida aún aparecía dibujada aquella sonrisa.

.   .   .

Hay veces en las que bajo al infierno y veo todas esas almas que por alguna u otra razón han terminado aquí abajo. Hay cosas que he visto que no me gustaría contarte porque no me las creerías.  Pero, si tuviera que contarte del lugar que más melancolía emana, sin duda alguna sería la sala de maternidad.

Cuando entras puedes ver miles de madres hasta donde alcanza la vista, todas sonriendo, acostadas en la cama y amamantado lo que parecen grandes pedazos de carbón.

Hay quienes pensarían que es injusto, yo no escribí las reglas de lo que algunos llaman «Dios» ni tampoco las del infierno. Sólo sé que allí estarán por toda la eternidad las mujeres cuyo corazón fue cegado por el amor, y que, aquellos secretos y devoción que sólo una madre conoce, fueron los mismo que las impulsó a perder aquél juego desde el momento en que dijeron «acepto»…

FIN

Relato corto: ¡Cagón!

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Título: ¡Cagón!
Por: Efraín Puentes.

Quiero que sean lo más honestos posible conmigo, ¿alguna vez han ido al baño y se han dado cuenta ya hasta el final que no hay papel? Siempre he creído que eso es algo que te tiene que pasar para poder autodefinirte como adulto. Si no te quedas sin papel de baño entonces no has sentido el verdadero miedo.

Hay a quiénes les ha pasado en el trabajo, a quienes les ha pasado cuando están de compras, inclusive alguna vez escuché como un soldado en la segunda guerra tuvo que limpiarse el culo con el rostro de un soldado enemigo al que había asesinado.

Quedarse sin papel es un accidente que se debe a que tu cerebro sólo está controlando milimétricamente los movimientos de tu ano y no tiene tiempo para reparar en otras cosas. Alguna vez leí en una revista que tenemos millones de terminaciones nerviosas en el culo, tanto así que el cerebro interpreta el cagar como un placer divino. Esa es la razón por la cual algunos hombres se vuelven homosexuales, disfrutan tanto cagando que una vez que empiezan las travesuras en su culo ya no saben cuándo detenerse.

A pesar del increíble placer, todos coincidimos en algo en el arte de cagar: Quedarse sin papel es un verdadero terror.

A menos, claro, que te pase en tu casa, cuando pasa en tu casa puedes hacer lo que quieras. Puedes salir desnudo por un rollo de papel, puedes limpiarte el culo en el lavamanos o le puedes decir a tu mamá que te traiga un rollo, venga, que tienes toda la libertad posible.

Eso fue exactamente lo que me pasó a mí…

Un día me desperté como a medio día  y fui directo al baño. Estaba sentado en el retrete expulsando todo lo que mi organismo había decidido que no enriquecería mi alma. Como todo buen cagón estaba disfrutando todos los memes novedosos que Facebook ofrecía. Después de media hora de memes, le siguió otra media hora de vídeos de gatos haciendo cosas de gatos. Mi mamá tocó la puerta.

—Necesito que salgas —me dijo.
—¡Ya voy! —le contesté. Cerré Facebook y todo lo demás. Lo mejor era salir lo más rápido posible, Dios no quiera que mi mamá piense que me estaba jalando la verga, o peor aún; que me estaba metiendo algo en el culo.

Cuando miré el lugar donde ponemos el papel de baño el miedo se apoderó de mí. El lugar estaba vacío, me sentí la persona más desdichada del planeta, ¿cómo era posible?, ¿a cuántos judíos había asesinado en los campos de Auschwitz en mi vida pasada para merecer esto?, miré el techo del  baño con rencor, mi mirada de odio iba dirigida a Dios.

Luego comprendí que como todo adolescente dramático estaba exagerando las cosas, mi mamá podía rescatarme. Hice gala del primer grito de auxilio que uno debe aprender en su jodida vida, incluso antes que aprender a comunicar «S.O.S» en clave Morse:

—¡Mamáaaaaa, noo haay papeeeeeeeel! —le grité.

Estaba de pie, veía toda la obra de arte que había dejado en el retrete, puse la cámara de mi celular y le tomé una foto. Tengo una colección en Instagram, tengo más de 10 mil seguidores amantes de cualquier cosa escatológica. Aquello sin duda alguna me daría aplausos y reconocimientos a nivel mundial, incluso alguna nominación al premio Pulitzer.

Mi mamá tocó la puerta y abrí, tuvimos que aplicar la clásica maniobra en la que sólo mete la mano con el rollo de papel y yo lo tomo, Dios en el cielo sabe que está prohibido que alguien te vea cagar.

—Gracias —le dije.
—Necesito que salgas del baño —me contestó.

Me limpié el culo, el papel de baño era de esos que tienen grabados de flores y que tienen fragancia lavanda, nunca me ha agradado el papel de baño aromatizado, cualquiera pensaría que es lo normal, yo me preocupaba de que aquél olor se quedara impregnado, cualquiera podría llegar a pensar que me metí una botella de windex en el culo.

Estaba terminando de subir mi obra maestra a Instagram cuando en ese momento vi una notificación en el whatsapp:

Mamá: No voy a poder llegar a hacer comida, estoy con unas amigas.

En ese momento mi piel se puso como carne de gallina, algo golpeó la puerta con más fuerza:

—Necesito que salgas —dijo la voz.

Mi mamá y yo vivimos solos…

FIN