Artistas mexicanos y las portadas de los libros

En lo personal la habilidad de saber dibujar/ilustrar/pintar/etc es algo que yo admiro mucho por la sencilla razón de que es una habilidad que no tengo y que me gustaría tener para sacar las mierdas que llevo dentro, les aseguro que si vieran las cosas que imagino se asustarían y al mismo tiempo me amarían, pero pues no es mi rubro, así que tengo que expresarme a través de las palabras, lo cual es, pues no uno de mis talentos, pero sí la forma en la que mayor expresividad alcanzo.

A mí sí se me hace mala onda que la SEP/Gobierno/etc busque el trabajo de profesionales y sólo les otorguen un diploma. Wey, es un arte, y cuando el arte está bien hecho alcanza una expresividad que te puede cambiar la vida, además, los libros de primaria son cosas que no se olvidan, nosotros recordamos esos libros por sus ilustraciones, por sus canciones y porque sencillamente es algo que nos acompañó día y noche, a veces para cosas buenas, otra veces fueron una patada en los huevos (en primaria odiaba el de matemáticas).

Podías odiar la escuela, pero yo en lo personal me emocionaba los días anteriores a entrar a clases forrando mis cuadernos con mi mamá porque pues estaba loca, ponerles talco (lol) para que no se pegara el hule e ir a la primera semana de clases para recibir mi bulto de libros nuevos. Quieras o no, eso es un privilegio que lamentablemente muchos mexicanos no poseen.

Como sea, esos libros pueden cambiarte la vida, pueden sacarte de la ignorancia (incluso si no son los mejores) y hay una magia entre la relación que tiene un libro con un niño.

Es una responsabilidad titánica el hacer bien esas cosas, y te voy a poner un ejemplo sencillo:

Yo empecé a escribir como pasa tiempo gracias al libro de geografía de cuarto grado, la ilustración frontal es el Citlaltépetl de María Velasco. Recuerdo con mucho amor ese libro porque dentro de él había una actividad llamada «crónicas de viaje» o «diario de viaje». El chiste era redactar a tu puño y letra una crónica de lo que ellos te dijeran, podía ser cosas como «narra la vez que fuiste a la luna» o cosas como «imagina que viajas a un planeta que nadie conocía, describe los animales, las plantas, etc».

Como era un niño sumergido hasta cierta parte en la pobreza, tuve que crecer con pura imaginación. Como sea, eso me dejó la costumbre de escribir y sin duda alguna en más de una ocasión recuerdo esas tardes en cuarto de primaria encerrado en mi cuarto escribiendo hojas y hojas a lado de mi libro. Incluso cuando terminé todas las actividades seguí haciéndolo hasta hoy en día, tal vez ya no cuento las historias de cuando pisé Marte o cuando tuve que robarme el núcleo del sol para no volver a pagarle a la CFE, pero sin duda alguna sigo narrando mi vida, mi día a día.

Un libro es parte importante de la formación de todo estudiante, y aunque dicen que a los libros no se les juzga por la portada, si tú haces bien el trabajo, puedes hacer que un niño termine siendo un astronauta, un pintor, o en mi caso… alguien que ama escribir, y eso, es algo invaluable, porque la escritura me ha regalado muchas cosas (también me ha condenado a otras), pero lo cierto es que ha vuelto mi vida mucho más emocionante que aquella que hubiese tenido si no me hubiese atrevido a poner la pluma en el papel.

Pinche gobierno puto, dales un vergo de dinero a los artistas, no mames.

Es todo lo que tengo que decir sobre este tema.

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