La lingüística y otras formas bonitas de hacerle el amor a tu cerebro.

Anoche una morrita muy carismática y en estado de ebriedad me mandó un mensaje para cantarme un tiro, yo mejor me puse a ver sus simpáticos lunares en sus fotos y buscando alguna constelación conocida (algo que hago con los lunares de las morritas carismáticas), como sea, soy experto tratando la indomable ira de las personas mala copa, así que el duelo a muerte no pasó a mayores y terminamos hablando de su carrera profesional: la lingüística.

Tarde o temprano cuando hablas con una persona de lingüística no puedes evitar caer en la interesante hipótesis de Sapir-Whorf. Esta hipótesis (para los que no la conozcan) trata sobre cómo el lenguaje que maneja el individuo define la forma en la cuál piensa y la forma en la cual ve el mundo; es decir, el lenguaje es tan poderoso que realmente puede limitar o engrandecer nuestra percepción de la realidad. No sé ustedes, pero a mí esto de que el lenguaje nos moldea me pone bien cachondo.

Yo soy un defensor de nuestro lenguaje, amo el español con el poco amor que ya queda en este corazón marchito, amo mucho las palabras, la sintaxis, la semántica, amo todo lo referido a cómo podemos lograr ciertas cosas a través de nuestras palabras, aquel que piense que «los hechos valen más» es porque nunca ha logrado nada a través de las palabras. Con puras palabras puedes ganarte el corazón de una mujer, puedes inspirar, puedes aterrorizar, puedes destruir la estabilidad emocional de toda una escuela o una ciudad, el lenguaje es algo hermoso que hemos dejado en segundo plano y al que algunos atrevidos han pasado a ignorar por completo.

En la plática no pude evitar mencionar a mi padre, mi mesías, mi faro de Alejandría: George Orwell, quienes me leen ya sabrán que tengo un crush con este escritor, pero como sea, volviendo al tema: Resulta que Orwell ya hace tiempo había escrito en un ensayo sobre la falta que tienen los lenguajes para expresar las cosas, él pone un ejemplo en el que puedes contar de qué trata tu sueño, pero jamás podrás encontrar las palabras para describir la atmósfera, algo que por ejemplo deja mucho mejor el cine con sus efectos especiales y demás arsenal. Orwell proponía que todos los expertos en lingüística del inglés se reunieran y crearan una lista de palabras mayor para poder expresar todo aquello que no podemos a través de las palabras y que estas se quedaran en nuestro lenguaje a través del tiempo, independiente de si esto fuese una evolución artificial y no algo natural ─como se esperaría la concepción clásica de la evolución de un lenguaje─.

A lo que quiero llegar es a lo siguiente: ¿por qué si los expertos opinan que nuestro lenguaje es lacónico y que debemos crear nuevas palabras pues incluso hay teorías que dicen que las mismas amoldan nuestra percepción del mundo, la sociedad se empeña tanto en darle la espalda al lenguaje?

A mí no me molesta que fulano no conozca el vocabulario, es obvio que voy a sentir lástima pero yo puedo seguir mi día a día, a mí lo que me molesta es que aquellas personas que no aman ni dominan su lenguaje sientan la necesidad de que los demás estemos en las mismas condiciones.

La ignorancia se volvió una moda, no puedes usar palabras que las personas no conozcan pues entonces eres tachado de pedante, prepotente, ególatra y no sé qué tanta palabrería más cuyos significados pareciesen no conocer quienes las utilizan (algo que no me sorprendería en absoluto).

Me enerva mucho que las personas que escribimos o nos comunicamos usando lo bello del lenguaje y lo pletórico del mismo, tengamos que acotar el dominio de las palabras, más me revienta los huevos que las personas que solo usan sus «xD» y sus «:v» se sientan en posición de criticar a quien intenta hacer uso del español y de su increíble poder.

Saber español es un superpoder, saber comunicarte con él de forma apropiada es una habilidad que hoy en día pocos tienen.

He llegado a la conclusión que tal vez es cierto lo que decían Sapi-Whorf, tal vez conocer tanto nuestro lenguaje sí nos hace ver el mundo de forma diferente, tal vez nos vuelve más abiertos al aprendizaje, a percibir las cosas desde una perspectiva diferente, a pensar de una forma que se aleja del status quo, porque entre más lo pienso más me doy cuenta que solo un pendejo pensaría que las personas que saben muchas palabras o hacen el amor con su lenguaje son unos «ególatras pretenciosos» o unos «nerds», creo que que el poco dominio del lenguaje de esos que opinan sí ha amoldado a la persona, su forma de pensar y su forma de actuar.

En conclusión: tienes que ser un completo pendejo para juzgar a una persona solo por saber más que tú, tal vez no luchar por dominar tu lenguaje sí te convierte en un completo imbécil. Tal vez tu acotado dominio del mismo no te está permitiendo llegar a otros niveles.

Esperemos y esto cambie, esperemos que esas personas algún día prueben lo que es el verdadero poder y formen parte de este club de drogadictos al que pertenecemos y en el que moriremos.

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