Querido diario [2]: Una reflexión sobre el alcohol y las redes sociales.

Si hay una «moda» que me caga, y digo «moda» como eufemismo de una completa manifestación de ignorancia y pendejez humana, es el hecho de subir fotos a Facebook de sus botellas de alcohol caras. Ojo, ojo, ojo, mucho ojo, que muchos de vosotros estaréis pensando que soy un hipócrita porque yo también bebo, y sí, lo hago, no es algo que me enorgullezca, pero tampoco me acompleja.

El problema en sí no es beber, el problema es gastar mucho dinero en el alcohol, y aunque muchos estarán pensando que esto es algún tipo de envidia de mi nivel socieconónomico hacía sus increíbles y cotizadas vidas bohemias, pues no, no lo es.

Beber ─cuando no es en demasía─ no tiene nada de malo, incluso hay estudios ─que yo no realicé porque estoy de vacaciones─ que demuestran que el alcohol a pesar de causar daño cerebral también ofrece beneficios increíbles a otros órganos menos importantes como el corazón. Pero, independientemente del daño cerebral que te pueda causar, creo firmemente que gastar mucho dinero en una sola botella es más algo que ya se traía desde antes en la cabeza, y que, por ende, no es precisamente un derivado del daño cerebral.

«No Efraín, ¿pero de qué carajos hablas?, es que debes considerar el sabor y un sinfín de mierdas que podría enlistarte y que serían avaladas con mi certificado de catador de bebidas autodidacta freelance que yo mismo me adjudiqué».

¡Pues no amiguitos!, simplemente no funciona así, eso de la «degustación» es una de las mentiras más grandes que yo he oído.

Mira, no quiero sonar hipócrita, obvio que me gusta la cerveza, me mama la cerveza, la amo, de haber sabido que la amaría tanto le hubiese pedido a mi madre que me amamantara con cerveza y no con esa mierda de «leche materna» tan sobrevalorada con la cual me crio.

El secreto aquí está en eso de «haber sabido». Es una verdad que a nosotros no nos gusta la cerveza a la primera, en sí, la cerveza tiene un sabor asqueroso, horrible, pútrido, venga, la misma bebida te dice a gritos que no la tomes, y más cuando vienes de una vida de tomar puro chocomilk y frutsi. Tu paladar simplemente no está desarrollado para asimilar ninguna bebida que no sea agua o que no tenga un alto porcentaje de azúcar.

A pesar de ello lo hacemos, y no lo hacemos por su sabor, eso de «a mí sí me gusta» es algo que nace en tu hermosa cabeza cuando asocias un buen momento con la sustancia que provocó ese buen momento. Esa sensación de euforia después de tomar, esa vez que te besaste con una desconocida mientras tomabas, aquella vez que te la mamaron en una fiesta mientras tomabas, cuando te desahogaste de un rompimiento, claro, mientras tomabas. Casi todo buen momento en tu vida ─aquí ya se pone medio patético─ fue en una fiesta o un evento, donde claro, había alcohol, el alcohol es el responsable de otorgarte el 80% de los momentos buenos en tu vida, un 10% es una relación amorosa y el último 10% son drogas, de las duras.

Con el tiempo te das cuenta que no amas la cerveza, en sí amas todo lo que te intoxique y te haga volver a ese estado donde eres invencible, valiente, guapo y donde eres capaz de coger con cualquier objeto o forma de vida por encima de los 37 grados Celsius. Es gracias a ello que nace el amor hacía todos los derivados del alcohol que tendrás por el resto de tu vida.

Entonces, ¿en qué momento nace la mamada de empezar a pagar más de 200 pesos por 1 litro de una botella de alcohol?, fácil, nace en el momento en el que se intenta volver más llevadero el camino hacia ese grado de intoxicación, pero, ¿4000 o 5000 pesos por una botella?, eso más que ser llevadero es una completa pendejada, conozco prostitutas que están más buenas que Scarlett Johansson que por menos dinero te hacen más feliz que lo que esa botella lograría, no puedes llegar con tus amigos y presumir que te cogiste una botella, te ves mal, pero llega y presume que te cogiste a una chica que es un clon de Scarlett y verás cómo cambia la cosa, obvio todos van a saber que era prostituta, pero hay más valores, más ética, más moral, más todo.

Eso de andar subiendo fotos de botellas caras es un grito desesperado de: «mira, tengo dinero y lo gasto en pendejadas, porque si algo caracteriza a las personas que tenemos dinero es que no tenemos ni un carajo de criterio para gastarlo».

Yo no te voy a decir cosas como: «Hay niños en África que no tienen para comprar una botella etiqueta azul de whiskey, no mames, puto desconsiderado sin corazón». Lo que sí te voy a decir es que al fin de cuentas lo que buscas es ponerte ebrio, para eso es el alcohol, si lo que buscas es sabor, una puta Coca-cola sabe 1000 veces mejor y te cuesta 10 pesos, 15 si te ven la cara de pendejo.

No sé en qué momento se perdieron los valores y empezamos a creer que el precio detrás del alcohol sea lo que define la calidad, el alcohol venga de donde venga te va a poner ebrio, mira que no lo digo yo, lo dice la puta química, no son moléculas diferentes, no son nada, alcohol es alcohol, punto.

Yo no sé qué los hizo pensar que su botella cara les daría respeto, no es como que una chica te vea llegar a la fiesta con tu botella de 2000 pesos y diga: «¿Ya viste la botella de ese pendejo?, de la nada siento unas irresistibles ganas de chuparle la verga».

Y esto es más utópico porque es bien sabido que las mujeres poco saben de alcohol, no lo digo yo, lo dice la estadística. Podrías tomar una botella de oso negro y colorearla con rajas de canela, vaciarla en una botella de Jack Daniel’s y con un marcador permanente escribirle la palabra cinnamon, inventa una mamada tipo: «Mira guapa, lo que te compré, una botella edición limitada del tradicional whiskey canela de Rusia, antes de que se extinguieran los árboles de canela, me costó cinco mil pesos, sí, sí, lo sé, es algo excesivo, pero nada que tú no te merezcas».

Es más probable que consigas una mamada así, porque no le va a importar una mierda si sabe bien o no, lo que le importa es que el hecho de que le des alcohol y de que ella se ponga ebria, con un tercio de esa botella ya te estará chupando la verga, dale media botella si lo que quieres es que te la vomite.

Yo no sé qué necesidad tiene el hombre moderno en despilfarrar cantidades de dinero ridículas en tan poco alcohol, con una botella basta para estar muerto, todos sabemos que una botella de 40 grados se mide en 3 porciones.

El primer tercio es un: «Bueno chicos, hoy traigo ganas de tomar un poco, sólo vengo a convivir y pasar un buen rato, quiero que mi madre me reconozca al llegar a la casa».
El segundo tercio es un: «Hoy vengo con toda la intención de morir, no me importa que pase, ¿alguien tiene un cordón?, quiero colgarme mi identificación en el cuello, uno nunca sabe que puede pasar».
Tomarte toda la botella es un: «No se me ocurre otra forma de manifestar mi auto desprecio y falta de amor propio que tomarme esta botella para intentar atentar contra mi propia salud física y mental».

Nuestros tiempos están cambiando y eso me preocupa, antes la hombría se medía por lo mucho que soportabas el sabor del alcohol, entre más grados tiene más jodido sabe, y eso se demostraba en las típicas salidas a los bares donde también existen 3 posibles casos:

Caso #1: Salir con un grupo de amigos y donde todos piden la misma bebida, porque nadie quiere quedar fuera de sintonía, y porque claro, «van en plan de amigos».

Caso #2: En el que cada quien pide lo que le gusta, punto final, como debe ser.

Caso #3: Cuando sales a tomar con las males amistades y el primero pide una cerveza clara, entonces el segundo en pedir ─el eslabón de la discordia─ hace un comentario despectivo tipo «pero que marica, cerveza clara, a mí me sirves una cerveza oscura, yo sí tengo huevos», el primer individuo ya quedó como un maricón, es el tercero la clave, porque él decide si debe demostrar que tiene huevos o es un maricón más, así que para superar al segundo hace un comentario aún más pesado tipo: «¡Já!, ¿cerveza?, par de puñales, a mí me traes un tequila». Aquí es donde se pone feo, porque has estado observando la pelea de cavernícolas y cuando menos te lo piensas ya eres el séptimo en pedir algo, tú ya no tienes opciones ligeras, vas a terminar diciendo algo como: «Chingue su madre, a mí no me traigas nada, a mí escúpeme en la boca y dame un shot de gasolina para pasarlo».

Yo ya no sé ni que estoy escribiendo, ya se me botó la canica como siempre…

Moraleja: No gasten mucho en botellas, el chiste es ponerse ebrios, no sean pendejos, y en caso de ser unos pendejos, no suban fotos a Facebook, menos en estas fechas, todos sabemos que son sus papis los que pagan esas cosas.

#PeaceOut.

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