Chumel Torres: los albores de la censura en el nuevo México.

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No soy fan ni seguidor del trabajo de Chumel Torres, no digo que sea malo, no digo que el hombre carezca de valores a la hora de «informar» a la gente y tampoco digo que sus noticias posean un sesgo mediático ─como cualquier medio de noticias─. No lo veo porque yo no consumo información en formato de vídeo, lo he visto pocas veces y eso ha sido debido a que me obligó un amigo que en ocasiones viene a mi casa (literal, me obligó).

Dado que he visto poco de él, yo no puedo opinar sobre su trabajo, pero como escritor de varios blogs ─y a veces con aires de comunicador─, sí puedo decir que las personas deben aprender a separar a la persona de su obra, no puedes sacar conclusiones sobre la personalidad de una persona en función de su trabajo artístico, no te las des de psicólogo, porque para ser honesto, yo no me jactaría de decir que «puedo saber qué tipo de persona eres» en función de tu obra, es, una aseveración apresurada…

Aquí el problema no es político, el problema es que las personas se han convertido en niños pequeños que no aceptan realidades si las mismas no vienen edulcoradas con esa azúcar que hemos bautizado como «políticamente correcto». No pienso iniciar un debate trasngeneracional sobre si el mundo va a mejor o a peor si se usan ciertos adjetivos peyorativos a la hora de dar noticias o si ciertos comentarios pecan de «clasistas» ─aunque los mismos a veces sean sacados de contexto por parte de la audiencia─.

Parte de expresarte, ya sea a través de un noticiero, un blog, una canción, una película o una pintura, es asumir el riesgo de que aunque lo tuyo no es masturbar a los onanistas que sólo buscan placer a través del arte, el mismo puede perjudicar y/o atacar con fuerza a la idiosincrasia que poseen estos últimos.

A mí me da mucho miedo saber que en cualquier momento el arte vivirá censurado sólo porque expresa o ataca a determinados sectores sociales, ¿podemos quejarnos de si está bien o mal?, claro, pero de quejarnos a tener que tapar las bocas de aquellos que nos dicen algo o nos critican, bueno, creo que nos pasamos, me tengo que remitir nuevamente a citar a mi padre, Orwell: «Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír».

Se pueden cometer errores, y si hay errores por parte del artista, también los ha habido por parte de la sociedad al no aceptar que aunque el motor sea «cambiar a la sociedad» a través de seudo activismo en las redes, la sociedad misma peca de eso que ella misma apunta. Nadie es perfecto, nadie tiene una moral completamente bien desarrollada como pararse en una red social y señalar con el dedo lo que está mal. Dejen de engañarse a sí mismos diciéndole al mundo que son buenos, porque no importa cuánto lo grites, la naturaleza del ser humano es otra, hay una vileza subrepticia corriendo por las venas de cada uno, incluyéndome.

Si saben que Chumel se dedica al humor, es obvio que tarde o temprano iba a atacar a determinadas personas en su humor, ¿es clasista?, tal vez, aquí lo importante es darse cuenta que es humor, te guste o no, y claro, que sacar ese humor de su contexto para ofenderte más, no es una decisión muy inteligente por parte de la supuesta audiencia, ¿no te gusta?, no lo consumas, pero de allí a tener que censurar a una persona, cuidado.

Cuidado, mucho cuidado. Siempre lo he dicho: hay personas que tienen huevos a la hora de decir lo que piensan, que no se andan con ambages de ningún tipo y, aunque la comedia sea el medio y puedan llegar a usar un estilo que jode a más de uno, lo cierto es que no quita el hecho de tener valor y pararse a decir lo que se necesita decir. Estas personas (aunque a veces nos jodan) son necesarias en la sociedad, porque cuando las cosas se pongan feas vamos a necesitar de ellas, cuando las cosas realmente sean oscuras se necesitarán escritores, cantantes, pintores y demás artistas que sean capaces de atacar lo que se necesite a través de su obra. Si nosotros seguimos censurando a estas personas, sólo cumplimos el sueño húmedo de todo gobierno, ese sueño en el que nadie tiene el valor para pararse y decir las cosas, una sociedad censurada per se.

Lo peor de todo este caso ─y lo que más me molesta─, es que hayan tomado a Chumel para hablar de política y que estén dejado de lado los riesgos que conlleva censurar el arte y a sus creadores, los integrantes de la sociedad ya pecan de nunca haber sido mecenas, y eso no les fue suficiente, sino que ahora quieren acabar con ella, ignorando el daño que causan a la misma y centrándose en el presidente de turno para hacer un debate que no lleva a nada.

Tampoco es que mi texto tenga argumentos apologéticos al señor de la 4T ─me entra por una y me sale por la otra─, pero lo cierto es que para dar una opinión y adjudicar culpa a papá presidente, se necesitan pruebas, se necesita inteligencia y se necesita pensamiento crítico.

No hay nada más pendejo que un grupo de personas hablando de política cuando los mismos pecan de formación en todas las áreas sociales y cuando este mismo grupo de personas no tiene el pensamiento crítico cómo para discernir qué es un argumento, qué está justificado, qué necesita pruebas y qué no.

Sus debates para mí no son otra cosa que meros cotilleos, los «small talk» de personas si nada mejor qué hacer.

Para hablar de política primero se debe aceptar que se ignora de política, trabajar en ello, juntar evidencia, preparar un argumento y exponerlo, no sólo es ir por allí atacando a Fulano o criticando la reforma de este otro, así no funciona el mundo, las conjeturas nunca han sabido fungir el papel de sólida evidencia, de ser así cualquier pendejo haría ciencia desde la comodidad de su sillón.

Siempre que quieran abrir el hocico para atacar a un político y/o hablar de política, recuerden las grandes palabras ─de nuevo─ de mi maestro en uno de los ensayos más importantes de la historia: «Cuanto más consciente es uno de su sesgo político, mayores posibilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar su estética ni su integridad intelectual».

Me sorprende, que un pueblo tan jodido e ignorante que no lee ni un libro al año ─pero sí que consume horas de Chunel─, de la noche a la mañana se haya convertido en un experto sobre el arte, la censura y lo que ocurre tras bambalinas en las escena política y los medios de comunicación.

Ojalá que el Dios o las pendejadas en las que crean los ayude un poco a redimir ese sino torcido y, recuerden: «[…] sin sacrificar su estética ni su integridad intelectual».

En fin, el día que las cosas se pongan feas… ustedes van a estar solos, ¿y lo peor?, no van a tener la capacidad de salir de ese lugar en el que se metieron, pues todas las personas que sabían mover a esta sociedad, buenas o malas, fueron ofuscadas por la medianía que siempre es mayoría, es decir: por los tumultos de pendejos que rara vez están conscientes de ser unos pendejos.

System.out.print(“Peace Out”);

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