Morrita de 500 likes

Él la quería a ella, con locura, él mismo podría jurar que la amaba a pesar de nunca haber hablado con ella, tenía una obsesión, a veces incluso soñaba con ella. El problema es que ella era la obsesión de todos, era una morilla de fotos de más de 500 likes y muchos comentarios, todos la chuleaban y le decían que era hermosa en los comentarios de sus fotos. Todos le mandaban mensaje para decirle que querían conocerla «a fondo», todos intentaban engañarla haciéndose los profundos e intelectuales, uno que otro incluso le mandaba fotos de su verga o fotos de sus abdómenes marcados, como si fuera una competencia, una subasta por un poco de su atención. A ella le mandaban tantos mensajes que su celular temblaba más que el vibrador de una cuarentona soltera.

Ella era una morrita con más de 500 likes, él solo era un escritor. Él no sabía hacer otra cosa que escribir, en sus letras había poemas, cuentos y toda clase de textos. Era tanto su amor por ella que empezó a usarla de musa, a crear historias y poemas inspirados en ella, intentar hacer que las letras exhalaran su nombre.

A ella no le interesaba mucho lo que él escribiera, porque ella no usaba sus redes sociales para leer, las usaba para que la admiraran y para compartir vídeos de gatos. Él no tenía ninguna oportunidad con ella, él le ponía corazón a todas sus fotos, a todos sus comentarios, pensó que así era la única forma de hacerse notar, pero la verdad es que un corazón más entre otros 500 se disolvía con facilidad, y a la velocidad en que estos gestos se perdían, también crecía su desilusión.

Un día, cansado de tanto escribirle cosas que ella nunca leía, empezó a escribirle una última poesía, un escrito en el que decía lo mucho que le dolía, lo mucho que lo ignoraba y lo loco que estaba por ella. Pensando que esto le había servido de catarsis y que jamás volvería a saber de ella, tomó la decisión de bautizarlo con el nombre de ella. Eso hizo, lo publicó y para él fue la forma de despedir ese amor.

Ella, que nunca leía sus textos, se sintió atraída pues este tenía su nombre, así que decidió leerlos de pies a cabeza. Ella no sabía si era dedicado a ella o solo era una simple coincidencia, pero de allí en adelante se sintió la protagonista de los textos de él. Decidió leer tantos como pudo, y todos, de alguna forma, la hacían sentir especial, la hacían sentir que fueron escritos para ella. Con el tiempo y sin darse cuenta, cayó enamorada.

Cuando ella se animó a decirle al escritor lo mucho que le encantaba él y lo que escribía, él no lo podía creer, jamás creyó que todo eso que alguna vez le escribió en verdad haya sido leído, se sentía conmovido, fascinado, nuevamente atraído.

Pero a pesar de eso, él no se sentía con la seguridad de estar con ella, pues al final del día ella era una chica con más de 500 likes en sus fotos, todos la querían, todos la deseaban, incluso algunos le mandaban fotos de su verga.

Él, antes de tomar la decisión de arriesgar la vida en la ruleta rusa donde la única bala es el amor, le hizo una pregunta a ella: ¿Por qué yo y no todos los cientos que te escriben mensajes, te chulean e incluso algunos te mandan fotos de su verga?

A lo que ella contestó: Eres tú porque eres el único que ha escrito una poesía que lleva mi nombre.

Él entonces supo que ella siempre fue la indicada, y ellos vivieron felices, tal vez no para siempre, pero sí tanto como pudieron, tanto como letras él pudo escribir, tanto como ella pudo seguir leyéndolas…

En busca del primer beso. Capítulo 2

«La danza es la metáfora favorita del mundo»

El último vals
Primera parte

Después de haber contado el funesto final entere Isabel y yo en el capítulo pasado, lo mejor es que empiece contando dos secretos que pocos de ustedes saben: Yo sé bailar, y mucho (más de lo que te imaginas), estuve dos años yendo a clases de baile, todos los jueves, viernes y sábados, seis horas por día.

Cualquiera pensaría que soy gay, y lo acepto, espero que pienses lo peor de mí, yo lo hago mientras escribo esto. El baile para mí es hoy en día una de las cosas con menor importancia en la larga lista de cosas que puedo o sé hacer, las personas inteligentes no bailamos. Las cosas como son, el día que veas a una persona inteligente bailar notarás que lo hacemos sin gracia, con incomodidad… con el brillo en los ojos de un fuego alimentado por el odio profundo a esta rama del arte. Por eso mi instructor nos decía que debíamos bailar con el corazón, no con la cabeza, pero no nos adelantemos.

¿Y cómo es posible que alguien como yo asistiera por voluntad propia a clases de baile?, te estarás preguntando, bueno, ese es el otro secreto: Yo estuve en la banda de guerra en la secundaria, orgullosamente el mejor corneta de ordenes de Chihuahua, y no lo digo en broma, gané el premio estatal dos veces a mejor corneta de ordenes, pero esa es otra historia.

Muchas personas saben que en las ceremonias de quince años nunca falta la familia entusiasta que contrata a los cadetes para que bailen el hermoso vals con su hija, y bueno, ¿adivina quién fue el cadete de más de 200 niñas de quince años en todo Chihuahua?, yo, obviamente. De hecho íbamos todos los hombres, pero las únicas personas que bailaban con la quinceañera eran los dos rangos más altos: El comandante y el corneta de ordenes. El resto del motín (las amigas feas de la quinceañera) era repartido entre los demás cadetes. En una semana podíamos alcanzar la increíble cifra de seis ceremonias, si se te hace poco ponte en mi lugar, ¿cómo te ves en seis fiestas de quince años a la semana?, llegan a ser repulsivas, artificiosas.

Yo siempre fui muy dedicado en la banda de guerra, le puse mucho empeño. Nos llevaban a la presa, nos sumergían el cuerpo completo y nos hacían tocar la corneta debajo del agua hasta perder el aire, volviendo del entrenamiento llegaba a mi casa para practicar más tocando en un bote de agua hasta que se oscurecía o se me abrían los labios. El baile no fue cosa distinta, para mí era parte de mi entrenamiento para ser el mejor, la coordinación es importante cuando se marcha, más si marchas y tocas al mismo tiempo, cualquiera que sepa del rubro te dirá lo difícil que es tocar a todo pulmón un “paso acelerado” al mismo tiempo que se marcha manteniendo la cadencia correcta. Ergo, llegando a mi casa también bailaba solo, encerrado para que no me vieran. Dios no quiera que mi mamá me vea bailar, puta vergüenza, pensaría que su hijo degusta los prohibidos placeres de la verga.

Nuestro instructor nos trajo a un sociópata que daba clases de música y de baile en uno de esos centros de desarrollo integral de la familia. El hombre era listo, sabía mucho de música y nos enseñó mucho sobre solfeo, cadencia, compases, estilos e historia. Nos ponía cuerdas en los pies, juegos y de todo un poco. Incluso teníamos que bailar con los ojos vendados. Él nos quería enseñar a “sentir” y “bailar con el corazón”, ¿cómo era eso posible?, ¡maldito imbécil!, odiaba mucho que me gritara: “¡Párate derecho Efraín!”, “¡Mueve la cadera!”, “¡No te quites la venda!”, “¡Baila con el corazón, no pienses!”, “¡Siéntelo!”. Puta madre, siempre se me hicieron tan ridículos esos consejos. Puedo sentir el trago de odio sólo por recordar mi orgullo herido.

Aprendí mucho, pocas personas sabrían decirte la diferencia entre bailar un tres cuartos, un vienés de 60 compases o un musette a seis octavos, no es ir y moverte como te salga, es un baile elegante, perfecto, bonito, es algo que le reconozco a los que se dedican a eso. Puedo decir que aprender teoría fue lo poco que le saqué a aquella época de mi vida, pero sería mentir, porque de ella obtuve esta historia. Una historia que es lo único que importa y lo que hoy nos tiene reunidos en este lugar donde las palabras sólo son un intento desesperado por evitar que se sigan escapando mis memorias.

Pero, la duda es: ¿Con quién bailaban los hombres?

Por suerte en la banda los tambores siempre estuvieron en manos de mujeres, así que ellas asistían a las clases de baile para ser nuestras parejas, Dios no quiera que también tuviésemos que bailar entre nosotros los machotes. Pase directo al infierno por desafiar las leyes heterosexuales de la época.

Esto de que haya hombres y mujeres en la secundaria viéndose fuera de clases sólo significa una cosa: Sexo descontrolado, “fajes”, unos buenos becerros diabólicos, jugar a la botella, etcétera. La corrupción y la degeneración social disfrazada de adolescencia.

La banda de guerra es el tinder de los niños de secundaria, toda la escuela te va a llamar “teto”, pero la verdad es que no saben lo que dicen y lo mucho que se pierden, metan a sus hijos a la banda de guerra, van a ver como salen todos violados y llenos de experiencias. Si estuviste en una banda de guerra lo debes saber igual o mejor que yo.

Entre más palabras escribo, me doy dando cuenta que esto se pone oscuro y sexual. Quiero que lean con moderación y sepan que yo siempre he sido una víctima de personas que han intentado abusar de mí (y que lo han logrado), esa es mi única apología.

En mi banda estaba Susana, una chica de segundo año que tenía unas tetas súper desarrolladas, siempre creí que se inyectaba hormonas de ganado o algo así, no podía tener tantas tetas para tan poca edad. Sus años de vida no pueden juntar tanta masa, ese sostén estaba rompiendo el principio de conservación de la materia. Susana usaba lentes y era bien puta (obviamente, las tetas te pueden llevar al declive moral si abusas de su poder). Le decían “Gusana”, ¿qué puedo decir?, nunca han sido muy inteligentes las personas que me rodean, eso es lo que me hace brillar a mí. Ruego a Dios que nunca me deje de mandar pendejos, no me gustaría no poder sentirme especial.

En la banda también estaba Georgina, la verdadera protagonista de esta historia: ojos verdes, piel blanca, dientes perfectos, proporciones perfectas, puedo apostar que el cuerpo que tenía en aquél entonces es el que tiene ahora, no se puede estar más buena cuando ya eres perfecta. Esa era la mía, de todas las que había (muchas y muy guapas), esa es la que me hacía pensar en ella incluso cuando no estaba con ella, lo imposible. Hace tiempo que me gustaba, pero obvio no le iba a decir nada, yo era un pendejo. Siempre me miraba por minutos, directo a los ojos, me sonreía, se reía, era un juego nuestro, reírnos mientras nos mirábamos a los ojos y nos poníamos rojos, luego nos escondíamos. Sí, nos gustábamos. ¿Pero?, bueno, había un pequeño detalle que mencionaré más adelante. Volviendo al tema:

Las prácticas de baile de los sábados eran de 9 am a 3 pm, es obvio que la escuela se quedaba abandonada, se supone que tenía velador, pero al parecer sólo trabajaba de lunes a viernes.

Ese día al final de la práctica nos quedamos yo, Susana, Georgina y Samara (o “Samarah”, no recuerdo como se escribía). Teníamos que recoger las extensiones, grabadora, cornetas, tambores y demás cosas (yo era el que tenía la llave del cuarto de instrumentos).

Cuando terminamos nos quedamos a platicar a oscuras en aquél cuarto, y bueno, creo que ya sabemos lo mal que termina que tres mujeres pervertidas y un puto virgen bueno para nada se queden solos en un cuarto en una escuela abandonada: La depravación total.

Las hormonas que transpiraban aquellos cuerpos en desarrollo estaban en el aire. Cuando menos nos dimos cuenta ya estábamos jugando a verdad o reto. Entre risas Susana nos estaba contando la historia de cuando su mamá la había atrapado dándole una mamada a su ex, yo estaba fascinado. Obvio la conversación me estaba poniendo algo caliente (hasta la perfección peca de lujuria). Siguió diciendo que a ella sí le gustaba el sabor del semen, Samara decía que a ella no, empezaban a descubrir sus sucios secretos, ¿y yo?, un desierto, un lego, yo no tenía historias sexuales qué contar, al parecer yo era el único virgen, bueno, creo que Georgina también lo era, sólo contó de cómo había masturbado a un ex.

Entonces vino el momento que mi sobrehumana inteligencia ya empezaba a deducir, la humillación:

– Efraín, ¿Verdad o reto? – preguntó Samara.

– Verdad – contesté.

– ¿Eres virgen?

– Sí – dije con inseguridad, como típico chico inmaduro que le da miedo decir que no ha cogido nunca. En esta sociedad que por alguna extraña razón lo ha convertido en un crimen, en esta sociedad que ha satanizado el no vivir deprisa, ¿y sabes?, en unos años les voy a dar la razón, hoy no.

Todas se empezaron a reír, pero no por mi estado de pureza, sino porque no me creían. Yo era el más alto de la banda, el que tenía voz más sexy (recuerden que me cambió en secundaria), y claro, también era el que le duplicaba el IQ a todos (juntos), ¿cómo es que tremendo hombre no haya remojado la brocha nunca en su vida?, ellas no lo podían creer, y para ser honesto, yo tampoco.

Tal vez es lo que más me acomplejaba, siempre he sido un puto narcisista megalómano, ¿por qué no me había cogido a ninguna de ellas?, sólo Dios sabe, por suerte ese juego nos iba a llevar a los extremos:

Entre verdad y verdad, nos cansamos de las verdades. Nadie estaba escogiendo reto, y todos sabemos que cuando eso pasa llega un momento en que el juego se vuelve “reto o reto”, además, esas chicas ya habían contado todas sus barbaridades, llevábamos metidos como dos horas en el cuarto. Había escuchado desde desodorantes metidos en la vagina hasta los mitos que ellas se creían sobre el riesgo de quedar embarazadas si se las metían por el culo.

Creo que todos estábamos transpirando hormonas, podría jurar que todos ese día teníamos ganas de quitarnos la ropa y empezar a coger, aunque nadie lo dijera, es algo que se sabe, algo que la edad te enseña. Me alegro de no haberlo sabido en aquél entonces, hoy no estarías leyendo esto, hoy sería padre de tres hijos… claro, concebidos por el ano de tres mujeres de secundaria.

Empezaron los retos, nos besamos en casi todas combinaciones posibles, incluso aquellas que están fuera de la permutabilidad del sistema. Besos dobles, besos de lengua entre las chicas, era una pelea en la que las lenguas eran las que estaban en disputa. Pero yo no estaba feliz del todo, todavía no me ponían que me besara con Georgina, ese era mi único objetivo.

Hay algo que cualquier hombre que se digne de ser hombre sabe muy bien y que no puede negar: Los besos, cuando son así de “cachondos” es imposible evitar que te la pongan como brazo de albañil, nadie puede evitar una erección. Mucho menos cuando eres nuevo en el juego, es la forma que tenemos para evidenciar esa naturaleza que llevamos dentro: Ser una basura de seres humanos.

Yo había estado besando con timidez porque no sabía nada del mundo de las mujeres, tenía algo de miedo. Pero en el último beso que me dí con Susana me metió la lengua y todo lo que pudo meterme, es obvio que me calentó y tuve una erección involuntaria.

Samara se dio cuenta:

– ¡Jajajajaja, a Efraín se le paró el chile!

Quiero que te pongas en mi situación, mi edad y mi experiencia, obvio mi color cambió a rojo vivo, no soportaba la vergüenza, no sólo estaba besando con vergüenza, también ya se habían dado cuenta que era un hombre. Habían descubierto mi papel de infiltrado.

Samara, que era la mayor y la que más nos estaba empujando al abismo, prosiguió:

– Georgina, te reto a que le jales el chile a Efraín, 10 segundos.

– ¡No!, no mames – dije, con muchos nervios, casi paranoico.

– Ahhh, ¿vas a andar de culo?

Somos mexicanos, eso de “vas a andar de culo” es ponerte entre la espada y la pared. Lo que dices o haces una vez declarada la sentencia habla mucho de tu persona, es donde se empiezan a forjar las personalidades. Los que me conocen saben que la mía terminó algo desviada, bueno, allí tienen algo de las raíces que hoy sostienen este monumento a la mala hierba que floreció en los yermos suelos de Chihuahua.

Acepté las condiciones sólo porque Georgina se veía animada, y allí estaba yo. Bajándome la bragueta del pantalón para sacarme la verga de entre mi trusa, porque obvio, en secundaria usas trusa, no boxers, lo cual hace la escena más vergonzosa. No es algo que en aquél entonces se sintiera bien, de hecho por dentro me sentía triste, excitado, pero triste.

Había leído tanto y había visto tanta película de romance con mi mamá. Pensé que eso tenía que ser especial, tan equivocado estaba (algo raro en mí).

Me la saqué y Georgina se arrimó a mí, mucho, se agachó un poco, me miró con sus lindos ojos verdes y empezó a masturbar mi pequeña verga de niño de secundaria, bueno, ni tan pequeña, era normal para un niño de secundaria. ¿Qué esperaban?, ¿una verga de 30 cm?, esto no es XVIDEOS, lo siento si crees que por el hecho de que mido 1.90 metros tengo un pene gigante, pero no, nada más alejado (muy alejado) de la realidad.

Samara y Susana empezaron a contar. Mi misión era no venirme en 10 segundos, fácil. Si has jugado a esto de besarse o hacer algo por “x segundos”, sabes bien que la cuenta es:

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 10.

Samara y Susana dejaron de contar, pero Georgina seguía dándole y cada vez más rápido, parecía que me lo quería arrancar, todavía puedo sentir su mano apretándome en exceso, tal vez por eso mismo no llegó a medir los 30 cm, pobre mi niño, lo dañaron cuando era joven. Tuve que decirle amablemente que se quitara porque ya me empezaba a sentir muy incómodo, y era la verdad, acepto que estaba muy excitado, como nunca en mi vida, pero estaba… incómodo, no me sentía bien. Había visto de muchas formas a Geo, pero nunca me había visualizado así con ella. Vengo de un nicho familiar conformado por tres mujeres, obvio yo era mitad niña, había idealizado algo romántico y en su lugar recibí lo peor de la condición humana.

Después del reto que le pusieron a Geo, seguía yo. Me estaba terminando de guardar la verga cuando Samara me dijo que me retaba a besar a Geo de lengua, 10 segundos. Era obvia la intención, había algo de química, tal vez los sucesos del día habían sido catalizadores para la reacción, pero independientemente de eso ya estaba la cinética en su mayor orden, ya no había vuelta atrás.

Nos empezamos a besar, y apenas sus labios tocaron los míos pude sentir eso que pocas veces se siente, las voces en el fondo se desvanecieron y puedo jurar que lo único que escuchaba era el sonido de nuestros labios y nuestras lenguas, y claro, el cómo mi corazón me recordaba que estaba vivo.

Llegaron al diez pero nosotros seguimos, no nos detuvimos, estuvimos como dos minutos besándonos y al final sólo escuchamos las voces de Susana y Samara despedirse y el cómo nos querían dejar solos, iban de regreso a su casa. Geo y yo nos despegamos, nos miramos y nos reímos, les dijimos adiós y decidimos quedarnos más tiempo en ese cuarto.

Nos acostamos en el suelo y me abrazó. Ya no decíamos nada, sólo nos mirábamos a los ojos y sonreíamos, con malicia, como los que saben que están haciendo cosas que son malas pero que se sienten tan bien.

Su mano alcanzó la mía y entrelazó mis dedos, pude ver que el nudo en la mano era lo que hacen los “novios”, no lo eramos, pero el gesto sirvió para atar con mucha más fuerza mi corazón a su persona. Y eso, bueno… supongo que fue un error.

¡Ah!, ¿no lo mencioné?, ella tenía novio, allí el pequeño detalle que mencioné un poco atrás. Yo lo conocía, y hasta se podría decir que era mi “amigo”. ¿Qué puedo decir? todo regalo que se me otorga en esta vida viene envuelto en todo lo que detesto…

Ella me miraba a los ojos con sus hermosos ojos verdes, ella era todo lo que quería, sin embargo, no podía estar con ella, era de alguien más, y eso es algo que yo sabía “estaba mal”, sin poder definir el bien o el mal, una voz me lo decía. Qué rara es el alma humana, ¿no crees?, cuando me estaba masturbando no sentía nada malo, pero cuando empecé a creer que en verdad le interesaba para algo “sentimental y serio” es cuando salió la alarma.

Esa voz, esa “alarma”, es lo que ustedes llaman “conciencia”, y quiero que la vean bien, que escuchen su voz de tiempos remotos y de las hojas que otrora fueron escritas. En capítulos futuros van a ser testigos de cómo hice para asesinarla y alcanzar el nirvana en el que hoy estoy enjaulado, pero ese es otro tema…

Mientras nos seguíamos mirando a los ojos ella me volvió a besar. Ahora me empezó a saber amargo todo, eso que tanto había querido se había convertido en oro en polvo, del que se escapa fácil de las manos. Detesté tanto que esa voz en mi cabeza me estuviera arruinando el momento.

Si lo piensas bien pudimos haber cogido ese día, sólo es cosa de que yo me animara o buscara la forma, total, ya la tenía en mis manos, pero no, la puta conciencia tuvo que venir a tocar las puertas de nuestro altar y dar su oposición, justo cuando el padre de la iglesia dice: “¿Hay alguien que se oponga a que esta pareja de menores de edad se coman sus genitales el uno al otro?”. Los caminos del señor son misteriosos, todavía no estaba destinado a quitarme lo puto virgen.

No pude devolverle la sonrisa:

– ¿Qué tienes? – me preguntó.

– Nada, estoy pensando.

– ¿Qué piensas?

– Tú sabes lo que estoy pensando.

Su mirada también cambió, se apagó la luz en sus ojos como se apaga el fuego cuando llueve la realidad sobre los que sueñan mucho. El amor, cuando eres joven, es estúpido. Pero es precisamente lo que lo vuelve mágico, no es racional, es impulsivo y entregas todo, tienes menos miedos, cometes más errores, algunos pequeños, otros monumentales. Pero tu ventaja es eso, que te llevas el recuerdo de cuando eras tremendamente estúpido y no sabías que podías cometer errores… No hay cosa que ame más en este mundo que el recuerdo de cuando ignoraba lo que hoy sé.

Ella no dijo nada, no quiso responder, no quisimos hablar lo obvio, ergo, tuve que salvar la situación con mi forma aleatoria de comportamiento, ¿qué más podía hacer que no fuera lo último que alguien esperaría de mí?

– Oye, ¿quieres bailar? – le dije.

– ¡Sí! – me dijo emocionada mientras ya empezaba a moverse hacia los lados y tararear.

Conectamos la grabadora y pusimos el CD (sí, ya existían los CD’s). Ese disco era gracioso, tenía varias canciones de Chopin, Tchaikovsky, vals mexicano, tenía bastante variedad, pero a mí la que más me gustaba era la pista #12: Tiempo de Vals. Sí, esa que estás pensando… Chayanne, año 1990. Te invito a que la pongas en este momento para que recuerdes junto conmigo.

¿Qué puedo decir?, siempre he sido una persona básica, esa canción me conmueve mucho, o bueno, en sus tiempos me conmovía mucho, antes que se muriera esa persona que ya no existe más.

Tomé a Geo por la cintura y en la otra mano entrelazamos los dedos, se nos había olvidado de golpe que hace unos minutos la realidad había convertido nuestros ojos en ceniza. Empezó a sonar, contamos:

1, 2, 3…

Tiempo de vals, es el tiempo hacia atrás.
Donde hacer lo de siempre es volver a empezar.
Cuando el mundo se para y te observa girar.
Es tiempo para amar.

Tiempo de vals, tiempo para sentir.
Y decir sin hablar, y escuchar sin oír.

Un silencio que rompe en el aire un violín.
Es tiempo de vivir.

Bailábamos, y lo hacíamos bien. Era… Diferente. Nos veíamos a los ojos y sonreíamos. Como solo los niños saben sonreír, como sólo la inocencia puede hacerlo, cuando los ojos todavía reflejan el alma, como sólo los jóvenes saben mostrarle al mundo que el amor puede cambiar las cosas.

Cerré los ojos, la escuché sin oír, pude sentir su corazón latiendo pegado al mío, eso decía más que cualquier palabra que hoy yo pudiese llegar a escribir, ¡nos quedó perfecto! Y no en los pasos, estoy seguro que me equivoqué, total soy un puto tronco sin gracia. Nos salió perfecto porque habíamos hecho lo que el instructor quería: Habíamos bailado con el corazón. Y eso… era lo único que importaba.

Si pudiera viajar al pasado iría a ese momento, no para volver a sentir, no para recordar. Me gustaría ver cómo se ve cuando una persona baila con el corazón, o bueno, me gustaría ver cómo se ve Efraín bailando con el corazón.

Terminamos.

– Quiero bailar contigo cuando cumpla 15 años, le voy a decir a mi mamá que los contrate a ustedes para mi fiesta – me dijo.

– ¿Cuánto falta?

– Ya es en enero.

– Bueno, eso ya es tercer año. Todavía faltan algunos meses.

Como ustedes saben del capítulo anterior, a mí me corrieron en enero del tercer y último año de secundaria, me gustaría decir: “Creo que sabes cómo acaba esto”. Pero antes de decirlo, dejemos esta historia en este punto del tiempo, quiero que mientras la escribo me quede el recuerdo de que las cosas pudieron haber terminado, por alguna vez en mi vida… Con un final feliz. Quiero que este recuerdo me dure hasta el día en que las palabras vuelvan y desgarren este lienzo para mostrarme las cosas tal y como fueron, quiero quedarme con lo poco que puedo rescatar de su sabor antes que yo mismo venga a amargarme la vida.

Bailemos:


Tiempo de vals, es el tiempo hacia atrás.
Donde hacer lo de siempre es volver a empezar.

La vocación – Día del profesor

Para finalizar este vergonzoso día del maestro donde siento pena ajena por muchos que se hacen llamar maestros, me gustaría agregar un pequeño corolario sobre la vocación:

Yo puedo ir por la vida diciendo que tengo vocación a tener una verga de 20 cm, pero por más que sueñe, diga y haga cosas, la verdad es que no la tengo. Muchos malos profesores hacen apología a su mediocridad creyéndose la mentira de que son buenos porque aman lo que hacen.

Y sí, lo aman. Tú puedes amar a Dios, puedes amar a Santa Claus o al ratón de los dientes, pero el hecho de que ames algo con todo ese fervor que tanto te caracteriza no significa que exista. Que ames tu profesión no es sinónimo de que vayas a ser bueno en ella (aplica para todos los campos).

Para ser bueno en algo se requiere dedicarle miles de horas de trabajo y estudio, no solo amarlo. Los profesores que tienen un trabajo solo porque saben bastante en la materia, son exactamente el mismo tipo que son una mierda enseñando.

Hay realidades que cuestan mucho pasarlas por la garganta. Una de esas realidades es que nos vamos a morir, la otra es que por más que te esfuerces en algo sencillamente no vas a ser bueno en ello. Eso es algo que le causa mucho dolor a las personas porque han vivido bajo el modelo educativo de “el trabajo duro vence al talento”, y no, eso es una mentira, un genio, un talento, siempre (y apúntale bien) siempre va a tener una ventaja emperrada por encima de todas las cosas y de todas las personas.

Lo siento si naciste todo pendejo con un IQ de 100-120, así es la vida. Lo siento si naciste midiendo menos de 1.90 m, así es es la vida. Lo siento si crees en mamadas de que lo mucho que amas abrazar a tu perro es un tipo de inteligencia, siento que te hayan mentido tantos años… La vida es culera, aprende a vivir con ello (me lo dijo un profesor citando a Bill Gates). Lo importante es qué tan feliz puedes ser con lo poco que tienes sin joder a los demás.

Así como necesitas tener conocimiento y ser talentoso en tu área, para transmitirlo has de tener algo más que la vocación, y eso es talento en la enseñanza. No importa cuántos años te chingues en una maestría o un doctorado para “aprender a enseñar”, no importa si tienes un paper donde con estadística demostraste que tus métodos subían la calificación de un alumno.

No nací ayer, he convivido con alumnos de todos los niveles toda mi vida. Cualquier profesor puede hacer un sistema para que sus alumnos “reflejen” mejores calificaciones (y sin ser unos putos barcos). Pero cuando realmente eres bueno enseñando, el conocimiento trasciende, incluso por encima de un papel, se queda grabado por debajo de la piel. Eso solo se logra siendo un buen profesor…

El profesor que es bueno enseñando sólo necesita dos cosas:

1.- Pasión. Cuando un profesor brilla se le ve en la cara. Grita, exclama, pregunta, brinca, se mueve, se emociona, te hace pensar, te deja ser libre, vive por y para enseñar, vive por y para el área del conocimiento que está enseñando. Eso se nota, y eso es algo que no se aprende en ninguna escuela.

2.- El buen profesor te hace salir con un nudo en la garganta de su clase, te hace llorar en en su salón de clases. Cuando alguien ama tanto algo se nota, cuando el profesor tiene pasión se nota, cuando el profesor es bueno sencillamente se nota, se siente… Los buenos profesores te hacen amar cosas que no sabías que amabas, los buenos profesores te hacen salir de su clase a investigar más.

Los buenos profesores te dejan con dudas, te dejan con hambre, con querer saber más.

Malos profesores hay por montones, y ese es el problema de este sistema de educación infecto. En una vida donde todos luchan por no morirse de hambre, tenemos profesores que nada deben estar haciendo frente a los alumnos.

Creo yo que no hay mayor crimen contra la humanidad que la mala enseñanza. Creo que todos sabemos que la mala educación es el origen de todos los problemas sociales.

Educa a los niños y no tendrás que castigar a los hombres, dijo el buen Pitágoras. Hasta el día en que aceptemos en que tener un papel que diga que eres profesor NO ES SUFICIENTE, hasta ese día en verdad cambiarán las cosas, mientras tanto todo seguirá igual.

Y seguirá igual porque nos cuesta mucho tragar esa realidad de que el trabajo duro debe ser recompensado, de darle valor a un papel que dice que eres capaz y de no sé qué tanta puta mamada que la gente ha inventado para “ser alguien” en la vida.

Ojalá y viva para ver un cambio y para ver como mueren todas esas personas que sólo han sembrado más mediocridad y han generado más odio en quienes aprenden.

Porque eso también es un crimen, cuando alguien te hace odiar una materia o hace que se sienta “pesado” aprender… Ese día es cuando te mandaron a la mierda sin que te dieras cuenta.

Amén.