En busca del primer beso. Capítulo 2

“La danza es la metáfora favorita del mundo”

El último vals
Primera parte

Después de haber contado el funesto final entere Isabel y yo en el capítulo pasado, lo mejor es que empiece contando dos secretos que pocos de ustedes saben: Yo sé bailar, y mucho (más de lo que te imaginas), estuve dos años yendo a clases de baile, todos los jueves, viernes y sábados, seis horas por día.

Cualquiera pensaría que soy gay, y lo acepto, espero que pienses lo peor de mí, yo lo hago mientras escribo esto. El baile para mí es hoy en día una de las cosas con menor importancia en la larga lista de cosas que puedo o sé hacer, las personas inteligentes no bailamos. Las cosas como son, el día que veas a una persona inteligente bailar notarás que lo hacemos sin gracia, con incomodidad… con el brillo en los ojos de un fuego alimentado por el odio profundo a esta rama del arte. Por eso mi instructor nos decía que debíamos bailar con el corazón, no con la cabeza, pero no nos adelantemos.

¿Y cómo es posible que alguien como yo asistiera por voluntad propia a clases de baile?, te estarás preguntando, bueno, ese es el otro secreto: Yo estuve en la banda de guerra en la secundaria, orgullosamente el mejor corneta de ordenes de Chihuahua, y no lo digo en broma, gané el premio estatal dos veces a mejor corneta de ordenes, pero esa es otra historia.

Muchas personas saben que en las ceremonias de quince años nunca falta la familia entusiasta que contrata a los cadetes para que bailen el hermoso vals con su hija, y bueno, ¿adivina quién fue el cadete de más de 200 niñas de quince años en todo Chihuahua?, yo, obviamente. De hecho íbamos todos los hombres, pero las únicas personas que bailaban con la quinceañera eran los dos rangos más altos: El comandante y el corneta de ordenes. El resto del motín (las amigas feas de la quinceañera) era repartido entre los demás cadetes. En una semana podíamos alcanzar la increíble cifra de seis ceremonias, si se te hace poco ponte en mi lugar, ¿cómo te ves en seis fiestas de quince años a la semana?, llegan a ser repulsivas, artificiosas.

Yo siempre fui muy dedicado en la banda de guerra, le puse mucho empeño. Nos llevaban a la presa, nos sumergían el cuerpo completo y nos hacían tocar la corneta debajo del agua hasta perder el aire, volviendo del entrenamiento llegaba a mi casa para practicar más tocando en un bote de agua hasta que se oscurecía o se me abrían los labios. El baile no fue cosa distinta, para mí era parte de mi entrenamiento para ser el mejor, la coordinación es importante cuando se marcha, más si marchas y tocas al mismo tiempo, cualquiera que sepa del rubro te dirá lo difícil que es tocar a todo pulmón un “paso acelerado” al mismo tiempo que se marcha manteniendo la cadencia correcta. Ergo, llegando a mi casa también bailaba solo, encerrado para que no me vieran. Dios no quiera que mi mamá me vea bailar, puta vergüenza, pensaría que su hijo degusta los prohibidos placeres de la verga.

Nuestro instructor nos trajo a un sociópata que daba clases de música y de baile en uno de esos centros de desarrollo integral de la familia. El hombre era listo, sabía mucho de música y nos enseñó mucho sobre solfeo, cadencia, compases, estilos e historia. Nos ponía cuerdas en los pies, juegos y de todo un poco. Incluso teníamos que bailar con los ojos vendados. Él nos quería enseñar a “sentir” y “bailar con el corazón”, ¿cómo era eso posible?, ¡maldito imbécil!, odiaba mucho que me gritara: “¡Párate derecho Efraín!”, “¡Mueve la cadera!”, “¡No te quites la venda!”, “¡Baila con el corazón, no pienses!”, “¡Siéntelo!”. Puta madre, siempre se me hicieron tan ridículos esos consejos. Puedo sentir el trago de odio sólo por recordar mi orgullo herido.

Aprendí mucho, pocas personas sabrían decirte la diferencia entre bailar un tres cuartos, un vienés de 60 compases o un musette a seis octavos, no es ir y moverte como te salga, es un baile elegante, perfecto, bonito, es algo que le reconozco a los que se dedican a eso. Puedo decir que aprender teoría fue lo poco que le saqué a aquella época de mi vida, pero sería mentir, porque de ella obtuve esta historia. Una historia que es lo único que importa y lo que hoy nos tiene reunidos en este lugar donde las palabras sólo son un intento desesperado por evitar que se sigan escapando mis memorias.

Pero, la duda es: ¿Con quién bailaban los hombres?

Por suerte en la banda los tambores siempre estuvieron en manos de mujeres, así que ellas asistían a las clases de baile para ser nuestras parejas, Dios no quiera que también tuviésemos que bailar entre nosotros los machotes. Pase directo al infierno por desafiar las leyes heterosexuales de la época.

Esto de que haya hombres y mujeres en la secundaria viéndose fuera de clases sólo significa una cosa: Sexo descontrolado, “fajes”, unos buenos becerros diabólicos, jugar a la botella, etcétera. La corrupción y la degeneración social disfrazada de adolescencia.

La banda de guerra es el tinder de los niños de secundaria, toda la escuela te va a llamar “teto”, pero la verdad es que no saben lo que dicen y lo mucho que se pierden, metan a sus hijos a la banda de guerra, van a ver como salen todos violados y llenos de experiencias. Si estuviste en una banda de guerra lo debes saber igual o mejor que yo.

Entre más palabras escribo, me doy dando cuenta que esto se pone oscuro y sexual. Quiero que lean con moderación y sepan que yo siempre he sido una víctima de personas que han intentado abusar de mí (y que lo han logrado), esa es mi única apología.

En mi banda estaba Susana, una chica de segundo año que tenía unas tetas súper desarrolladas, siempre creí que se inyectaba hormonas de ganado o algo así, no podía tener tantas tetas para tan poca edad. Sus años de vida no pueden juntar tanta masa, ese sostén estaba rompiendo el principio de conservación de la materia. Susana usaba lentes y era bien puta (obviamente, las tetas te pueden llevar al declive moral si abusas de su poder). Le decían “Gusana”, ¿qué puedo decir?, nunca han sido muy inteligentes las personas que me rodean, eso es lo que me hace brillar a mí. Ruego a Dios que nunca me deje de mandar pendejos, no me gustaría no poder sentirme especial.

En la banda también estaba Georgina, la verdadera protagonista de esta historia: ojos verdes, piel blanca, dientes perfectos, proporciones perfectas, puedo apostar que el cuerpo que tenía en aquél entonces es el que tiene ahora, no se puede estar más buena cuando ya eres perfecta. Esa era la mía, de todas las que había (muchas y muy guapas), esa es la que me hacía pensar en ella incluso cuando no estaba con ella, lo imposible. Hace tiempo que me gustaba, pero obvio no le iba a decir nada, yo era un pendejo. Siempre me miraba por minutos, directo a los ojos, me sonreía, se reía, era un juego nuestro, reírnos mientras nos mirábamos a los ojos y nos poníamos rojos, luego nos escondíamos. Sí, nos gustábamos. ¿Pero?, bueno, había un pequeño detalle que mencionaré más adelante. Volviendo al tema:

Las prácticas de baile de los sábados eran de 9 am a 3 pm, es obvio que la escuela se quedaba abandonada, se supone que tenía velador, pero al parecer sólo trabajaba de lunes a viernes.

Ese día al final de la práctica nos quedamos yo, Susana, Georgina y Samara (o “Samarah”, no recuerdo como se escribía). Teníamos que recoger las extensiones, grabadora, cornetas, tambores y demás cosas (yo era el que tenía la llave del cuarto de instrumentos).

Cuando terminamos nos quedamos a platicar a oscuras en aquél cuarto, y bueno, creo que ya sabemos lo mal que termina que tres mujeres pervertidas y un puto virgen bueno para nada se queden solos en un cuarto en una escuela abandonada: La depravación total.

Las hormonas que transpiraban aquellos cuerpos en desarrollo estaban en el aire. Cuando menos nos dimos cuenta ya estábamos jugando a verdad o reto. Entre risas Susana nos estaba contando la historia de cuando su mamá la había atrapado dándole una mamada a su ex, yo estaba fascinado. Obvio la conversación me estaba poniendo algo caliente (hasta la perfección peca de lujuria). Siguió diciendo que a ella sí le gustaba el sabor del semen, Samara decía que a ella no, empezaban a descubrir sus sucios secretos, ¿y yo?, un desierto, un lego, yo no tenía historias sexuales qué contar, al parecer yo era el único virgen, bueno, creo que Georgina también lo era, sólo contó de cómo había masturbado a un ex.

Entonces vino el momento que mi sobrehumana inteligencia ya empezaba a deducir, la humillación:

– Efraín, ¿Verdad o reto? – preguntó Samara.

– Verdad – contesté.

– ¿Eres virgen?

– Sí – dije con inseguridad, como típico chico inmaduro que le da miedo decir que no ha cogido nunca. En esta sociedad que por alguna extraña razón lo ha convertido en un crimen, en esta sociedad que ha satanizado el no vivir deprisa, ¿y sabes?, en unos años les voy a dar la razón, hoy no.

Todas se empezaron a reír, pero no por mi estado de pureza, sino porque no me creían. Yo era el más alto de la banda, el que tenía voz más sexy (recuerden que me cambió en secundaria), y claro, también era el que le duplicaba el IQ a todos (juntos), ¿cómo es que tremendo hombre no haya remojado la brocha nunca en su vida?, ellas no lo podían creer, y para ser honesto, yo tampoco.

Tal vez es lo que más me acomplejaba, siempre he sido un puto narcisista megalómano, ¿por qué no me había cogido a ninguna de ellas?, sólo Dios sabe, por suerte ese juego nos iba a llevar a los extremos:

Entre verdad y verdad, nos cansamos de las verdades. Nadie estaba escogiendo reto, y todos sabemos que cuando eso pasa llega un momento en que el juego se vuelve “reto o reto”, además, esas chicas ya habían contado todas sus barbaridades, llevábamos metidos como dos horas en el cuarto. Había escuchado desde desodorantes metidos en la vagina hasta los mitos que ellas se creían sobre el riesgo de quedar embarazadas si se las metían por el culo.

Creo que todos estábamos transpirando hormonas, podría jurar que todos ese día teníamos ganas de quitarnos la ropa y empezar a coger, aunque nadie lo dijera, es algo que se sabe, algo que la edad te enseña. Me alegro de no haberlo sabido en aquél entonces, hoy no estarías leyendo esto, hoy sería padre de tres hijos… claro, concebidos por el ano de tres mujeres de secundaria.

Empezaron los retos, nos besamos en casi todas combinaciones posibles, incluso aquellas que están fuera de la permutabilidad del sistema. Besos dobles, besos de lengua entre las chicas, era una pelea en la que las lenguas eran las que estaban en disputa. Pero yo no estaba feliz del todo, todavía no me ponían que me besara con Georgina, ese era mi único objetivo.

Hay algo que cualquier hombre que se digne de ser hombre sabe muy bien y que no puede negar: Los besos, cuando son así de “cachondos” es imposible evitar que te la pongan como brazo de albañil, nadie puede evitar una erección. Mucho menos cuando eres nuevo en el juego, es la forma que tenemos para evidenciar esa naturaleza que llevamos dentro: Ser una basura de seres humanos.

Yo había estado besando con timidez porque no sabía nada del mundo de las mujeres, tenía algo de miedo. Pero en el último beso que me dí con Susana me metió la lengua y todo lo que pudo meterme, es obvio que me calentó y tuve una erección involuntaria.

Samara se dio cuenta:

– ¡Jajajajaja, a Efraín se le paró el chile!

Quiero que te pongas en mi situación, mi edad y mi experiencia, obvio mi color cambió a rojo vivo, no soportaba la vergüenza, no sólo estaba besando con vergüenza, también ya se habían dado cuenta que era un hombre. Habían descubierto mi papel de infiltrado.

Samara, que era la mayor y la que más nos estaba empujando al abismo, prosiguió:

– Georgina, te reto a que le jales el chile a Efraín, 10 segundos.

– ¡No!, no mames – dije, con muchos nervios, casi paranoico.

– Ahhh, ¿vas a andar de culo?

Somos mexicanos, eso de “vas a andar de culo” es ponerte entre la espada y la pared. Lo que dices o haces una vez declarada la sentencia habla mucho de tu persona, es donde se empiezan a forjar las personalidades. Los que me conocen saben que la mía terminó algo desviada, bueno, allí tienen algo de las raíces que hoy sostienen este monumento a la mala hierba que floreció en los yermos suelos de Chihuahua.

Acepté las condiciones sólo porque Georgina se veía animada, y allí estaba yo. Bajándome la bragueta del pantalón para sacarme la verga de entre mi trusa, porque obvio, en secundaria usas trusa, no boxers, lo cual hace la escena más vergonzosa. No es algo que en aquél entonces se sintiera bien, de hecho por dentro me sentía triste, excitado, pero triste.

Había leído tanto y había visto tanta película de romance con mi mamá. Pensé que eso tenía que ser especial, tan equivocado estaba (algo raro en mí).

Me la saqué y Georgina se arrimó a mí, mucho, se agachó un poco, me miró con sus lindos ojos verdes y empezó a masturbar mi pequeña verga de niño de secundaria, bueno, ni tan pequeña, era normal para un niño de secundaria. ¿Qué esperaban?, ¿una verga de 30 cm?, esto no es XVIDEOS, lo siento si crees que por el hecho de que mido 1.90 metros tengo un pene gigante, pero no, nada más alejado (muy alejado) de la realidad.

Samara y Susana empezaron a contar. Mi misión era no venirme en 10 segundos, fácil. Si has jugado a esto de besarse o hacer algo por “x segundos”, sabes bien que la cuenta es:

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 9, 10.

Samara y Susana dejaron de contar, pero Georgina seguía dándole y cada vez más rápido, parecía que me lo quería arrancar, todavía puedo sentir su mano apretándome en exceso, tal vez por eso mismo no llegó a medir los 30 cm, pobre mi niño, lo dañaron cuando era joven. Tuve que decirle amablemente que se quitara porque ya me empezaba a sentir muy incómodo, y era la verdad, acepto que estaba muy excitado, como nunca en mi vida, pero estaba… incómodo, no me sentía bien. Había visto de muchas formas a Geo, pero nunca me había visualizado así con ella. Vengo de un nicho familiar conformado por tres mujeres, obvio yo era mitad niña, había idealizado algo romántico y en su lugar recibí lo peor de la condición humana.

Después del reto que le pusieron a Geo, seguía yo. Me estaba terminando de guardar la verga cuando Samara me dijo que me retaba a besar a Geo de lengua, 10 segundos. Era obvia la intención, había algo de química, tal vez los sucesos del día habían sido catalizadores para la reacción, pero independientemente de eso ya estaba la cinética en su mayor orden, ya no había vuelta atrás.

Nos empezamos a besar, y apenas sus labios tocaron los míos pude sentir eso que pocas veces se siente, las voces en el fondo se desvanecieron y puedo jurar que lo único que escuchaba era el sonido de nuestros labios y nuestras lenguas, y claro, el cómo mi corazón me recordaba que estaba vivo.

Llegaron al diez pero nosotros seguimos, no nos detuvimos, estuvimos como dos minutos besándonos y al final sólo escuchamos las voces de Susana y Samara despedirse y el cómo nos querían dejar solos, iban de regreso a su casa. Geo y yo nos despegamos, nos miramos y nos reímos, les dijimos adiós y decidimos quedarnos más tiempo en ese cuarto.

Nos acostamos en el suelo y me abrazó. Ya no decíamos nada, sólo nos mirábamos a los ojos y sonreíamos, con malicia, como los que saben que están haciendo cosas que son malas pero que se sienten tan bien.

Su mano alcanzó la mía y entrelazó mis dedos, pude ver que el nudo en la mano era lo que hacen los “novios”, no lo eramos, pero el gesto sirvió para atar con mucha más fuerza mi corazón a su persona. Y eso, bueno… supongo que fue un error.

¡Ah!, ¿no lo mencioné?, ella tenía novio, allí el pequeño detalle que mencioné un poco atrás. Yo lo conocía, y hasta se podría decir que era mi “amigo”. ¿Qué puedo decir? todo regalo que se me otorga en esta vida viene envuelto en todo lo que detesto…

Ella me miraba a los ojos con sus hermosos ojos verdes, ella era todo lo que quería, sin embargo, no podía estar con ella, era de alguien más, y eso es algo que yo sabía “estaba mal”, sin poder definir el bien o el mal, una voz me lo decía. Qué rara es el alma humana, ¿no crees?, cuando me estaba masturbando no sentía nada malo, pero cuando empecé a creer que en verdad le interesaba para algo “sentimental y serio” es cuando salió la alarma.

Esa voz, esa “alarma”, es lo que ustedes llaman “conciencia”, y quiero que la vean bien, que escuchen su voz de tiempos remotos y de las hojas que otrora fueron escritas. En capítulos futuros van a ser testigos de cómo hice para asesinarla y alcanzar el nirvana en el que hoy estoy enjaulado, pero ese es otro tema…

Mientras nos seguíamos mirando a los ojos ella me volvió a besar. Ahora me empezó a saber amargo todo, eso que tanto había querido se había convertido en oro en polvo, del que se escapa fácil de las manos. Detesté tanto que esa voz en mi cabeza me estuviera arruinando el momento.

Si lo piensas bien pudimos haber cogido ese día, sólo es cosa de que yo me animara o buscara la forma, total, ya la tenía en mis manos, pero no, la puta conciencia tuvo que venir a tocar las puertas de nuestro altar y dar su oposición, justo cuando el padre de la iglesia dice: “¿Hay alguien que se oponga a que esta pareja de menores de edad se coman sus genitales el uno al otro?”. Los caminos del señor son misteriosos, todavía no estaba destinado a quitarme lo puto virgen.

No pude devolverle la sonrisa:

– ¿Qué tienes? – me preguntó.

– Nada, estoy pensando.

– ¿Qué piensas?

– Tú sabes lo que estoy pensando.

Su mirada también cambió, se apagó la luz en sus ojos como se apaga el fuego cuando llueve la realidad sobre los que sueñan mucho. El amor, cuando eres joven, es estúpido. Pero es precisamente lo que lo vuelve mágico, no es racional, es impulsivo y entregas todo, tienes menos miedos, cometes más errores, algunos pequeños, otros monumentales. Pero tu ventaja es eso, que te llevas el recuerdo de cuando eras tremendamente estúpido y no sabías que podías cometer errores… No hay cosa que ame más en este mundo que el recuerdo de cuando ignoraba lo que hoy sé.

Ella no dijo nada, no quiso responder, no quisimos hablar lo obvio, ergo, tuve que salvar la situación con mi forma aleatoria de comportamiento, ¿qué más podía hacer que no fuera lo último que alguien esperaría de mí?

– Oye, ¿quieres bailar? – le dije.

– ¡Sí! – me dijo emocionada mientras ya empezaba a moverse hacia los lados y tararear.

Conectamos la grabadora y pusimos el CD (sí, ya existían los CD’s). Ese disco era gracioso, tenía varias canciones de Chopin, Tchaikovsky, vals mexicano, tenía bastante variedad, pero a mí la que más me gustaba era la pista #12: Tiempo de Vals. Sí, esa que estás pensando… Chayanne, año 1990. Te invito a que la pongas en este momento para que recuerdes junto conmigo.

¿Qué puedo decir?, siempre he sido una persona básica, esa canción me conmueve mucho, o bueno, en sus tiempos me conmovía mucho, antes que se muriera esa persona que ya no existe más.

Tomé a Geo por la cintura y en la otra mano entrelazamos los dedos, se nos había olvidado de golpe que hace unos minutos la realidad había convertido nuestros ojos en ceniza. Empezó a sonar, contamos:

1, 2, 3…

Tiempo de vals, es el tiempo hacia atrás.
Donde hacer lo de siempre es volver a empezar.
Cuando el mundo se para y te observa girar.
Es tiempo para amar.

Tiempo de vals, tiempo para sentir.
Y decir sin hablar, y escuchar sin oír.

Un silencio que rompe en el aire un violín.
Es tiempo de vivir.

Bailábamos, y lo hacíamos bien. Era… Diferente. Nos veíamos a los ojos y sonreíamos. Como solo los niños saben sonreír, como sólo la inocencia puede hacerlo, cuando los ojos todavía reflejan el alma, como sólo los jóvenes saben mostrarle al mundo que el amor puede cambiar las cosas.

Cerré los ojos, la escuché sin oír, pude sentir su corazón latiendo pegado al mío, eso decía más que cualquier palabra que hoy yo pudiese llegar a escribir, ¡nos quedó perfecto! Y no en los pasos, estoy seguro que me equivoqué, total soy un puto tronco sin gracia. Nos salió perfecto porque habíamos hecho lo que el instructor quería: Habíamos bailado con el corazón. Y eso… era lo único que importaba.

Si pudiera viajar al pasado iría a ese momento, no para volver a sentir, no para recordar. Me gustaría ver cómo se ve cuando una persona baila con el corazón, o bueno, me gustaría ver cómo se ve Efraín bailando con el corazón.

Terminamos.

– Quiero bailar contigo cuando cumpla 15 años, le voy a decir a mi mamá que los contrate a ustedes para mi fiesta – me dijo.

– ¿Cuánto falta?

– Ya es en enero.

– Bueno, eso ya es tercer año. Todavía faltan algunos meses.

Como ustedes saben del capítulo anterior, a mí me corrieron en enero del tercer y último año de secundaria, me gustaría decir: “Creo que sabes cómo acaba esto”. Pero antes de decirlo, dejemos esta historia en este punto del tiempo, quiero que mientras la escribo me quede el recuerdo de que las cosas pudieron haber terminado, por alguna vez en mi vida… Con un final feliz. Quiero que este recuerdo me dure hasta el día en que las palabras vuelvan y desgarren este lienzo para mostrarme las cosas tal y como fueron, quiero quedarme con lo poco que puedo rescatar de su sabor antes que yo mismo venga a amargarme la vida.

Bailemos:


Tiempo de vals, es el tiempo hacia atrás.
Donde hacer lo de siempre es volver a empezar.

Un comentario en “En busca del primer beso. Capítulo 2

  1. Tengo lágrimas en los ojos, crei que siempre habías estado muerto por dentro, pero parece que alguna vez fuiste humano.
    ¿Vas a continuar esta historia algún día o solo vas a escribir sobre Asimov? (No es queja, es una duda legítima)

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