Querido diario[17]: ¿Por qué la gente come pura mierda?

Yo no soy vegetariano, el Dios en el que creo y que está todos los días rascándose los huevos en el cielo, sabe bien que jamás en mi vida podría subsistir a base de comer lechuga y los otros vegetales de los que ya no recuerdo cómo se llaman debido a que llevo años sin comerlos.

Es lindo y está bien, no hay nada que cause más placer que una hamburguesa escurriendo  sangre, de hecho, si se me permitiera me gustaría comer una hamburguesa a lado de las crías huérfanas de la vaca, verlas llorar e intentar darles un poco de mi hamburguesa, ¿qué puedo decir?, siempre he sido un hombre de fantasías sexuales sencillas.

A pesar de que soy un omnívoro de mierda, tengo mis límites, todos deberíamos tenerlos. Está bien comer carne, nadie se muere de comer carne, o mejor dicho: Una persona normal no debería morirse por comer carne.

No hay nada que me cause más repulsión que ese complejo pobre de «no desperdiciar nada». Yo sé que en África hay muchos niños que se mueren de hambre para pasar el rato, pero, el hecho de que lo hagan no debería ser pretexto para que nosotros ─las personas civilizadas y no negras─ nos intentemos meter a la boca cualquier mierda.

¿A qué quiero llegar con esto?, sencillo, los 3 alimentos cárnicos que deberían ser prohibidos por la OMS: Hígado, tripitas y morcilla. La santa trinidad de la porquería y de lo jodido que es México (y otras favelas) en cuanto a su alimentación.

¿Sus madres alguna vez ha cocinado hígado?, la mía sí, y la odio por eso. Hay cosas que el puro aroma te dicen que no son comestibles, es cuestión de evolución, cosas que se han ido arraigando a nuestro código genético a través de los años.

Cuando un zorrillo saca su asqueroso aroma te está invitando a que vayas y chingues a tu madre, no a que le intentes practicar sexo oral. Lo mismo pasa con el hígado.

La verdad es que cuando mi mamá hace su «hígado encebollado», yo no sabría discernir si mi madre está cocinando o se está cagando en el sartén. ¿A quién le resulta atractivo el hígado?, a los pendejos. Al mismo tipo de criaturas sub desarrolladas que todavía poseen muelas del juicio, creen en Dios, compran boletos de lotería y tienen instalado Snapchat.

Ahora: Las tripas, también conocidas como  «tripitas».

Literal, las «tripitas» es comer el ano de un animal, ¿qué tan necesitado y hambreado debes estar para hacerlo?, estoy seguro que si le llevo eso a un niño africano primero escoge morir y ser devorado por los pájaros carroñeros, y estoy seguro que los pájaros dejarían del lado las tripas.

¿Por qué?,  mera cuestión de valores y cultura. Lo más que deberías estar cerca de comer tripas en tu vida es a través de un beso negro. Los besos negros son saludables, son buenos, pero no cuando se los haces a un cadáver. Hay que tener tantita madre.

Y por último: La morcilla.

Es la cosa más pendeja que existe, ¿quién la inventó?, ¿Un vampiro?, o sea, ya ni se considera carne, es sangre, no jodan.

Yo no estoy en contra de las parafilias sexuales, pero yo no comería la sangre coagulada de un animal, la única razón por la cual me metería sangre ajena a la boca es (apúntenle bien) si y sólo si practiqué sexo oral a Anne Hathaway en sus días.

No mames, por Anne Hathaway sería capaz de comer morcilla hecha a base de su menstruación, pero porque es una parafilia sexual, no una práctica alimenticia, son cosas diferentes.

No sean pendejos amigos, me da mucho asco las cosas que son capaces de comer, hay límites para todo. Comer carne en una sociedad que se jacta de ser «inteligente» ya es un gesto retrógrada y pendejo. Si van a practicar su derecho a ser omnívoros mínimo háganlo con sabiduría.

Porque para ser sincero, me daría menos asco verlos comiendo tierra y heces del suelo, que verlos comiendo esas tres mierdas.

Bola de nacos asquerosos.

#PeaceOut

P.S.
No faltará el pendejo: «Efraín la lechuga no es un vegetal, es una hortaliza, la morcilla no se considera cárnico, Efraín, estoy todo pendejo, tengo esta obsesión por llevarte la contra a pesar de que sé que me harás mierda en 0.1 segundos, Efraín, mírame, no tengo idea del concepto “escritura creativa”, Efraín, ayuda, estoy todo pendejo».

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