Querido diario: Yo y la cultura de la legalidad.

Cada lunes sufro el suplicio de estar encerrado con un puñado de cabrones que por alguna extraña razón que desconozco tomaron la misma clase de mierda que yo. Para ser sincero, yo hasta la fecha no logro explicar la razón por la cual lo hice, son muchos factores, la mayoría no tienen un carajo de sentido. Sospecho que la mayoría la tomó porque son 3 créditos gratis, es como si el simple hecho de respirar te fuera gratificado: «Hombre, hemos visto que respiras de puta madre, ¿no te gustaría liberar los 40 créditos de materias optativas?, tenemos esa idea recalcitrante de que respirar es una habilidad necesaria para todo profesional en química».

La materia de «cultura de la legalidad» es algo sencillo, sólo es sinónimo de: «La responsabilidad de respetar las leyes reside en cada uno de nosotros, no en las leyes como tal». Suena lógico, ¿qué necesidad hay de crear una cultura sobre el respeto a las leyes?, suena pendejo, ¿cuándo ha sido responsabilidad de otra persona?

Y lo más hilarante no es el hecho de que la materia te enseñe a tener conciencia respecto a las leyes, lo gracioso es el hecho de que la materia es una contradicción a la naturaleza misma que posee cada uno de los hijos de puta que estamos allí.

¿Desde cuándo todos tienen tantos valores?, yo no creo una mierda de eso,  yo conozco a las personas, las personas no son buenas, las personas son unas arrogantes ególatras asquerosas, a mí ya no me engañan.  La mentalidad «positiva» y todas esas mierdas de las que tanto se jactan poseer, es algo que yo tenía a los 8 años.

Algunas personas sólo se sienten felices de estancarse en la misma mentalidad porque así fueron programados, no se inmutan en preguntarse si realmente hay otro tipo de pensamientos allá afuera, o bien, ¿qué tanto contrastan otras ideologías a las propias?, no, eso no importa, el chiste es vivir siempre en la oscuridad y seguir atados a las mismas putas cadenas de falsa moral, a la mismos putos dogmas sociales que sólo son otra de esas camisas de fuerza que tanto trabajo cuesta hacer notar a las personas.

Ojo, no estoy diciendo que rechacen todos los valores y demás cosas para salir a la calle y armar un genocidio en aras de que las personas piensen como ustedes o acepten sus ideologías, para ser sincero, cualquier tipo de ideas morales y demás mierda que salga de sus mentes seguro ya pasó por la mía y por la de cualquier persona que alguna vez se haya hecho el puto favor de cuestionarse las cosas básicas.

Porque ese es un error bien común en los estudiantes de ciencia, son unos putos soñadores pendejos, se cuestionan cosas increíblemente complejas acerca de la naturaleza, el sol, o sobre  la estrella más lejana a la tierra, etcétera.

Pero todos ignoran las preguntas más sencillas que tienen a su alrededor, y la mayoría reside sobre la realidad de mierda a la que estamos ligados todos los días, a la mierda de sociedad con la que se nos obligó vivir.

Posiblemente esa es la idea que más ataca a la cultura de la legalidad: La obligación de vivir en sociedad.

¿Quién recuerda el momento en que se le dio la opción de vivir en sociedad?, yo no. De hecho, ese es el principal problema de las leyes, normas, reglas y otras mierdas. ¿Quién nos ha dado la opción de seguirlas?, nadie. Son obligatorias por el privilegio de vivir en sociedad. ¡Pffff!, el «privilegio». Una sociedad egoísta y asquerosa, pero claro, es un privilegio. Bola de pendejos, creer que vivir en sociedad es el homólogo a: «Como me gusta cuando te digo que te amo y me rompes el hocico de un chingazo, como me gusta que cada cosa buena acción que hago a tu persona me sea recompensada con un escupitajo en la cara, amo cuando eres una mierda de persona conmigo, gracias por dejarme formar parte de tu vida».

Luego se preguntan la razón de que haya grupos radicales de terroristas matando gente, de que haya genocidios, dictadores y otras mierdas. Claro que los hay, no todos han nacido para vivir en sociedad, siempre ha habido caminos para personas que disfrutan más de estar solos,  que disfrutan más de tener poco contacto con las personas, o bien, hacerlo sólo en los casos más necesarios.

Claro, vivir en sociedad nos ha ayudado a avanzar mucho más rápido, a un paso agigantado, pero, ¿avanzar hacia qué lugar?, vamos directo a un lugar al que te aseguro que cuando lleguemos nos daremos cuenta que no había absolutamente nada, puta carrera sin sentido.

Lo único que hacemos con nuestra ciencia y nuestro conocimiento es buscar una forma de joder a los demás, y no me vengas con la idea de que mañana la sociedad avanzará a un punto donde todos vamos a ser buenos, una puta madre Teresa. Tu forma de pensar no es precisamente muy diferente a la que tuvo un vagabundo hace 50 años mientras tragaba un cono de nieve que se le cayó a un puto niño mal educado y cuyo destino es tener mejor estilo de vida que la del pobre vagabundo que se cuestiona cosas más importantes, más interesantes.

Estar en cultura de la legalidad no me enseña nada, no me cambia la forma de pensar, sólo hace que en mi cabeza se formen manifiestos ingentes de millones de palabras que ya escribí, no aprendo nada nuevo, no siento que me cambie la vida, sólo me pone esa idea de querer revolucionar la libertad de las personas, de dar la opción a elegir lo que realmente quieras ser, pero claro, sólo estaría buscando el exterminio de la puta humanidad.

Porque es cierto, no te engañes, no tenemos una naturaleza «buena», lo que tú ves como «bueno» es un mero contrato social, algo que finges para llegar hasta donde  tú quieras llegar, pero algo sí me es más que claro: Las personas que más llegan lejos son las que menos han respetado el concepto de ser «bueno», de velar por el interés ajeno.

Los grandes empresarios no llegaron donde están interesándose en los demás, los grandes políticos no lograron el éxito extendiendo la mano a los demás.

Porque si de algo puedes estar seguro es que el éxito nunca ha sido sinónimo de solidaridad. Para llegar lejos hay que dejar atrás a las personas, porque las cosas que más nos atan a permanecer en el mismo lugar son todos esos lazos sin valor que tienes con el resto de las personas, y por si fuera poco, con personas que realmente no valen tanto la pena como tú creías.

Me ahogo, porque en la clase de la cultura de la legalidad no puedo responder a las preguntas de la maestra, porque claro, hacerlo sólo sería sacar una explosión de ideas, una balacera de palabras que la maestra no sabría ni cómo atrapar.

Porque por si fuera poco mi maestra es una pendeja cuya ortografía y dominio del lenguaje en general no es muy distinta a la de un niño que apenas está aprendiendo el puto idioma, pero claro, es mejor quedarse callado que caerle en más en los huevos a la pobre cabrona ignorante.

«¿Ya vieron la película de la ley de Herodes que tanto les he dicho que vean?». Cada lunes repitiendo la misma mamada, quiere enseñarme lo que es un puto «estado de derecho» con una película, una película que no va a desarrollar un carajo mis ideas, un carajo mi forma de pensar.

Vieja pendeja, recomiéndome leer a Thomas Hobbes, recomiéndeme leer a Nietzsche, recomiéndeme leer algo que me enseñe a pensar por mi propia cuenta y no algo que me enseñe a pensar como usted y su sociedad pendeja quiere que piense.

No me venga a educar con sus películas pendejas, con sus dinámicas pendejas y con su pendejo vocabulario de disléxica, porque lo único que va a lograr es que más ganas me den de no darle una oportunidad al arcaico y ya obsoleto sistema de educación, lo que logrará es que me salga de la escuela y vuelva por la cabeza de cada uno de los profesores que alguna vez tuvo la pendeja idea de decirme que yo estaba equivocado sólo por no seguir los mismos dogmas y creencias pendejas que tienen ellos, que tiene la sociedad pendeja en general.

Porque la mejor forma de darte cuenta que no estamos en el camino correcto, es el hecho de que llevamos miles de años y no hemos logrado un carajo en lo que a la moral respecta, no llevamos un carajo en cambiar esa naturaleza de mierda de las personas, y entre más pase el tiempo, cada vez serán más pesadas las consecuencias de seguir forzando a un humano asocial a ser social.

Entre más pase el tiempo más nos daremos cuenta de lo equivocados que estuvimos en nuestra falsa moral, en nuestra falsa idea de querer cambiar a los inexorables, de querer buscar la rectitud en los ya torcidos renglones de Dios.

Que Dios los agarre confesados, yo no quiero estar el día en que hagan explotar a las personas que no piensan como ustedes y su puta sociedad de mierda.

Es más, ni siquiera me gustaría estar el día en que yo mismo llegue a explotar, y créeme, soy de las personas más sencillas, allá afuera he conocido a las complejas,  y no, no te gustaría ver a través del infierno que yo he visto en sus ojos.

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