Los asesinos prodigios: Leopold & Loeb

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Hay muchas ideas de filósofos que si llegan a caer en las manos equivocadas pueden llevar a una mente a pensar cosas un poco… extrañas. Claro, esto de «extrañas» con la acepción generalizada que tiene la sociedad sobre la moral.

Y es aquí donde empieza lo divertido, ya que, uno de los filósofos que más escribió crítica a la moral y a la sociedad, fue nada más y nada menos que el filósofo germano; Friedrich Nietzsche. Entre su canasta básica (lectura obligada) se encuentran tres obras: Así habló Zaratustra, Ecce homo y El Anticristo. Libros que cabe destacar pueden comprar en su librería favorita o descargar gratuitamente aquí.

Una de las ideas más popularizadas de Nietzsche, es la del superhombre (Übermensch), que es la que predomina más en el libro de Así habló Zaratustra. No pretendo que esto sea una reseña a la obra de Nietzsche, pero, a grosso modo: El superhombre escapa de la moral de la sociedad, al poseer esa naturaleza de ser superior, tanto racional como emocional; tiene el privilegio de deslindarse de todas las ideas y/o valores que acepta la sociedad, creando consigo su propio sistema moral y de ideas. Es una postura reacia a no ser uno más del rebaño, no seguir las normas, en fin, regirse bajo su propio código.

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Übermensch

La idea nace como una crítica a todo lo que se desarrolló en el milagro griego, la filosofía socrática y parte de la moral desarrollada en la corriente escolástica. Nietzsche sentó las bases de esta rebeldía a toda la racionalización del «¿cómo debe ser un hombre?» que tanto trabajo le costó a Sócrates y sus posteriores sentar.

Cuando eres un adolescente lleno de rebeldía, y claro, te acompaña un poderoso IQ (intelligence quotient) de 201, este tipo de ideas pueden ser muy peligrosas. Exactamente fue eso lo que le pasó a Nathan Freudenthal Leopold, paro claro, vamos a partir desde el inicio:

Nathan Leopold nació en la ciudad de Chicago en 1904, empezó a hablar a la edad de tres meses. Durante su niñez y su adolescencia su cociente intelectual siempre estuvo en la estimación superior a 200. Tal vez suene poco, pero para que te des una idea, Einstein tenía uno de 160 ¿Qué tanto es tener un IQ de 201?, bueno, en la escala de Stanford-Binet significa que eres el más inteligente entre ocho mil millones de personas. Eso es lo curioso, en 1904 no existían tantas personas en el planeta (creo que actualmente tampoco), es decir: Leopold era un niño prodigio como raras veces se había presenciado.

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Nathan Leopold.

Cabe destacar que actualmente este valor diferiría mucho, pero en fin, para su época no era cualquier cosa, y más que nada lo habla la vida de Leopold: No solo empezó a hablar a una edad temprana, sino que también llegó a conocer poco más de quince idiomas diferentes, hablando con extrema fluidez al menos cinco de ellos (políglota), se graduó con honores en todas las escuelas que pisó, y aún sin ser mayor de edad, era un reconocido ornitólogo (experto en aves) a nivel internacional.

Leopold era hijo de una familia de alta alcurnia, su posición económica aunada a su extrema inteligencia lo hizo ser víctima del bullying, ya que, como muchas personas conscientes de su propia inteligencia, la utilizó de una manera ostentosa, un rasgo muy conocido en el cuadro de ítems de la conducta psicopática. Esto último le haría sufrir todavía más bullying y rechazo social (nadie quiere a los arrogantes, en especial otros arrogantes).

Durante su juventud, Loepold conoció al otro protagonista de esta historia: Richard Loeb. Un joven de Chicago que nació en 1905 (un año mayor que Leopold), este joven también era de familia acaudalada, y claro, por si fuera poco también era inteligente, su estimación de IQ era de 169.

Aunque se considera que Loeb era «menos inteligente» que Leopold, tenía mayores logros académicos, uno de ellos el haber terminado la universidad a la edad de 17 años. A pesar de eso la personalidad de Loeb ya era muy conocida, aunque tenía una gran inteligencia sus profesores lo definieron como «desmotivado», «negligente», «holgazán», «criticón», y lo más curioso de todo: «Obsesionado con el crimen».

El mayor pasatiempo de Loeb era leer historias de asesinatos, los crímenes del periódico, novelas policiacas y fantaseaba con la metodología para realizar el «crimen perfecto».

Aquí hay algo muy curioso, Loeb no tenía los signos de padecer algún trastorno antisocial de la personalidad, sólo era una persona obsesionada con todo lo relacionado a la criminología, por otra parte, Leopold sí presentaba muchos ítems del  cuadro psicopático (en cualquiera de las escalas que hay).

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Richard Loeb.

Cuando Leopold conoce a Loeb, encuentra en él mucho del encanto y cualidades sociales que él no poseía, también parte del encanto que sintió por Loeb era debido a su enorme inteligencia,  ya que Leopold buscaba a alguien tan inteligente como él, Loeb era esa persona.

Leopold metió las ideas del superhombre a Loeb,  diciéndole que ambos, al poseer una inteligencia superior, poseían el privilegio de no ser juzgados por las leyes que regían al resto de los inferiores humanos, ellos podían cometer cualquier acción, además, con su inteligencia podían lograr lo que les saliera de los huevos.

Esto es el mayor ejemplo de la personalidad psicopática y su mecanismo de resonancia. El psicópata puede entender (más no sentir) los deseos y sentimientos ajenos, y claro, hace discurso sobre  ellos, los evoca y seduce al receptor. Cuando se hace con fines de identificación, la psicopatía se domina «psicopatía complementaria», esto es una relación simbiótica donde un psicópata manipula a alguien del cuadro neurótico o depresivo, aquí la resonancia toca la fibra más sensible de Loeb: El crimen perfecto y el superhombre.

Tanto Leopold como Loeb inician una vida de crímenes pequeños, entre ellos el vandalismo y el robo de algunos objetos, ¿el problema?, la falta de reconocimiento. El narcisismo y la egolatría asociadas a todos estos cuadros patológicos de la personalidad necesitan su debido ítem histriónico, es decir; necesitan llamar la atención y regocijarse de acaparar los medios, crímenes menores no les iban a otorgar esos sentimientos, ni siquiera la adrenalina asociada a los crímenes era algo que los complaciera del todo, ergo, planearon el  «crimen perfecto».

La víctima fue un niño de 14 años, Bobby Franks, también hijo de una familia millonaria. La idea era muy sencilla:

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Bobby Franks, 14 años.

Al ser hijo de una familia bien posicionada, su desaparición causaría más atención de los medios, sobre todo por los recursos que la misma familia podría invertir en medios de comunicación para recuperar al niño.

La idea era matar al niño y luego mandar una nota a los padres para hacerlo pasar un secuestro, esto cambiaría la atención de los investigadores por el camino equivocado.

Y bueno, eso fue lo que hicieron…

Rentaron un vehículo con nombres e identificaciones falsas y estuvieron asechando el campus de la preparatoria de Harvard esperando a su víctima, Loeb persuadió a Bobby Franks para que subiera al coche,  una vez allí (se desconocen los detalles de quién fue el asesino) usaron un cincel para repetidos golpes en la cabeza y hacerlo perder el conocimiento, luego se terminó de asesinar a Bobby Franks con un trapo hasta asfixiarlo.

Trasladaron el cuerpo hasta unas cloacas en construcción, ahí desnudaron el cuerpo y bañaron en ácido clorhídrico tanto los genitales como la cara, esto para evitar que las autoridades reconocieran fácilmente a la víctima. Las ropas fueron quemadas de regreso a Chicago, el vehículo fue limpiado y entregado a la empresa.

Al día siguiente Leopold y Loeb mandaron una nota de rescate a la familia de Bobby Franks donde se daba un procedimiento para recuperar a su hijo, dicha nota fue mecanografiada con una máquina de escribir que ellos mismos robaron cuando iniciaron sus crímenes menores  (aquí ya empieza a fallar la planeación).

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Nota de secuestro.

El problema fue que ese mismo día una persona encontró el cuerpo de Bobby Franks y avisó a las autoridades, el cuerpo fue identificado rápidamente debido a que encajaba a las descripciones de los padres, ante la presión de ser descubiertos, tanto Leopold y Loeb cancelaron su plan de secuestro e intentaron destruir la máquina de escribir.

Otro error fue el de Leopold, tenía la necesidad de seguir alimentando su narcisismo y su histrionismo, así que el mismo asisitió como voluntario a dar declaraciones a los detectives, diciendo que si el cometiera un crimen mataría a un «arrogante como Bobby Franks». Este tipo de declaraciones no pasaron por alto cuando se encontró la pista definitiva:

Cuando se analiza la escena del crimen los detectives encontraron unos anteojos, para su mala suerte, un modelo muy caro y único, tanto que solo había cuatro modelos en todo Chicago, ¿uno de los propietarios?, nada más y nada menos que Leopold.

Por si fuera poco los investigadores también terminaron dando con la máquina de escribir.

A los pocos días, tanto Leopold como Loeb quedan como culpables definitivos, la prensa explota y hace que el caso de Bobby Franks y los asesinos prodigios sean dueños del «crimen del siglo», eso sí, capturados, pero los detalles morbosos y la crueldad fue suficiente para que en el juicio se le intentara dar la condena de pena de muerte a ambos.

La familia de Leopold pagó un millón de dólares al abogado más prestigioso de la época: Clarence Darrow. Esto no fue para que Leopold o Loeb salieran libres, sino para que se evitara la ejecución de ambos.

El juicio duró doce horas con Clarence Darrow hablando de manera magistral, se considera que su discurso fue el más emotivo e importante como oposición a la pena de muerte. Dicho discurso abarca todos los temas políticos, morales y filosóficos de la época, aparece completo en su biografía o en distintos sitios de internet, pueden buscarlo, incluso aparece en Wikipedia, sin duda alguna una de las mejores defensas de su carrera (según otros profesionales).

Lo más interesante es que durante el discurso se deja en claro que uno de los mayores problemas es que la filosofía de Nietzsche fue lo suficientemente poderosa como para trastornar la mente de Leopold y que este a su vez indujera las mismas ideas del superhombre en Loeb. Es un discurso que no te puedes perder.

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Clarence Darrow

El juez falló a favor de Clarence Darrow y sus clientes, solo les otorgó una humilde cadena perpetua con novena y nueve años adicionales por el crimen de secuestro, cabe destacar que ellos entran a la edad de 19 y 20 años, respectivamente.

Loeb fue asesinado en prisión por otro reo, sin embargo, Leopold poseía mejores defensas por sus mecanismos de resonancia, así que su vida en prisión fue más fácil ya que podía manipular a otras personas para sobrevivir, algo hasta cierto punto… obvio.

Leopold siguió en prisión donde aprendió otros doce idiomas (tremendo el hijo de puta), trabajó como profesor en la escuela interna de la prisión y escribió su autobiografía, así como también habló con el escritor Meyer Levin, hombre que escribía una novela titulada «Compulsion» (traducida al español como «Impulso Criminal») que se basaba en dicho crimen.

Esta novela tuvo una adaptación al cine con título homónimo, cabe destacar que Orson Welles participó como actor en ella interpretando a un personaje llamado «Jonathan Wilk» que es una alegoría al abogado Clarence Darrow.

Uno de los mejores papeles de Orson Welles, genio al que también le atribuimos la obra maestra de «Citizen Kane (Ciudadano Kane)», pero esa ya es harina de otro costal que dejaré para otro artículo  😉

Después de durar 30 años en prisión, Leopold sale de prisión bajo libertad condicional. El hombre se mudó a Puerto Rico, se casó con una mujer viuda, estudió medicina y ejerció, allí siguió ejerciendo como médico y estudiando aves. Así fue su vida hasta que muere en 1971 a la edad de 70 años debido a diabetes.

Y bueno, esa fue la vida del prodigio, su cuerpo fue donado a la universidad de Puerto Rico para investigación médica.

Espero y hayan aprendido algo nuevo, yo no, porque yo soy una reverenda verga, si te gustó puedes compartirlo con tu familia y amigos inferiores con IQ’s menores a 140.

Besos and #PeaceOut.

Un comentario en “Los asesinos prodigios: Leopold & Loeb

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