Carta de amor pública

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Te amo tanto amor, mi corazón, mi cuchurrumin. Heme aquí haciendo una cursi publicación en la que hago gala de mi exigua prosa. Sí, yo sé, ya más de veinte años de edad y todavía con el vocabulario de un niño de primaria. ¡Pero cumplimos un mes, amor!, no me importa lo que digan los demás y el escarnio social que enfrentaré el resto de mi vida por este tipo de publicaciones pendejas. Quiero que todos sepan el amor eterno que he jurado a tu persona después de este mes.

¿Qué van a entender ellos?, ¿qué van a saber las personas de nuestro amor? Ellos no conocen el amor, ellos no saben que lo que tenemos tú y yo es diferente al nimio concepto de amor que tienen las otras formas de vida en la tierra. Este amor es superior al de Dios por sus hijos, al de una madre por sus hijos, al de una persona con síndrome de down por el Super Bowl. Nuestro amor trasciende más allá de lo inteligible para la mente y el corazón humano. Podría escribir un libro sobre lo trascendental que será lo nuestro, pero no puedo amor, nuestra historia es inenarrable, los folios en blanco no soportarían el peso de tu nombre junto al mío.

Estoy tan feliz por este mes contigo (ya casi un mes con un día). Estar a tu lado ha sido lo que siempre soñé como el idilio perfecto, una utopía hecha realidad, algo que me hace hervir la sangre, ¿cómo puedes ser tan perfecto?, ¿cómo puede un hombre autodefinirse como «hombre» sin usarte como ejemplo?, siento tanta pena ajena por ellos. Quisiera que cada mujer en la tierra tenga la oportunidad de tener un hombre a su lado que sea la mitad de lo que tú eres.

¡Mira, ya casi las doce!, ya casi nuestro primer mes con un día. Me muero de ganas por saber cómo será nuestro primer mes con dos días, muero de ganas por saber cómo será el segundo mes, ¿qué tal el primer año?, ¡por Dios!, ¡el primer año!, no puedo aguantar la espera a que ese día llegue, o pasar tu primer cumpleaños a tu lado, tanta magia, tanta dicha desbordando a borbotones de mi corazón. Un corazón que ya no es más mío que tuyo, un corazón que no tiene espacio para el amor propio, sólo espacio para la ciega devoción que hoy siento por ti.

Me muero de ganas por cumplir dos años, para así, caer en la monotonía y no tener nada interesante en la relación, a menos, claro, que tengamos problemas, o mejor aún; que me dejes preñada.

Muero de ganas de llegar al tercer año y que la única explicación posible por la cual hemos llegado tan lejos, es porque tú o yo, hemos estado cogiendo con otras personas. O mejor aún; haber pensado ya varias veces en terminar la relación pero no hacerlo debido a ese inherente  miedo a la soledad que tienen la personas mediocres.

Porque hay que admitir una verdad ineludible amor: Sólo los mediocres le tienen miedo a la propia compañía. Tú y yo lo somos, por eso estamos en una relación, no soportamos estar con nosotros mismos, ensimismados en esos eternos viajes auspiciados por nuestro autismo emocional.

Por esa misma razón estamos aquí en las redes sociales celebrando nuestro primer mes, por eso te escribo esta carta pública de amor. Así también será el segundo mes, y el tercero. Estamos tan estigmatizados por los dogmas y estereotipos sociales, que necesitamos su reconocimiento para reivindicar nuestro galardón por el cumplimiento ortodoxo que algún pendejo nos enseñó como «la forma correcta de amar».

Nuestro amor es una mierda estereotipada e igual al de los demás ahora que lo pienso a fondo, no tiene nada de trascendental ahora que el pensamiento ha adquirido de nuevo su agudeza.

En cierto modo sé que no durará por siempre, y de ser así; no aportará nada a mí vida. No más de lo que hará los primeros dos años. Es cierto, debemos de admitir que somos personas finitas, y por ende; en la búsqueda de alcanzar la eternidad en corazones ajenos, en la eterna búsqueda de inmortalizarnos en la vida de otras personas… Hemos descuidado nuestra persona, hemos lastimado de forma irreversible el ego.

Tan desesperados hemos estado por no estar solos, que al final, el suplicio ha sido lo único que hemos cargado hasta este momento. No sabemos nada, no hemos leído, no nos hemos enriquecido, no tenemos un pensamiento propio, muy apenas poseemos esta mediocre carrera universitaria que hemos seguido para cumplir con más dogmas sociales, una carrera auspiciada por la ciega vocación y el hedonismo, pero, como personas, y a grandes rasgos… No somos nada.

No somos nada, yo no soy nada, tú no eres nada. Quiero que ya tengamos dos años, para así desperdiciar todo ese tiempo de mi vida, arrepentirme, y darme cuenta de lo pendeja que he sido todo este tiempo.

Quiero que mi mejor amiga me cuente como te la cogiste en aquella fiesta, ¿fue de perrito?, ¿ella se los tragó?, quiero que mis amigas y familia me digan lo equivocada que estoy, quiero equivocarme porque soy pendeja, y mejor aún; quiero no aprender de mis errores. Quiero repetirlos una y otra vez, con cada una de mis relaciones. Quiero publicar siempre lo mucho que en verdad sé amar hasta recibir los ingratos e hipócritas aplausos de personas igual de ciegas que yo. Quiero que la envidia emocional de otros mediocres sea mi ovación.

Te amo, espero y esta carta de amor publicada en facebook manifieste tan sólo un poco de lo mucho que me haces sentir por dentro con este mes (y ya con un día) de hermosa relación.

Besos.

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