Vestirse rosa – 3 de octubre

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Antes que nada he de admitir que este artículo lo escribo escuchando la canción de Joaquín Sabina titulada: «La canción más hermosa del mundo». Esto lo hago con la finalidad de que en el furor de la querella en la que hoy nos encontramos ustedes y yo, esta prodigiosa pluma no vaya a transgredir en algo tan trágico como abusar de la jerga prosaica que a veces caracteriza este hermoso santuario llamado «3deep5me», esta hermosa congregación de la gente que todavía cree que usar el pensamiento crítico es un arma de destrucción masiva lo suficientemente poderosa como para cambiar todos los males que encapotan el hermoso mundo en el que vivo. Ese hermoso mundo que más de una vez me ha demostrado que solo hay tres formas de vida inteligente en este planeta: Mi profesor Talamás, los delfines y yo.

Mi amado lector, perdón si conforme avanza la lectura va asomándose mi ego o mi arrogancia, estoy respirando profundamente para no perder los estribos de este fiero Rocinante que busca galopar raudo en las praderas a las que hemos evitado ir por mucho tiempo, ese hermoso lugar llamado: «¿Por qué no van todos a chingar su puta madre?, bola de esnobs borregos hijos de puta».

Resulta que un pendejo recuerda que en la película de «Mean Girls» se visten de rosa, y claro, también relaciona mal la fecha 3 de octubre, crea un meme sobre el porqué todos debemos vestir de rosa para conmemorar a una película, que admítanoslo, es mala. ¿Qué tenemos como resultado?, un montón de ovejas vistiendo de rosa sólo porque lo vieron en un puto meme viral de Facebook.

Mi profesor Talamás dijo en una clase de transferencia de masa: «Deben ejercitar la memoria, no hay mayor signo de inteligencia que una buena memoria», por eso no nos dejaba usar formulario. Yo discrepo en cierta parte de su argumento, pero sí estoy de acuerdo con la frase: «Todo aquél que no recuerde su historia está condenado a repetirla».  Y eso, quieras o no, tiene que ver con la memoria.

¿No recuerdan lo que pasó el 27 de junio del 2015?, porque yo lo recuerdo como si hubiese sido ayer, ese día comí enchiladas, Dr. Pepper y me pegué con el barandal de la casa, (¿una de las tantas ventajas de escribir?, entrenar la memoria, claro está), pero toma mi mano, deja te ayudo a recordar un poco:

Facebook lanza la aplicación para poder pintar de arcoíris tu imagen de perfil, esto con la finalidad de supuestamente «apoyar» a la comunidad LGBT. Todo se hace viral y comienzan los debates de lo que critican la moda, los que la adoptan y la «raza superior» que crítica toda la situación como tal. Aquí en el blog adoptamos la postura de la raza superior y despilfarramos mierda a borbotones pero al hecho de ir como borregos a colorear la imagen por el acto hipócrita de no apoyar a dicha comunidad el resto del año, pero, oye… ¿Cómo te vas a resistir a pintar tu imagen de perfil con un arcoíris?, ¿y gratis?, ¡puto ofertón!

El inexorable transcurrir del tiempo termina por poner a cada uno en su lugar, ¿Quién tuvo la razón?, yo, como siempre suelo tenerla. Los días subsiguientes Facebook lanza la noticia de que fue para ver cómo se comportaban los usuarios, ver la facilidad de manipular a las personas a través de la plataforma. ¿Qué cara puso la gente?, pues la misma, la misma cara de pendejos que cargan todos los días.

«No puede ser, Facebook me ha dicho que soy un puto borrego manipulable», claro que sí, ¿qué carajos esperabas?, ¿una medalla a la solidaridad y los movimientos altruistas fútiles de las redes sociales?, ¡claro que no!, sólo fuiste una parte más de la experimentación de la psicología de masas.

¿Por qué crees que la bolsa de trabajo de DeepMind busca a psicólogos, antropólogos, comunicólogos y cualquier docto en el área de las humanidades?, lo sé, no sabes ni qué carajos es DeepMind, ve y busca, ¿listo?, ¿seguimos?, pues exacto: Para saber cómo piensas, como actúas y cómo tratarte mejor a través de las inteligencias artificiales.

Porque aunque todos sabemos que eres un pendejo, las computadoras todavía tienen esperanza en ti, claro está, esto último hasta que DeepMind les demuestre matemáticamente (con álgebra booleana, supongo) que eres un pendejo y que realmente no vales la pena como recurso humano.

¿Qué aprendimos de la lección aquél día?, pues al parecer nada. ¿No habíamos dicho que la inteligencia se podía denotar debido a una buena memoria?, ¿sientes ese olor?, ¿qué es?, cierto, huele a pendejo, huele a un pendejo que fue manipulado por una plataforma internacional y que ahora está siendo víctima de un puto meme de mierda, ¿de qué sirve el conocimiento empírico?, ¿de qué sirve que te llamen pendejo una vez si apenas tres años después estás cayendo en las mismas mierdas?, esto ni siquiera es un argumento casuístico, ya estamos aludiendo completamente a tu puto déficit de pensamiento crítico.

Nadie te está diciendo que no te pongas ropa color rosa, lo que te están criticando es que vayas como puto borrego a ponerte ropa sólo porque una imagen de Facebook lo dice.

Además (ya se acabó la canción, ya valiste verga), ¿Pero qué carajos?, ¿no viste la puta película?, si vas a dedicar una hora y media de tu vida a ver una película mala, mínimo sácale un poco de provecho. ¿Cuál es la lección de Mean Girls?

La protagonista pierde a sus amigos verdaderos por adoptar actitudes superficiales y pendejas, intenta encajar en la sociedad siguiendo modas y patrones de comportamiento superfluos, intenta ser alguien que no es. En su camino a llegar hacia ningún lugar lo pierde todo y daña a personas que la querían por lo que realmente era.

Las «plásticas» tienen modas y decisiones pendejas, todo superficial, nada esencial.

Ahora, tú toda pendeja vas y te pones puta ropa rosa porque una puta imagen de Facebook te lo dice. Con ello aludes a que estás de acuerdo con el comportamiento de las principales antagonistas de la película, ¿y dónde quedó la lección de la película?, ¿dónde quedó el hecho de no seguir modas pendejas para intentar pertenecer a algo?

Créeme cuando te digo, entre más te esmeras por formar parte de algo más perteneces al grupo de los que no son nadie.

Perdón, ya se me derramó la tinta, ya se acabó la canción, ya se acabó la paz interior. Es que no encuentro palabras más ofensivas que llamarte pendeja/o, porque eso es lo que eres. Lo más bajo de esta sociedad, lo más fácil de aplastar y manipular, no hay palabras, has alcanzado lo que en mi argot llamamos: Persona innominable.

¡Ay no!, es que siento que me voy a desmayar, ¡qué te jodan!, pendejo tú, pendeja tu familia que mantuvo a un puto retrasado y pendejo yo que no te he sacado de mi vida antes de que me pegues lo pendejo por ósmosis o una mierda así, ¡ay no!, ya se me fue toda la educación del tintero, mira la mancha que dejaste en mi escritorio donde sólo queremos escribir obras divinas y tributos al nuestro amado señor Dios que nos regala tanto.

Esto no puede ser un error, no otra vez mi hermoso bolígrafo siendo un lapsus calami por antonomasia, no de nuevo, no por ti, hija/o de puta.

En fin, ¿qué puedo hacer?, al final 3deep5me es mi terapeuta, ¿y sabes qué me ha susurrado al oído?, en efecto, que eres un pendejo, no puedo estar equivocado.

P.S.

Ni argumenten lo del cáncer, que a mí no me van a ver la cara de pendejo. Si quiere ver una allí debe haber muchos espejitos en tu puta casa de autistas en etapa terminal.

#PeaceOut.

El día que perdí mi virginidad bucal.

 

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Me pusieron un puto paladar, y escribo esto con lágrimas en los ojos y muchas lágrimas en mi teclado. En mi mesa hay ¾ de hamburguesa doble con queso y mucha verdura, papas fritas y ya. Sólo me pude tomar el vaso de agua, todo lo demás está allí, esperando a alguien que en verdad lo pueda disfrutar.

Cuando estaba en secundaria practiqué mucho mi dicción, hablaba con un lápiz en la boca, practicaba oratoria e hice por mi propia cuenta un entrenamiento 10 veces más pesado que el que le ponen al duque de York en «The King’s Speech». Perfeccioné mi habla y cultivé por mi propia cuenta  un léxico medianamente pasable. ¿Pensaban que había nacido siendo una verga?, pues sí, pero provocarle una erección a la verga que soy fue  algo que yo tuve que hacer.

¿Ahora que tengo?, nada, me escucho hablar y sueno como un pendejo, muy parecido a ustedes cuando andan ebrios. Mi fonética anda por los suelos, y con ella mi autoestima.

Yo era 90% lo que salía de mi boca, ahora no tengo nada, ¡Nada!

Sigo escribiendo, ahora las teclas están más húmedas y mis dedos resbalan sobre el teclado, mis ojos no pueden ver nada debido a la turbidez que me provocan las lágrimas. No puedo ver lo que escribo, pero no importa, también sé escribir sin ver el teclado, otra de las tantas habilidades que me inculqué.

Mi dentista dijo que duraría mínimo tres meses con el aparato, lo que me hace pensar que son tres meses en los que no podré hablar, ¡tres!, acumulo mucha saliva pero tampoco puedo escupir, el movimiento de mi boca está mermado en todas las direcciones habidas y por haber.

Tengo hambre, nunca tengo hambre pero hoy curiosamente tengo hambre y no puedo comer. La hamburguesa llora, una vaca murió en alguna parte del planeta para convertirse en esa hamburguesa y no podrá ser consumida, su vida fue entregada para nutrir a la persona que cambiará al mundo, ese fue su objetivo como vaca… Ahora no podrá ni cumplir eso, una muerte en vano, me siento tan culpable, lloro más.

Mi dentista ha sido la mujer que más cosas me ha metido en la boca, eso me hace pensar lo nimia que ha sido mi sexualidad oral, eso me hace llorar más, pude haber vivido, pude haber dicho: «Métame lo que quiera, mis ex’s me han metido más cosas», pero no es cierto, sería una mentira, soy virgen, bueno, lo era. Ahora me han metido tantos aparatos que el inventario de una ferretería se queda corto si se comparase.

Lloro más, no sé exactamente qué cosas venden en una ferretería.

Mañana tengo una exposición de dos horas, donde para poder brillar y salir exitoso tendré que hacer gala de esa habilidad de parecer que sé de lo que hablo, ¿pero ahora?, ahora no, no puedo.

Estoy llorando, quiero suicidarme (otra vez), esto es mucho dolor, mucha incomodidad, mucho de todo. Sólo lo hago para que ella me ame, y ni así me hará caso.

Vengan todos a llorar conmigo, háganlo ahora que todavía me sobran lágrimas.

No, no lloren por mí, yo ya estaba muerto…

#RIP

Mi orgullo y mis prejuicios.

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—¿Y qué libros te gusta leer a ti? —preguntó Efraín con el miedo a tener la respuesta que siempre ha temido toda su vida.
—Me gustan muchos, pero mi favorito es Orgullo y Prejuicio. —Respondió la maldita perra estúpida.
Esa es la respuesta que tanto odiaba en las mujeres. Era como si las hubiesen programado a todas para amar ese libro. Las mujeres estúpidas pensaban que la imagen del amor era lo que reflejaba Jane Austen en una puta novela ambientada en el siglo XVIII, ¿cómo podían vivir con tanta basura en su cabeza?, ¿Cómo podía haber tata perra básica con los mismos putos gustos? Siempre lo mismo: «Es que Darcy la amaba por lo que realmente era ella, es tan encantador». Pobre perra estúpida. Pero no importa, porque Efraín era sabio, benevolente y siempre daba segundas oportunidades, así lo habían educado a él. Era Jesucristo hecho persona.
—Ahh, ammm, nice. ¿Qué otro te gusta?, algo más literario, más deep web, no sé, ¿qué tal la filosofía?, ¿te gusta algún filósofo en especial? —preguntó Efraín con el doble de miedo, incluso notó como le temblaban las manos.
—No mucho, ¿has leído el Mundo de Sofía?, ¡está bien padre! —dijo la dama pendeja.
Ya no había salida, no sólo era básica,  sino también una de las más pendejas en todo el reino de FCQ. ¿También quería aprender filosofía con un puto libro de niños?, ¿en verdad esa mujer sabía el significado de filosofía?, Efraín no quiso averiguarlo. Así que hizo su ataque favorito, el famoso «quiero que esta estúpida me deje de hablar al mismo tiempo que sus amigas o seres parecidos nunca osen hacerlo». Efraín era un maldito genio, alguien muy adelantado a su época.
—¡Ohh, que padre!  Yo estoy viendo un vídeo porno donde tres tipos se vienen en la boca de una niña con retraso mental. Está bien padre. ¿Te gusta coger con retrasados mentales? —Preguntó Efraín, a pesar de ya saber la respuesta.
—¿Qué?, ¿es en serio? —preguntó la perra básica.
Claro que no era en serio, pero Efraín sabía que esa pregunta la ofendería. Efraín siempre ha sabido cómo hacer enojar a las personas. De cualquier tipo, desde las más tranquilas hasta las más volubles, desde las más ignorantes hasta personas con múltiples doctorados. No importa quién esté contra él, años de estudio en psicología lo respaldan, es un maestro del trolleo avanzado, sólo Dios sabe de lo que ese hombre es capaz.
—Sí, bueno, la  verdad me gusta cualquier vídeo donde humillen a las mujeres. No sé porque me excita tanto que las traten como perras. Creo que golpear a una mujer en la cama es uno de los mayores placeres que Dios le ha dado al hombre, por algo la biblia dice que la mujer debe ser una perra. ¿No crees? —dijo sonriendo mientras la luz de la pantalla del celular iluminaba sus ojos. Esa pantalla le devolvía el brillo que hace años había perdido a través de las decepciones.
—Ahhh, no sé qué decir… –dijo la perra básica.

Efraín ya no recibió ninguna respuesta ni tampoco hizo otra pregunta. Había sido excelso el dominio de la situación. Esa mujer se iría a hablar pestes por todos lados, rumiando y creyendo que era una mejor persona que Efraín. Efraín lo sabía, siempre había gozado de hacer enojar a las perras básicas, incuso Efraín pensaba que ese tipo de actos aumentaba sus poderes sexuales.

Cualquiera hubiese hecho lo que sea por engañar a la perra básica y cogérsela (no hay mujer más fácil de llevar a la cama que una a la que le guste Orgullo y Prejuicio), Efraín no, Efraín era mejor. Efraín no estaba en busca de una mujer perfecta ni mucho menos, sólo de una que no estuviera englobada en el mismo arquetipo de pendeja como las demás. Y aunque todo parecía apuntar a que jamás la encontraría, eso no le quitaba el sueño por las noches. Efraín abrió de nuevo su libro de variable compleja. «Sólo tú me entiendes Cauchy, tú eres mi Darcy, sólo tú me quieres por lo que realmente soy». Se puso a leer, pasaron nueve horas, así siguió hasta que no pudo más y cayó dormido… Aquél día fue muy productivo.