El día que perdí mi virginidad bucal.

 

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Me pusieron un puto paladar, y escribo esto con lágrimas en los ojos y muchas lágrimas en mi teclado. En mi mesa hay ¾ de hamburguesa doble con queso y mucha verdura, papas fritas y ya. Sólo me pude tomar el vaso de agua, todo lo demás está allí, esperando a alguien que en verdad lo pueda disfrutar.

Cuando estaba en secundaria practiqué mucho mi dicción, hablaba con un lápiz en la boca, practicaba oratoria e hice por mi propia cuenta un entrenamiento 10 veces más pesado que el que le ponen al duque de York en «The King’s Speech». Perfeccioné mi habla y cultivé por mi propia cuenta  un léxico medianamente pasable. ¿Pensaban que había nacido siendo una verga?, pues sí, pero provocarle una erección a la verga que soy fue  algo que yo tuve que hacer.

¿Ahora que tengo?, nada, me escucho hablar y sueno como un pendejo, muy parecido a ustedes cuando andan ebrios. Mi fonética anda por los suelos, y con ella mi autoestima.

Yo era 90% lo que salía de mi boca, ahora no tengo nada, ¡Nada!

Sigo escribiendo, ahora las teclas están más húmedas y mis dedos resbalan sobre el teclado, mis ojos no pueden ver nada debido a la turbidez que me provocan las lágrimas. No puedo ver lo que escribo, pero no importa, también sé escribir sin ver el teclado, otra de las tantas habilidades que me inculqué.

Mi dentista dijo que duraría mínimo tres meses con el aparato, lo que me hace pensar que son tres meses en los que no podré hablar, ¡tres!, acumulo mucha saliva pero tampoco puedo escupir, el movimiento de mi boca está mermado en todas las direcciones habidas y por haber.

Tengo hambre, nunca tengo hambre pero hoy curiosamente tengo hambre y no puedo comer. La hamburguesa llora, una vaca murió en alguna parte del planeta para convertirse en esa hamburguesa y no podrá ser consumida, su vida fue entregada para nutrir a la persona que cambiará al mundo, ese fue su objetivo como vaca… Ahora no podrá ni cumplir eso, una muerte en vano, me siento tan culpable, lloro más.

Mi dentista ha sido la mujer que más cosas me ha metido en la boca, eso me hace pensar lo nimia que ha sido mi sexualidad oral, eso me hace llorar más, pude haber vivido, pude haber dicho: «Métame lo que quiera, mis ex’s me han metido más cosas», pero no es cierto, sería una mentira, soy virgen, bueno, lo era. Ahora me han metido tantos aparatos que el inventario de una ferretería se queda corto si se comparase.

Lloro más, no sé exactamente qué cosas venden en una ferretería.

Mañana tengo una exposición de dos horas, donde para poder brillar y salir exitoso tendré que hacer gala de esa habilidad de parecer que sé de lo que hablo, ¿pero ahora?, ahora no, no puedo.

Estoy llorando, quiero suicidarme (otra vez), esto es mucho dolor, mucha incomodidad, mucho de todo. Sólo lo hago para que ella me ame, y ni así me hará caso.

Vengan todos a llorar conmigo, háganlo ahora que todavía me sobran lágrimas.

No, no lloren por mí, yo ya estaba muerto…

#RIP

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