Los asesinos del espíritu científico y los asesinos de la divulgación científica.

Creo que en más de una ocasión he dejado claro que mi interés en este blog y de mis redes sociales es la divulgación científica y todo lo que ella conlleva, no sólo como un mero pasatiempo, sino también como una salida profesional seria, claro, aunque no sea muy bueno en ello no veo razón para no verlo hecho realidad.

Si lo piensas con detenimiento la divulgación científica es la combinación entre la ciencia y el arte ─la literatura en este caso─, en la época actual no sólo tiene la literatura como medio para ser transmitida, también están los recursos multimedia: Juegos, imágenes, vídeos, etcétera.

Entre más avanzo en mi formación profesional más erratas y huecos encuentro en el sistema de educación superior, ojo, ya no estoy hablando de los malos profesores con los que te ves involucrado en toda tu formación académica, estoy hablando de errores en la cúspide de la misma, errores donde uno supondría que no debería haber por el sencillo hecho de tener «superior» arraigado al nombre.

Ya he dicho antes que la ciencia peca de elitismo, querer hablar todo en un lenguaje rebuscado, técnico y querer de cierta forma buscar «madurez científica» en el lector es uno de los errores más grandes de los libros  de ciencia y de los profesores en general. No sólo les bloquea el camino a los legos en lo que a los menesteres de la ciencia respecta, sino también le cierra el camino a los científicos como tal.

Esto no pasa sólo en la ciencia, también en la literatura. Tienes como perfecto ejemplo a los estudiantes de letras y filosofía. Siempre se meten en sus textos para manifestar no sé qué ideas, proyectar no sé qué a quién sabe qué personas, buscan la forma de que sus textos sean sinónimo de cultura, de «formación profesional», creen que el arte y la manifestación de los sentimientos a través de ella depende de que tan rebuscado sea tu vocabulario, que tantas metáforas uses, cuántas analogías, cuántos tropos literarios en general seas capaz de dominar en un solo texto. ¿Sabes qué pasa al final?, nada, absolutamente nada.

Al final del día las únicas personas que sienten placer de leer esas mierdas son el autor y su grupo cerrado de amigos y profesores que tienen «las bases» para decir que dicho autor ha creado una «obra de arte», ¿Obra de arte según quién?, ¿Según el criterio de un grupo de completos don nadie?, con todo respeto a los estudiantes de dichas áreas, pero ustedes son un completo puñado de imbéciles, no muy diferentes a nosotros los de ciencias o a los de cualquier otro grupo.

¿Quién se cree lo suficientemente calificado como para definir lo que es arte?, ¿humanidad?, ¿verdad?, ¿ciencia?, y esto último, claro, sin recurrir a lo que un diccionario te diga.

Encriptan la literatura para unos pocos, luego van y lloran de que la cultura ha muerto, lloran diciendo de que los niños de ahora prefieren leer los libros de youtubers, que si bien no apoyo dicha decisión, he de admitir que al menos poseen mejor vocabulario y mejor entendimiento de la mente humana que el grupo de literatos doctos encerrados en una biblioteca de filosofía y letras.

Un lenguaje pletórico no es sinónimo de cultura o de arte, así como tampoco un libro de tecnicismos es sinónimo de ciencia, mucho menos de enseñanza, porque créeme, más importante es la enseñanza de la ciencia que la ciencia como tal.

Científicos hay muchos, pero científicos haciendo algo bueno por la humanidad hay pocos, entre más cerramos las puertas a las ciencia menor será la probabilidad  de que alguien en un salón de clases el día de mañana pueda hacer algo por el mundo a través de ella.

Me parece una mierda que el autor de un libro piense que el alumno deba dominar todas las áreas del conocimiento previas, ¿tú lo haces señor escritor?, si no lo haces no seas un puto hipócrita, si lo haces, pues felicidades, claro que deberías, llevas años en ello, digo, por eso estás escribiendo un libro tan especializado, libro que por cierto no será la máxima referencia en la materia, porque como lo que tú escribes hay cientos, sino es que miles, ¿cuál es el miedo de explicar algo como si fuera para un niño de cinco años?, ¿cuál es el miedo en desasirse de aquello que llaman «académico»?, ¿en qué momento se renunció a la humildad en los textos?

El hecho de que sólo el autor sea llamado «profesional» conlleva no sólo la ignorancia, sino también la no-profesionalidad de cientos, de miles.

Señores autores, dejen de escribir para estudiantes de ciencia, dejen de escribir para los seudo profesionales, porque le voy a decir la verdad, no hay tantos profesionales allá afuera como usted lo piensa, por algo están leyendo su puto libro.

Empiece a escribir libros para niños, hágalo, y ese día notará que estará creando científicos de verdad, y no científicos a medias, porque créame, más vale un solo científico bueno que millones a medias.

Como decía Einstein:

«No entiendes algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela». Señor escritor de libros de ciencia, tengo dos posibles conclusiones finales en base a dicha frase:

1.- Su abuela tiene un doctorado en física de partículas.

O bien:

2.- Usted es un completo imbécil que no entiende tanto como presume en sus libros.

Que el tiempo lo haga entender a usted y a todos esos malos escritores que piensan que están educando a gente ya profesional, y más importante aún; deseo que el tiempo logre reparar el daño que hacen a todos esos que algún día tuvieron la luz de la ciencia en sus ojos y que cada día se apaga un poco más.

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