México Orwelliano: Gatell y sus respuestas pendejas, la periodista pendeja y cómo convertir un tema científico en político.

Mi novio me pasó por uno de nuestros grupos de Whatsapp un vídeo donde una periodista le hace una pregunta cargada de veneno a Hugo López-Gatell sobre las dudosas cifras de los casos de COVID-19 y sobre si Gatell está «engañando a los mexicanos» con estos números que cuestionaba el ex rector de la UNAM, Narro Robles.

Quiero usar este suceso para hablar de dos cosas: periodismo y política, los dos temas en los que han convertido algo que se basaba en la ciencia y en la sanidad de una nación frente a la que posiblemente es la pandemia más importante en la historia de la humanidad.

Los periodistas tienen algo llamado código deontológico, dicho en román paladino: es la serie de valores y principios morales que en teoría tiene un periodista a la hora de comunicar los hechos o de informar al pueblo en general, es el equiparable al juramento hipocrático que hacen los médicos cuando se titulan.

Si eres periodista y vas a la contienda que se celebra todos los días en los informes sanitarios del COVID-19, lo mínimo que debes hacer es prepararte de forma objetiva y no hacer el ridículo frente a millones de mexicanos que se burlarán de ti por como Gatell responde a tus cuestionamientos con preguntas retóricas y dándote el avión al no poseer fuentes y al no poseer nada claro más allá de un obvio ataque.

Es menester de todo periodista ser profesional, a estas alturas ya no parece algo tan obvio pues los medios de comunicación están saturados de incompetentes que manipulan los hechos para adaptarlos a sus teorías, personas que en aras de obtener likes o shares a sus notas se aferran de un sensacionalismo y de un sesgo mediático en el que cree cualquier ciudadano promedio; porque claro, si sale en la TV o en Facebook lo más seguro es que sea cierto.

No quiero caer en la perspectiva cliché de definir a esta sociedad contemporánea como un claro ejemplo de lo que pasa cuando una sociedad se vuelve orwelliana, pero sin irnos tan lejos está claro que no se puede confiar en los periodistas que tergiversan los hechos, las palabras a su conveniencia y cuya argumentación es nula por carecer de fuentes, datos y de no tener un fin que no sea el otro que poner en vituperio la opinión de un profesional o de volver esto una contienda política en los medios.

Como dato curioso, existen dos grupos populares que aluden a este último adjetivo (orweilliano): los ignorantes y los pendejos. Los ignorantes son aquellos que piensan que usar orwelliano es para referirnos a sus obras, los pendejos son los que piensan que orwelliano es un sinónimo de totalitarismo. Quiero hacer énfasis en que ni uno ni lo otro, el término fue acuñado derivado de la crítica mordaz que ponía Orwell en todos sus ensayos a la hora de definir tanto la Alemania Nazi como a otros ejemplos de política culera, la política tergiversaba los medios y cambiaba la definición de las palabras para ganar popularidad en las múltiples propagandas de la época. Orwelliano es sinónimo de cambiar el significado de las cosas para manipular, te guste o no, así está la cosa y así es como se vale la política y los periodistas mediocres para obtener una obvia ventaja a la hora de ganar la atención de la gente mediocre e ignorante que pulula en lo que llamamos sociedad.

Si quieres saber más sobre periodistas mediocres y sobre críticas aún más jodidas, no pierdas la increíble oportunidad de leer mi artículo sobre cine titulado: «Ciudadano Kane, ¿Por qué es una de las mejores películas de la historia?, análisis y significado». En él se aborda como el mismo Orson Welles usó este tema para crear una de las obras más importantes del séptimo arte que todo periodista, cineasta, historiador o derivado de ciencias de la comunicación debe ver, analizar y dominar.

Retomando el tema: Independiente de que doña pendeja haya tenido que portarse como conejillo de indias ante los patrones que lo más probable es que la hayan mandado a hacer el ridículo con el objetivo de poner a Gatell contra la espada y la pared, lo cierto es que ni los ataques de Narro, ni los análisis de la UNAM ni nadie el el orbe posee números certeros.

Te lo voy a explicar también:

Los modelos epidemiológicos que teníamos nunca han funcionado (y todavía no funcionan) para un tema como el del COVID-19, es la primera vez que en una sociedad globalizada se suscita algo de este calibre y es un fenómeno cuyas variables han sobrepasado las fronteras que poseían las matemáticas sobre la predicción de los fenómenos virales.

Sí, lo siento, esto no es un tema de biólogos, ni de químicos ni de médicos, este es un tema matemático, las matemáticas han sido la herramienta en la que la mayor parte de la comunidad científica han puesto esperanzas para poder predecir y cuantificar lo que está pasando, por desgracia no se poseen modelos que puedan avalar los números de nadie, las curvas ni las predicciones a futuro.

Tanto es esto que los matemáticos de todas las naciones han lanzado convocatorias increíbles para cambiar y crear modelos que en verdad funcionen, si no me crees no nos vayamos tan lejos y veamos la iniciativa de España, la famosa: Predicción cooperativa española para el COVID-19, cuya convocatoria la puedes ver en el siguiente enlace:

La humanidad está desarmada, no solo en temas de infraestructura tecnológica, sino en sectores tales como vacunas, modelos matemáticos y medidas inteligentes a la hora de combatir esta crisis.

A pesar de eso, veo como muchos políticos y supuestos referentes en el medio se paran a hablar de modelos matemáticos y de un sinfín de pendejadas cuando es obvio que por el desastre no se han detenido a seguir formándose para estar actualizados.

¿Nos podemos fiar de los números?, pues solo hasta donde nuestros erróneos modelos matemáticos nos permiten, son aproximaciones, pero de absolutismo créeme que poco tenemos, estamos a la deriva todavía. La gente de Machine Learning y los matemáticos están trabajando en nuevas formas de modelar y predecir este caos, pero hasta que no haya números definitivos no podemos levantarnos y decir que tenemos las cifras correctas, porque para ser honestos: nadie las tiene.

Y esto me lleva al último punto: no solo no poseemos las cifras por el alcance limitado que posee la ciencia, no las poseemos porque todos los números están maquillados por los intereses políticos.

El hecho de que Gatell en la conferencia se haya detenido a citar al PRI y a utilizar un ataque ad hominem en una conferencia nacional, te habla mucho de que no importa el nivel de profesionalismo, la política está allí detrás, subrepticia y buscando la forma de seguir ganando ventaja por donde se le mire, pues al final del día, la política se alimenta de eso, se alimenta de la ignorancia, de la opinión pública, de lo que dicen las encuestas.

La política (por más raro que se escuche), hace años que dejó de velar por los intereses de la sociedad, hoy en día es uno de los lastres en los que más se interesa la población y que menos beneficios deja. Lo único que nos ha dejado son amargos sabores de boca y enemistades con nuestros coetáneos por el típico debate político que no lleva a nada.

No estoy diciendo que sea malo hablar de política, pero sí que lo es malo cuando el ejercicio de la misma siempre recae en lo obvio y nadie hace nada. Como bien dijo Orwell: Hemos caído tan bajo que la reformulación de lo obvio es la primera obligación del hombre inteligente.

Es precisamente lo que a mí me molesta, más allá de las periodistas estúpidas o los seudo argumentos de Gatell dejando clara una inclinación política, damos por obvio las posturas de los mismos e incluso el uso de la ciencia con fines apologéticos y mediáticos y no nos reformulamos qué tanta verdad impera por detrás de los escenarios.

Lo que yo veo solo son títeres, argumentos mediocres y ser testigo de como una vez más demacran y dejan a la ciencia de lado para hacer el típico drama de volver esto un tema de tintes políticos y propaganda, aún por encima de nuestros números, nuestras posiciones y demás, debemos recordar que todos estos se enarbolan por encima de miles de personas que están muriendo, de ciudadanos ignorantes, ciudadanos negligentes y de errores que se están cometiendo.

Vivimos en una sociedad orwelliana no porque los políticos así lo hagan, sino porque al carecer de inteligencia no hemos vuelto a reformular lo obvio, y eso mis estimados, tarde que temprano volverá a cobrar las deudas, porque son las mentiras, la ignorancia y los verdaderos problemas los que dejamos atrás debido a todos los ambages en los circunloquios de los supuestos expertos y de los supuestos líderes de esta nación.

Bola de pendejos todos.

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