Ciudadano Kane, ¿Por qué es una de las mejores películas de la historia?: Análisis y significado (sin spoilers).

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Si nunca has estudiado cine o leído algún libro de cine, puede que esto no te suene del todo: Es bien conocido que todo lo que pongas en la pantalla debe tener un significado y/o utilidad. Cada cosa, desde el vestuario, los objetos, el color de la fotografía o incluso el tipo de plano que se elige. No es lo mismo la perspectiva de la víctima asesinada en un plano contrapicado que ver el asesinato desde un plano cenital. Cada plano otorga un valor distinto a la escena en general, al final del día es una narrativa audiovisual, debe ser complementada por todo lo que se tenga a la mano.

Esto es algo que todo estudiante o cineasta profesional sabe. En la literatura es muy distinto, nadie te cuenta esas reglas, al menos no de forma de «consejos», ya que, escribir es un acto solitario, eres tú contra la biblioteca y luego contra la gélida hoja en blanco.

En la literatura lo más parecido a una regla es cuando lees al famoso Antón Chéjov. Él tiene un postulado al cual llamamos «Arma de Chéjov», es decir: Cada elemento puesto en tu narración debe  ser útil e irremplazable. Un famoso libro de H. Mittelmark y S. Newman (el cual recomiendo) titulado «How Not to Write a Novel» lo llama «el chicle en la repisa». Si tú describes un chicle en una repisa, estás obligado a utilizar ese chicle en la siguiente escena, o bien, al menos antes de finalizar tu narración.

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Un clásico de la comedia y la narrativa.

El arma de Chéjov tiene el mismo significado, si tú pones un arma en una escena, tarde o temprano tendrás que dispararla, de no ser así… No la pongas, no hagas perder tiempo al lector, o en su defecto; no hagas perder el tiempo al cinéfilo experimentado. Ya que, la experiencia te hace ver ese tipo de cosas, y a buena memoria del consumidor, no te van a bajar de pendejo, o en el peor de los casos; de pretencioso.

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Antón Chéjov.

Así inicia la película de Orson Welles, Citizen Kane (Ciudadano Kane) del año 1941, considerada desde hace décadas una de las mejores películas de la historia, incluso por muchos, simplemente considerada como «la mejor». Pero, ¿qué tanto hay de verdad detrás de estas sentencias?, vamos a ello:

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Orson Welles.

La película cuenta la historia de un magnate dueño de un periódico llamado «The Inquire», Charles Foster Kane (interpretado por el mismo Orson Welles). Kane se encuentra en su lecho de muerte, sosteniendo una bola de nieve (una de esas bolas de cristal que las agitas y parece que está nevando).

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Bola de nieve.

Sus últimas palabras son «Rosebud», nadie las entiende. Eso es nada más y nada menos que el arma de Chéjov puesta en escena. De eso se tratará la película, periodistas, amigos y demás personajes tendrán que repasar la vida de Foster Kane y averiguar qué carajos significa Rosebud y la razón por la cual fue tan importante en uno de los hombres más acaudalados y poderosos de la historia.

Cabe destacar que la película de O. Welles es un acto de rebeldía, realmente estaba basada en un personaje real de la prensa de su época, William Randolph Herast, poderoso magnate dueño del mayor monopolio de los medios de comunicación.

Esto es algo importante de destacar, la película pretende ser la crítica mordaz a los medios de comunicación de la época, pero no sólo eso, sino que también pretende ser un tratado filosófico del «monopolio de la verdad» y de «la voluntad de poder». No sé qué tan claro queda esto, pero no preocupéis, que para eso esto yo y mi teclado en llamas:

La realidad es todo aquello que se interpreta de los hechos, esto nos lleva a creer que hay múltiples realidades basándonos en las distintas interpretaciones. Lo importante es obvio: Entre más poder y/o recursos poseas, tu realidad puede imponer y transformar la realidad de los demás, más no los hechos (a excepción de lo que hablábamos ayer con el tema de la posverdad).

Para un magnate de la comunicación como Foster Kane, eso fue un modus vivendi, acaparar por completo el monopolio de los medios de comunicación le permitió crear su propia verdad, crear y destruir noticias con solo usar el poder de los teclados en las máquinas de escribir.

Durante casi toda su vida, él vivió en esta posición de poder, demostrando incluso a personas millonarias, que el único poder que servía de algo era el de la prensa, un manifiesto más de su voluntad de poder.

Esto de «la voluntad de poder» es un concepto clave de ciertos filósofos, desde F. Nietzsche hasta A. Schopenhauer, no ahondaré en ello, pero lo vamos a resumir como el «ser fundamentado en la voluntad de poder», dicho en román paladino; no eres lo que crees ser, sino lo que deseas ser, esa es tu definición y lo que mueve a todo, incluso a la misma naturaleza.

Bajo esta voluntad de poder Foster Kane viaja desde lo más humilde hasta los extremos más megalómanos del ser, un personaje que se ahoga en sus propios medios.

¿El problema?, bueno, Foster Kane se va a ir de puro hocico ante otro de los dilemas filosóficos sobre la realidad y lo fáctico: El hecho de que haya una voluntad de poder tan grande como para imponer tu propia realidad sobre los demás (en este caso a través de los medios de comunicación), no significa que puedas cambiar los hechos, la verdad.

Hay cosas en esta vida tan sencillas que no pueden ser cambiadas por más voluntad de poder que se tenga, a F. Kane se lo demuestran en algo tan sencillo: El canto.

Ya había mencionado en otro artículo la importancia de conocer la ópera, el ballet y todas las artes para poder cogerte a las chicas que se dedican a eso, creo que lo hablamos cuando expliqué la importancia de los 32 fouttés en el lago de los cisnes. Como sea, ahora es momento de retocar las obras de Gustave Flaubert.

Gustave Flaubert escribió obras que actualmente son consideradas clásicas de la literatura, creo yo que todos hemos leído su famosa «Madame Bovary», pero, una no tan conocida es la de «Salambó».

Salambó es una novela historia de acción que nos cuenta los sucesos ocurridos después de la primera guerra púnica. No importan mucho los detalles, lo que importa es que dicha obra fue trasladada a una ópera homónima.

La segunda novia de Foster Kane tiene como pasatiempo el canto. F. Kane en sus delirios de grandeza necesita que su novia esté tan elevada en la escena musical como él en la prensa. Para ello utiliza sus medios para dos cosas: Por una parte enseñarle a cantar a su novia, por otra crear la imagen pública de que es buena cantante.

El problema de Salambó (en el performance de la película de O. Welles) es que finaliza con un aria de la protagonista. Entiéndase por aria a la pieza musical de opera que no es otra cosa que un «solo de canto». Pero no sólo es eso, Salambó finaliza su aria con una nota tan aguda que escapa de la tesitura de la novia de F. Kane.

No importa cuánto se esfuerce en escribir sobre lo agraciada que es su novia o su imagen, el público es experto, cuando vea que finalice la ópera y que la chica no pudo alcanzar la nota, incluso sus mejores amigos y periodistas se abalanzarán sobre ella.

Esto no es nada viejo, en otro artículo ya  habíamos hablado sobre otra película (que se estrenaría años más tarde) y el cómo la prensa y los medios dictaminan quién es la mera chucha cuerera en esto de la opera y el teatro (hablo de mi reseña y análisis de «All About Eve», 1950).

Como dato curioso: El coguionista de C. Kane fue Herman J. Mankiewicz, hermano mayor de Joseph L. Mankiewicz, director que llevó acabo «All About Eve», primera película que se llevaría el récord de las 14 nominaciones en la entrega de los Oscar.  Pero como sea, volviendo al tema:

Kane se va a dar cuenta que no puede cambiar la opinión de la prensa con algo tan verdadero como el poco talento de su novia, incluso sus amigos se van a enfrentar al famoso «código dentológico del periodista», cambiarán la amistad por mantenerse adeptos a su código moral.

Todo este drama de megalomanía y moral es lo que ocultó el arma de Chéjov. Entre más avanzamos en la historia más vamos olvidando que nuestro objetivo es buscar el significado de la palabra Rosebud. Es obvio que cuando tienes experiencia con este tipo de tratos del creador al consumidor, no pasas por alto lo que se te puso en escena.

Y mis amados lectores, ¡es allí donde te das cuenta que Orson Welles es un puto genio!

Al final te vas a enterar qué era Rosebud, y te percatarás que no entiendes el significado, si lo rebuscas pues vale, no llegarás a mucho más de lo que todos han llegado, tal vez alguna alegoría a la niñez o a lo bonito de la vida, sácate todas las pajas mentales que quieras, no importa.

La genialidad nace cuando O. Welles pone el arma sobre la escena, la dispara y quedas tan aturdido que no te das cuenta que estás presenciado el verdadero significado moral y filosófico de la película: La voluntad del poder, el amarillismo, el sensacionalismo, el código dentológico del periodista, etc.

La misma creación de Ciudadano Kane es una burla a eso, Orson Welles hace con su película la verdad que él quiso y te la dio de comer en la boca, tú te confundiste y te fuiste por el lado equivocado, dejando la crítica mordaz a los medios contemporáneos como algo que pasa a un «segundo plano».

Por eso es considerada una de las más grandes obras de la historia, sólo existe una palabra para describir a Orson Welles: Genio.

Y tras todo este derroche de palabras, mi pregunta es: ¿Qué estás esperando para verla?

Sin más que agregar, finalizo este humilde artículo, esperando que hayas aprendido algo nuevo e invitándote a que compartas este artículo con tus amigos legos del cine, música y literatura, así como también invitándote a que leas los otros artículos que también están bien divertidos.

Chao, chao

#PeaceOut.

Trailer de la película:

Los asesinos prodigios: Leopold & Loeb

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Hay muchas ideas de filósofos que si llegan a caer en las manos equivocadas pueden llevar a una mente a pensar cosas un poco… extrañas. Claro, esto de «extrañas» con la acepción generalizada que tiene la sociedad sobre la moral.

Y es aquí donde empieza lo divertido, ya que, uno de los filósofos que más escribió crítica a la moral y a la sociedad, fue nada más y nada menos que el filósofo germano; Friedrich Nietzsche. Entre su canasta básica (lectura obligada) se encuentran tres obras: Así habló Zaratustra, Ecce homo y El Anticristo. Libros que cabe destacar pueden comprar en su librería favorita o descargar gratuitamente aquí.

Una de las ideas más popularizadas de Nietzsche, es la del superhombre (Übermensch), que es la que predomina más en el libro de Así habló Zaratustra. No pretendo que esto sea una reseña a la obra de Nietzsche, pero, a grosso modo: El superhombre escapa de la moral de la sociedad, al poseer esa naturaleza de ser superior, tanto racional como emocional; tiene el privilegio de deslindarse de todas las ideas y/o valores que acepta la sociedad, creando consigo su propio sistema moral y de ideas. Es una postura reacia a no ser uno más del rebaño, no seguir las normas, en fin, regirse bajo su propio código.

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Übermensch

La idea nace como una crítica a todo lo que se desarrolló en el milagro griego, la filosofía socrática y parte de la moral desarrollada en la corriente escolástica. Nietzsche sentó las bases de esta rebeldía a toda la racionalización del «¿cómo debe ser un hombre?» que tanto trabajo le costó a Sócrates y sus posteriores sentar.

Cuando eres un adolescente lleno de rebeldía, y claro, te acompaña un poderoso IQ (intelligence quotient) de 201, este tipo de ideas pueden ser muy peligrosas. Exactamente fue eso lo que le pasó a Nathan Freudenthal Leopold, paro claro, vamos a partir desde el inicio:

Nathan Leopold nació en la ciudad de Chicago en 1904, empezó a hablar a la edad de tres meses. Durante su niñez y su adolescencia su cociente intelectual siempre estuvo en la estimación superior a 200. Tal vez suene poco, pero para que te des una idea, Einstein tenía uno de 160 ¿Qué tanto es tener un IQ de 201?, bueno, en la escala de Stanford-Binet significa que eres el más inteligente entre ocho mil millones de personas. Eso es lo curioso, en 1904 no existían tantas personas en el planeta (creo que actualmente tampoco), es decir: Leopold era un niño prodigio como raras veces se había presenciado.

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Nathan Leopold.

Cabe destacar que actualmente este valor diferiría mucho, pero en fin, para su época no era cualquier cosa, y más que nada lo habla la vida de Leopold: No solo empezó a hablar a una edad temprana, sino que también llegó a conocer poco más de quince idiomas diferentes, hablando con extrema fluidez al menos cinco de ellos (políglota), se graduó con honores en todas las escuelas que pisó, y aún sin ser mayor de edad, era un reconocido ornitólogo (experto en aves) a nivel internacional.

Leopold era hijo de una familia de alta alcurnia, su posición económica aunada a su extrema inteligencia lo hizo ser víctima del bullying, ya que, como muchas personas conscientes de su propia inteligencia, la utilizó de una manera ostentosa, un rasgo muy conocido en el cuadro de ítems de la conducta psicopática. Esto último le haría sufrir todavía más bullying y rechazo social (nadie quiere a los arrogantes, en especial otros arrogantes).

Durante su juventud, Loepold conoció al otro protagonista de esta historia: Richard Loeb. Un joven de Chicago que nació en 1905 (un año mayor que Leopold), este joven también era de familia acaudalada, y claro, por si fuera poco también era inteligente, su estimación de IQ era de 169.

Aunque se considera que Loeb era «menos inteligente» que Leopold, tenía mayores logros académicos, uno de ellos el haber terminado la universidad a la edad de 17 años. A pesar de eso la personalidad de Loeb ya era muy conocida, aunque tenía una gran inteligencia sus profesores lo definieron como «desmotivado», «negligente», «holgazán», «criticón», y lo más curioso de todo: «Obsesionado con el crimen».

El mayor pasatiempo de Loeb era leer historias de asesinatos, los crímenes del periódico, novelas policiacas y fantaseaba con la metodología para realizar el «crimen perfecto».

Aquí hay algo muy curioso, Loeb no tenía los signos de padecer algún trastorno antisocial de la personalidad, sólo era una persona obsesionada con todo lo relacionado a la criminología, por otra parte, Leopold sí presentaba muchos ítems del  cuadro psicopático (en cualquiera de las escalas que hay).

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Richard Loeb.

Cuando Leopold conoce a Loeb, encuentra en él mucho del encanto y cualidades sociales que él no poseía, también parte del encanto que sintió por Loeb era debido a su enorme inteligencia,  ya que Leopold buscaba a alguien tan inteligente como él, Loeb era esa persona.

Leopold metió las ideas del superhombre a Loeb,  diciéndole que ambos, al poseer una inteligencia superior, poseían el privilegio de no ser juzgados por las leyes que regían al resto de los inferiores humanos, ellos podían cometer cualquier acción, además, con su inteligencia podían lograr lo que les saliera de los huevos.

Esto es el mayor ejemplo de la personalidad psicopática y su mecanismo de resonancia. El psicópata puede entender (más no sentir) los deseos y sentimientos ajenos, y claro, hace discurso sobre  ellos, los evoca y seduce al receptor. Cuando se hace con fines de identificación, la psicopatía se domina «psicopatía complementaria», esto es una relación simbiótica donde un psicópata manipula a alguien del cuadro neurótico o depresivo, aquí la resonancia toca la fibra más sensible de Loeb: El crimen perfecto y el superhombre.

Tanto Leopold como Loeb inician una vida de crímenes pequeños, entre ellos el vandalismo y el robo de algunos objetos, ¿el problema?, la falta de reconocimiento. El narcisismo y la egolatría asociadas a todos estos cuadros patológicos de la personalidad necesitan su debido ítem histriónico, es decir; necesitan llamar la atención y regocijarse de acaparar los medios, crímenes menores no les iban a otorgar esos sentimientos, ni siquiera la adrenalina asociada a los crímenes era algo que los complaciera del todo, ergo, planearon el  «crimen perfecto».

La víctima fue un niño de 14 años, Bobby Franks, también hijo de una familia millonaria. La idea era muy sencilla:

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Bobby Franks, 14 años.

Al ser hijo de una familia bien posicionada, su desaparición causaría más atención de los medios, sobre todo por los recursos que la misma familia podría invertir en medios de comunicación para recuperar al niño.

La idea era matar al niño y luego mandar una nota a los padres para hacerlo pasar un secuestro, esto cambiaría la atención de los investigadores por el camino equivocado.

Y bueno, eso fue lo que hicieron…

Rentaron un vehículo con nombres e identificaciones falsas y estuvieron asechando el campus de la preparatoria de Harvard esperando a su víctima, Loeb persuadió a Bobby Franks para que subiera al coche,  una vez allí (se desconocen los detalles de quién fue el asesino) usaron un cincel para repetidos golpes en la cabeza y hacerlo perder el conocimiento, luego se terminó de asesinar a Bobby Franks con un trapo hasta asfixiarlo.

Trasladaron el cuerpo hasta unas cloacas en construcción, ahí desnudaron el cuerpo y bañaron en ácido clorhídrico tanto los genitales como la cara, esto para evitar que las autoridades reconocieran fácilmente a la víctima. Las ropas fueron quemadas de regreso a Chicago, el vehículo fue limpiado y entregado a la empresa.

Al día siguiente Leopold y Loeb mandaron una nota de rescate a la familia de Bobby Franks donde se daba un procedimiento para recuperar a su hijo, dicha nota fue mecanografiada con una máquina de escribir que ellos mismos robaron cuando iniciaron sus crímenes menores  (aquí ya empieza a fallar la planeación).

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Nota de secuestro.

El problema fue que ese mismo día una persona encontró el cuerpo de Bobby Franks y avisó a las autoridades, el cuerpo fue identificado rápidamente debido a que encajaba a las descripciones de los padres, ante la presión de ser descubiertos, tanto Leopold y Loeb cancelaron su plan de secuestro e intentaron destruir la máquina de escribir.

Otro error fue el de Leopold, tenía la necesidad de seguir alimentando su narcisismo y su histrionismo, así que el mismo asisitió como voluntario a dar declaraciones a los detectives, diciendo que si el cometiera un crimen mataría a un «arrogante como Bobby Franks». Este tipo de declaraciones no pasaron por alto cuando se encontró la pista definitiva:

Cuando se analiza la escena del crimen los detectives encontraron unos anteojos, para su mala suerte, un modelo muy caro y único, tanto que solo había cuatro modelos en todo Chicago, ¿uno de los propietarios?, nada más y nada menos que Leopold.

Por si fuera poco los investigadores también terminaron dando con la máquina de escribir.

A los pocos días, tanto Leopold como Loeb quedan como culpables definitivos, la prensa explota y hace que el caso de Bobby Franks y los asesinos prodigios sean dueños del «crimen del siglo», eso sí, capturados, pero los detalles morbosos y la crueldad fue suficiente para que en el juicio se le intentara dar la condena de pena de muerte a ambos.

La familia de Leopold pagó un millón de dólares al abogado más prestigioso de la época: Clarence Darrow. Esto no fue para que Leopold o Loeb salieran libres, sino para que se evitara la ejecución de ambos.

El juicio duró doce horas con Clarence Darrow hablando de manera magistral, se considera que su discurso fue el más emotivo e importante como oposición a la pena de muerte. Dicho discurso abarca todos los temas políticos, morales y filosóficos de la época, aparece completo en su biografía o en distintos sitios de internet, pueden buscarlo, incluso aparece en Wikipedia, sin duda alguna una de las mejores defensas de su carrera (según otros profesionales).

Lo más interesante es que durante el discurso se deja en claro que uno de los mayores problemas es que la filosofía de Nietzsche fue lo suficientemente poderosa como para trastornar la mente de Leopold y que este a su vez indujera las mismas ideas del superhombre en Loeb. Es un discurso que no te puedes perder.

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Clarence Darrow

El juez falló a favor de Clarence Darrow y sus clientes, solo les otorgó una humilde cadena perpetua con novena y nueve años adicionales por el crimen de secuestro, cabe destacar que ellos entran a la edad de 19 y 20 años, respectivamente.

Loeb fue asesinado en prisión por otro reo, sin embargo, Leopold poseía mejores defensas por sus mecanismos de resonancia, así que su vida en prisión fue más fácil ya que podía manipular a otras personas para sobrevivir, algo hasta cierto punto… obvio.

Leopold siguió en prisión donde aprendió otros doce idiomas (tremendo el hijo de puta), trabajó como profesor en la escuela interna de la prisión y escribió su autobiografía, así como también habló con el escritor Meyer Levin, hombre que escribía una novela titulada «Compulsion» (traducida al español como «Impulso Criminal») que se basaba en dicho crimen.

Esta novela tuvo una adaptación al cine con título homónimo, cabe destacar que Orson Welles participó como actor en ella interpretando a un personaje llamado «Jonathan Wilk» que es una alegoría al abogado Clarence Darrow.

Uno de los mejores papeles de Orson Welles, genio al que también le atribuimos la obra maestra de «Citizen Kane (Ciudadano Kane)», pero esa ya es harina de otro costal que dejaré para otro artículo  😉

Después de durar 30 años en prisión, Leopold sale de prisión bajo libertad condicional. El hombre se mudó a Puerto Rico, se casó con una mujer viuda, estudió medicina y ejerció, allí siguió ejerciendo como médico y estudiando aves. Así fue su vida hasta que muere en 1971 a la edad de 70 años debido a diabetes.

Y bueno, esa fue la vida del prodigio, su cuerpo fue donado a la universidad de Puerto Rico para investigación médica.

Espero y hayan aprendido algo nuevo, yo no, porque yo soy una reverenda verga, si te gustó puedes compartirlo con tu familia y amigos inferiores con IQ’s menores a 140.

Besos and #PeaceOut.