Rumbo a los cien años de Asimov [2]: Mi padre.

Mi padre, Judah Asimov, nació en Petróvichi[1] el 21 de diciembre de 1896. Era un joven brillante que recibió una educación completa dentro de los límites del judaísmo ortodoxo. Estudió con esmero los libros sagrados y dominaba el hebreo, un idioma que pronunciaba con su particular acento lituano. Años más tarde, durante nuestras conversaciones, disfrutaría citando la biblia o el Talmud[2] en hebrero traduciéndolo después al yiddish[3] o al inglés para mí y comentándolo.

Judah Asimov

También adquirió conocimientos no religiosos y hablaba, leía y escribía el ruso con gran soltura, además de tener amplios conocimientos de literatura rusa. Se sabía casi de memoria los relatos de Sholem Aleichem. Recuerdo que una vez me recitó uno en yiddish, idioma que entiendo.

Sabía suficientes matemáticas como para trabajar de contable con su padre en el negocio familiar. Sobrevivió a los oscuros días de la Primera Guerra Mundial sin servir (por alguna razón) en el ejército ruso. Esto fue un golpe de suerte, ya que, de haberlo hecho, probablemente hubiese muerto y yo nunca habría nacido. También sobrevivió a los desórdenes que siguieron a la guerra, y se casó con mi madre en algún momento de 1918.

Hasta 1922, a pesar de la confusión de la guerra, de la revolución y de los disturbios civiles, se las arregló bastante bien en Rusia, aunque, he de resaltar, si se hubiese quedado allí, quién sabe lo que nos habría ocurrido en los días, todavía más negros, de la tiranía de Stalin, la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi de nuestra región natal[4].

Por fortuna no necesitamos hacer conjeturas, porque en 1922 el hermanastro de mi madre, Joseph Berman, que había ido a Estados Unidos algunos años antes, nos invitó a ir a ese país y reunirnos con él; y mis padres, después de dolorosas reflexiones decidieron partir. No fue una decisión fácil. Suponía abandonar la pequeña ciudad en la que habían vivido toda su vida, en la que tenían a todos sus amigos y parientes y dirigirse hacia una tierra desconocida.

Pero mis padres decidieron arriesgarse y llegaron en el momento justo, ya que en 1924 se impusieron cupos de inmigración más estrictos y puede que no nos hubieran dejado entrar. Mi padre fue a Estados Unidos con la esperanza de conseguir una vida mejor para sus hijos, y lo logró. Vivió para ver que uno de ellos se convertía en un escritor famoso, que otro llegaba a ser un periodista de éxito y que su hija gozaba de un matrimonio feliz… Pero tuvo que pagar un alto precio.

En Rusia pertenecía a una familia de comerciantes bastante próspera. En Estados Unidos se encontró sin dinero. En Rusia había sido un hombre culto, admirado por sus conocimientos por aquellos que le rodeaban. En Estados Unidos era prácticamente un analfabeto, ya que no podía leer y ni siquiera hablar en inglés. Además, los americanos de cultura religiosa, no consideraban su erudición religiosa como tal. Se sintió despreciado como un inmigrante ignorante.

Sufrió todo esto sin una queja, ya que se concentraba por completo en mí. Yo tenía que compensarle por todo, y lo hice. Siempre le he estado muy agradecido por sus sacrificios desde que tuve edad suficiente para comprender lo que se vio obligado a hacer. En Estados Unidos se dedicó a trabajar en todo lo que pudo: vendió esponjas de puerta en puerta, hizo demostraciones de aspiradoras, trabajó en una empresa de papeles y más tarde en una fábrica de camisetas. Después de tres años, había ahorrado el dinero suficiente para pagar la entrada de una pequeña tienda de caramelos[5], y eso aseguró nuestro futuro.

Mi padre nunca me empujó a ser un prodigio, como ya he dicho. Tampoco me castigó nunca físicamente (dejaba esto para mi madre, que lo hacía muy bien). Se contentaba con darme largos regaños e intentaba razonar conmigo cada vez que me comportaba mal. Creo que yo prefería los golpes de mi madre, pero siempre supe que mi padre me quería, a pesar de que le resultara difícil decirlo.


[↻1] Esta zona rural de la antigua Rusia, es formalmente el lugar de nacimiento de Isaac Asimov. De hecho, cuando el escritor estaba en el punto más álgido de su fama, la comunidad se sintió tan orgullosa que mandó a poner una piedra en su honor… Sí, una piedra. Pero claro, es una piedra que tiene una placa conmemorativa sobre el nacimiento del maestro.

La piedra.

[↻2] Como dato curioso: El Talmud junto con el Tora, son los libros más importantes del judaísmo. Son las «leyes» que rigen al pueblo judío, es difícil de conseguir, mucho más difícil es conseguir la forma correcta de interpretarlo. La ventaja del judaísmo ortodoxo es precisamente la exégesis «correcta» de las parábolas y otras enseñanzas que vienen en los textos sagrados. Y por alguna extraña razón, muchos científicos y personajes celebres han encontrado en dicho libro enseñanzas valiosas. Por poner un ejemplo: Richard Feynman, en su libro, Surely You’re Joking Mr. Feynman!, dejó claro que el descubrimiento del Talmud es una de las cosas más valiosas en su vida (aún si no se consideraba él mismo un practicante del judaísmo ortodoxo).

[↻3] La traducción correcta es «yídish», aunque tiene múltiples palabras que son correctas. He de resaltar que dicho idioma es propio de los judíos que emigraron a Alemania. De hecho, el idioma es una combinación entre «alemán» y hebreo. El idioma nació para no hablar en hebreo en el día a día, pues según la creencia ortodoxa del judaísmo, dicha lengua sólo debe ser empleada para las ceremonias religiosas. Estos son los albores del carácter políglota tan arraigado y conocido del pueblo judío.

[↻4] Este evento es conocido como «Operación Barbarroja», ocurrida en 1941. Uno de los primeros lugares ocupados por la Alemania Nazi fue precisamente la ciudad de Petróvichi, y claro, cualquier judío en dicho lugar fue asesinado. Lo que hubiese sido un funesto desenlace para la historia de nuestro maestro.

[↻5] De la traducción «grocery store», no era sólo una dulcería, sino más bien el concepto de una tienda de autoservicio con múltiples productos.


Leer el capítulo 1

Leer el capítulo 3

2 comentarios en “Rumbo a los cien años de Asimov [2]: Mi padre.

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