Quejas en tiempo de cuarentena.

Tengo poco más de 130 mensajes en mi bandeja de entrada, sé que llevo desaparecido más de un mes de Facebook. No, no estoy muerto y no tengo COVID-19. Contestaré esos mensajes en función de cómo fueron llegando a mi bandeja y solo lo haré si dentro de los mismos hay algún cuestionamiento que en verdad yo pueda responder, los «ola como estas?» no son de mi particular interés, estoy bien, gracias por preguntar (espero esto último sirva como misiva global a esas personas).

He estado ocupado leyendo y programando, si les contara cuantos libros he leído y cuántos programas he hecho no me lo creerían, así que solo me remitiré a decir que he estado estudiando las 18 horas que el día me brinda, excepto por la última semana en la que mis amigos y yo hemos estado jugando Fornite y COD Warzone a partir de las 10 pm hasta altas horas de la madrugada donde mis gritos de desesperación por morir en un juego hacen creer a mi familia que me están violando, ¿quién iba a pensar que se necesitaba tanta habilidad para jugar Fornite?, estoy estupefacto, alguien por favor que me regale un pulgar extra en cada mano.

Retomando el tema: No he estado en Facebook porque como saben tengo controlado el tiempo que invierto en esta red, desde que compré mi celular en inicios de abril del 2017 (Véase: «Querido diario me convertí en millennial», https://3deep5me.wordpress.com/2017/04/08/querido-diario-7-me-converti-en-millennial/), he hecho mi mayor esfuerzo por no convertirme en una persona que vive pegado a esta madre. Pasar de ser una persona que nunca usó celular en su vida a tener un dispositivo donde la gente (que en su mayoría odio) me viene a platicar cosas que no me aportan nada y no me hacen crecer, puede llegar a ser agobiante.

Para ello siempre he tenido programada mi aplicación para lanzarme una alarma si me paso de 30 minutos en la red social así como también nunca le pongo saldo, esto me ayuda a no tener la tentación de andar viendo memes de gatos.

La cuarentena hace que la gente esté pasando mucho tiempo en redes, y con ello demostrando a todo el mundo que en verdad son unos completos pendejos, mujeres encuerándose solo porque sí y haciendo un drama y un debate que a nadie le importa, la gente peleando porque otra gente compra pizza, porque sigue saliendo a pesar de las indicaciones, todos enervándose a diario. Para ser honesto, yo ya vivo lo suficientemente enojado y quejándome como para todavía tener que soportar las quejas de otras personas, digo, por lo mínimo las mías cuando las hago son con argumentos y elaboradas hasta cierto punto, las quejas de la mayoría de los que leo solo son quejas por el simple hecho de que tienen acceso a la tecnología, mal estructuradas y denotando que son unos pendejos sin los dedos de frente suficientes como para enarbolar un argumento que nos permita vislumbrar un atisbo de inteligencia o de una persona con el mínimo de sentido común y/o pensamiento crítico… hueva ser así, hueva estar todo pendejo/a y no darse cuenta, hueva quejarte solo porque puedes y no dar un argumento y/o explicación.

Dado que soy una persona con fama de amargado, lo más sano para mi salud mental fue el no tener que leer las pendejadas que ponen y mejor ponerme a leer y programar, algo que sin duda alguna me resultó mucho más productivo, en estos momentos me siento como un iluminado, un Dios caminando entre los zafios que tarde o que temprano morirán a merced del poderoso y purificador Coronavirus que ha llegado para impregnar estos yermos campos con su increíble poder, con su devastadora voluntad y con ese ubérrimo carácter de sembrar en nosotros los anacoretas la fantasía (casi sexual) de ver como todos esos quejosos de nimios argumentos y gracia terminan en una bolsa negra, abandonados en un camellón por sus familiares y sin más rastro que aquellos likes vanales por los que tanto pelearon toda una vida en Facebook.

Ojalá fueran tan buenos leyendo y nutriéndose como lo son para hacer un drama de cualquier mamada que se topan en Facebook, pero no, solo son otras molleras sumidas más esperando rellenar ese hueco con los gases de la miasma que se generan en una cabeza sin la más exigua formación en nada, bola de imbéciles.

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