Rumbo a los cien años de Asimov[5]: Mi religión.

Mi padre, a pesar de su educación de judío ortodoxo, en el fondo de su corazón no se sentía como tal. Por alguna razón nunca lo discutimos, quizá porque era algo muy personal para él y yo no quería entrometerme en sus asuntos. Creo que mientras vivió en Rusia actuó de acuerdo con las reglas sólo por respeto a su padre. Creo que esto es algo bastante corriente. Puede que, puesto que mi padre creció bajo la tiranía zarista, durante la cual los judíos fueron maltratados con frecuencia, se volviera revolucionario en su interior. No se comprometió, al menos que yo sepa, en ninguna actividad revolucionaria real; era demasiado precavido.

Una forma de ser un revolucionario y trabajar por un nuevo mundo de igualdad social, de libertades civiles y de democracia, pudo ser librarse del peso muerto de la ortodoxia. El judaísmo ortodoxo dicta cada una de las acciones de cada momento del día e impone diferencias entre judíos y no judíos que prácticamente garantizan la persecución del grupo más débil.

Lógicamente, cuando mi padre llegó a Estados Unidos y se libró de la abrumadora presencia de su padre, inició una vida secular. No del todo, por supuesto. Las normas dietéticas son difíciles de romper cuando se ha aprendido que la carne de cerdo es el caldo del infierno. No se puede ignorar del todo a la sinagoga local y todavía se mantienen las tradiciones bíblicas.

Pero no recitaba la gran cantidad de oraciones prescritas para cada actividad y nunca hizo el menor intento de enseñármelas. Ni siquiera se molestó en que yo hiciera mi Bar Mitzvaha la edad de trece años: la ceremonia en la que un joven se convierte en un judío con todas las responsabilidades de obedecer las leyes judías. No he tenido religión porque nadie hizo ningún esfuerzo para enseñármela, ninguna religión.

Durante una temporada, en 1928, mi padre, que necesitaba algo de dinero extra, trabajó como secretario de la sinagoga local. Tenía que asistir a sus servicios religiosos y algunas veces me llevaba con él (no me gustaba). Como un gesto de gratitud, me inscribió en la escuela hebrea, donde empecé a aprender un poco ese idioma. Esto significaba estudiar el alfabeto hebreo y su pronunciación, y como el yiddish utiliza el mismo abecedario (descubrí que podía leer yiddish).

Le demostré a mi padre que podía hacerlo, y me sorprendí cuando él se quedó estupefacto y me preguntó cómo lo hacía. Yo creía que para entonces ya no debería sorprenderse por nada de lo que yo hiciera.

Mi padre no fue secretario durante mucho tiempo; no podía llevarlo a la par con la tienda. Por lo tanto, al cabo de algunos meses, me sacaron de la escuela hebrea, lo que fue un alivio, ya que tampoco me gustaba. No quería aprender las cosas repitiéndolas en coro y no veía la utilidad de saber hebreo.

Puede que en esto me equivocara. Aprender cualquier cosa es valioso, pero tenía ocho años y todavía no lo sabía. No obstante, algo sí me quedó de ese período inicial y de las lecciones de mi padre sobre esto y aquello que ilustraba con citas bíblicas: despertó mi interés por la Biblia[1]. Mientras crecí, leí la Biblia varias veces, o sea, el Antiguo Testamento. Con el tiempo y con ciertas dudas y reparos, también leí el Nuevo Testamento.

Pero para entonces, los libros de ciencia y los de ciencia ficción me habían mostrado su versión del universo y no estaba dispuesto a aceptar la historia del Génesis sobre la creación o de los distintos milagros descritos en el libro. Mi experiencia con los mitos griegos (y después con los escandinavos, todavía más inflexibles) hizo que me diera cuenta de que estaba leyendo la descripción de los mitos hebreos.

Cuando mi padre se hizo mayor, se retiró a Florida y se encontró sin nada que hacer, así que no le quedó más remedio que unirse a otros judíos ancianos cuya vida estaba centrada en la sinagoga y en la discusión de los pequeños detalles de la ortodoxia. En eso mi padre se encontraba en su elemento, ya que le gustaba discutir sobre cosas sin importancia y siempre estaba convencido de que tenía razón. (He heredado algo de esta tendencia.) A veces digo irónicamente que mi padre nunca se deshacía de ninguna de sus opiniones, excepto cuando, por casualidad, resultaba que estaba en lo cierto.

De todas maneras, durante los últimos meses de su vida se volvió de nuevo ortodoxo. No de corazón, creo yo, pero sí en apariencia. A veces me han acusado de no ser religioso como un acto de rebeldía contra unos padres ortodoxos. Puede que esto haya sido verdad en el caso de mi padre, pero no en el mío. No me he rebelado contra nada. Me dejaron libre y me gustó mucho esta libertad. Lo mismo les sucedió a mi hermano y a mi hermana, y también a nuestros hijos.

Debo añadir que tampoco es que no encuentre nada en el judaísmo y que quiera buscar algo más para llenar el vacío espiritual que hay en mi vida. Nunca, en toda mi vida, ni siquiera por un momento, me he sentido tentado por ninguna religión de ningún tipo. El hecho es que no siento ningún vacío espiritual. Tengo mi filosofía de la vida, que no incluye ningún aspecto sobrenatural y que encuentro totalmente satisfactoria. En resumen, soy un racionalista y sólo creo lo que me dice la razón.

No vaya a pensar que es fácil. Estamos tan rodeados de historias sobrenaturales, de la aceptación sin problemas de lo paranormal, de la amenaza de los distintos poderes que intentan con todas sus fuerzas convencernos de la existencia de lo sobrenatural, que hasta los más firmes podemos desfallecer a nuestras creencias.

Algo así me sucedió recientemente. Fue en enero de 1990, una tarde en que estaba tumbado en la cama de un hospital y mi querida esposa Janet no estaba conmigo porque se había ido a casa durante unas horas para ocuparse de algunos quehaceres domésticos imprescindibles. Estaba durmiendo y un dedo me tocó con fuerza.

Me desperté, por supuesto, y miré a mi alrededor medio dormido para ver quién me había despertado y por qué. Pero mi habitación estaba cerrada con llave y además había una cadena de seguridad en la puerta. La luz del sol inundaba la habitación y era evidente que estaba vacía, al igual que el armario y el cuarto de baño. Aunque soy racionalista, no pude evitar pensar que alguna influencia sobrenatural había intervenido para decirme que a Janet le había ocurrido algo (naturalmente, mi mayor temor).

Dudé por un momento, y traté de rechazarlo. Así que la llamé por teléfono a casa. Contestó de inmediato y me dijo que estaba perfectamente. Más tranquilo, colgué el teléfono y me dediqué a considerar el problema de quién o qué me había tocado. ¿Era sólo un sueño o una alucinación sensorial? Quizá, pero pareció completamente real. Reflexioné.

Cuando duermo solo, a menudo me abrazo a mí mismo. También sé que cuando estoy medio dormido mis músculos tienen movimientos espasmódicos. Adopté la posición de dormido e imaginé mis espasmos musculares. Era evidente que mi propio dedo había tocado mi hombro, y eso era todo. Ahora suponga que en el preciso momento en que me toqué a mí mismo, Janet, por alguna coincidencia puramente casual, hubiese tropezado y se hubiese dañado la rodilla. Y suponga que al llamarla hubiese dicho quejumbrosa: «Acabo de lastimarme».

¿Habría podido resistirme a la idea de una intervención sobrenatural? Espero que sí. Sin embargo, no puedo estar seguro. Es el mundo en que vivimos. Corrompería incluso al más fuerte, y yo no creo serlo.


[1] De hecho, tanta es su fascinación por el viejo y el nuevo testamento, que dos de sus libros más famosos son unos análisis de dichos textos sagrados. Son dos tomos gigantescos y que valen mucho la pena, sobretodo si se conoce un poco de la historia del Oriente Próximo.


Leer capítulo 4

Leer capítulo 6

Un comentario en “Rumbo a los cien años de Asimov[5]: Mi religión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s