Del elixir de la vida al elixir de la muerte – PARTE I

Hola de nuevo, soy yo, Efraín, tu gurú de las historias de ciencia innecesariamente largas, pero increíblemente interesantes. Hoy vengo con la intención de traerte uno de los artículos de mi serie «diVULGARción científica», posiblemente sea el  más largo que hayas visto por esto medios, esto debido a que la historia por sí misma es larga, es una de las historias más bonitas de la ciencia y la humanidad, si nunca la escuchaste desde la perspectiva de la ciencia es debido a que tu profesor en secundaria o preparatoria estaba más ocupado explicándote cosas aburridas como la independencia de México o intentando ver por debajo de tu falda de señorita de 15 años.

La historia será repartida en 3 o 4 capítulos, esto debido a que no quiero que te de un derrame cerebral por leer tanto texto sin memes, todavía no decido como la voy a dividir porque si algo me caracteriza es esa manía de hacer todo improvisado, así que sin más de momento vamos a ello:

Título: Del elixir de la vida al elixir de la muerte – PARTE I
Por: Efraín Fernando Puentes

«Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes».
─Lao-Tse.

Nos remontamos bastantes años atrás y hasta China, ese lugar mágico en donde todas las personas son iguales y aman tanto al mejor amigo del hombre, el perro, que incluso se lo suelen comer, eso sí es amor y no la tontería a la que tú llamas amor, muy parecido al amor de la novela «Das Parfum» de Patrick Süskind. ¿Amas a alguien?, pues cómetelo, cómetelo todo, a ti siempre te ha gustado comértelo todo.

China siempre ha sido un lugar muy rico en cultura, una de las cosas más interesantes ─desde mi perspectiva─ que tiene China es el taoísmo, pero, ¿qué carajos es esto del taoísmo?, para no hacerlo largo, es esa corriente religiosa/filosófica que está representada por el yin y el yang, es precisamente el taoísmo y su filosofía lo que hace que los chinos en las películas siempre hablen de una forma profunda y mística que te hace pensar «¡Esos chinos sí que son muy sabios!», es de donde Bruce Lee se robó la filosofía de «Be water my friend» y de donde Yoda adquirió problemas en el habla, así de peligroso es el taoísmo en grandes cantidades.

El taoísmo fue pregonado por su principal «profeta», Lao-Tse, dicha filosofía fue escrita en un libro cuyo nombre no creo poder escribir con el teclado de mi máquina de escribir (pero puedes googlearlo y hacer algo por tu curiosidad), lo importante del taoísmo es toda esa filosofía recalcitrante a la búsqueda del conocimiento y de la iluminación, fue esta filosofía el principal motor de todos los médicos y alquimistas de la antigua China.

La alquimia es un eufemismo de «científicos raros haciendo cosas muy raras», pero no hay que culparlos, los chinos a pesar de ser buenos con las matemáticas no eran muy distintos a los viejos alquimistas de todo el mundo, la ciencia y la naturaleza la concebían en un 50% experimentación, el otro 50% eran creencias que hoy nos hacen reír, pero ayer era todo lo que había, y aunque creer que el polvo de cuerno de unicornio era el mayor miedo de las arañas y el mejor antídoto (esto es verdad) nos resulte gracioso, hay que admitir que la imaginación necesaria para esa sarta de tonterías pudo haber sido un factor importante para el progreso de la ciencia.

Fue el taoísmo y la búsqueda del conocimiento lo que impulsó a los taoístas chinos a buscar a través de la alquimia y la medicina un elixir de la inmortalidad. Esto de querer ser inmortal es algo que la humanidad ha buscado desde que tenemos memoria, a nadie le gusta estar muerto, bueno, a casi nadie le gusta estar muerto, no olvidemos a los emos y suicidas del Facebook que anhelan cada día el fin de sus vidas.

Este elixir de la vida de los taoístas se compara con la piedra filosofal que la alquimia en Europa buscaba, el principal objetivo de la piedra filosofal era el de otorgar la inmortalidad, y claro, en sus tiempos libres ser usada en cosas recreativas como matar a Lord Voldemort en la primera entrega de Harry Potter.

Pero, ¿cómo los taoístas buscaban dicho elixir?, bueno, pues muy parecido a como tu abuela te cura las enfermedades, agarras una hierba que no sepas a ciencia cierta qué hace y la vuelves té, así sin más, no importa si la hierba tiene pinta de que te va a hacer daño, las abuelas y los taoístas nunca han tenido miedo a nada. Así como vuelves té cualquier hierba, de la misma forma puedes volver té las piedras y tierras que tengan finta de curar algo.

Los taoístas encontraron una piedra que tenía una apariencia increíble, estoy hablando del cinabrio, pero, ¿qué es el cinabrio?, es un mineral (una puta piedra, digo, por si te complicas con el lenguaje) que tiene una apariencia rojiza, parece que está sangrando, muy bohemio. Bueno, este mineral llamó la atención de los taoístas y de los alquimistas de todo el mundo y se empleó como remedio ante esa horrible enfermedad llamada «mortalidad», ¿cuál era el problema?, pues que el cinabrio está constituido por sulfuro de mercurio, o sea, es una combinación de azufre y mercurio (ese metal líquido con el que se hacen los termómetros), así que en vez de otorgar inmortalidad pues terminaban envenenados por el mercurio de dicho elixir.

Aquí hay algo curioso, uno de las principales consecuencias del envenenamiento por mercurio es el exceso de adrenalina que produce tu cuerpo, esto conlleva sudor y taquicardia, eso explica porque los antiguos guerreros que consumían cinabrio antes de las peleas se sentían inmortales, muy parecido a la cocaína actual, falsas ideas de grandeza que se te bajan en cuanto una espada perfora tu cuerpo.

Los alquimistas y taoístas no tardaron mucho en darse cuenta que estaban envenenado gente, así que decidieron combinar el cinabrio y sus derivados (recuerda que también tiene azufre) con otras cosas, claro, tal vez era demasiado poderosa la roca como para tomarse así de pura, lo empezaron a poner en la comida y en un sinfín de menjurjes, la miel era una de ellas, recuerda que la miel también ha sido una de esas sustancias a la que se le atribuyen propiedades esotéricas y mágicas, yo sé que te estás asustando, tal vez pienses algo como: «Mi puta abuela es una alquimista», pero no te preocupes, es normal, como te dije, estas costumbres de gente rarita han sido los principales motores de la ciencia.

Varias cosas de las que llegaron a combinar con la miel y el cinabrio eran cenizas, aquí hay algo curioso, los antiguos pueblos siempre han adorado las cenizas, ¿recuerdas todas esas leyendas a través de la historia del fénix renaciendo de las cenizas?, la gente siempre ha tenido fijación con todo lo que se quema, somos unos pirómanos en potencia, de hecho, es tanta la fijación por las cosas que combustionan que antes había una teoría llamada: «teoría del flogisto», la cual atribuía la propiedad de arder en llamas a una sustancia imaginaria llamada flogisto, aquellas que no ardían era porque no tenían flogisto, por obvias razones dicha teoría ha sido descartada y hoy poseemos explicaciones más decentes a estos fenómenos.

La mejor sustancia que pudieron haber agregado a las combinaciones raras para formar el elixir de la vida fue el salitre, pero, ¿qué carajos es el salitre?, pues presta atención, que aquí es donde inicia nuestra verdadera historia, todo lo anterior fue puro cantinfleo:

¿Has visto cómo se forma una especie de sal blanca en las paredes por la humedad?, bueno, eso es el salitre, prácticamente es una combinación de nitrato de sodio y nitrato de potasio. Los nitratos no sólo son de las cosas más interesantes que tenemos en la alquimia moderna, sino que también mi compuesto favorito, de hecho, mi elemento favorito de la tabla es el nitrógeno, pero dejemos de hablar de mí, hablemos del nitrato, mira, te voy a poner una selfie de dicho anión (un ion que tiene una carga negativa):

El anión nitrato (-NO3) suele combinarse con todos los elementos de la primera columna de la tabla periódica (esa que ni tú ni yo nos sabemos): Hidrógeno, litio, sodio, potasio, etc. Una vez unido el nitrato a estos elementos forma un compuesto más estable, por ejemplo, cuando se une con el hidrógeno forma ácido nítrico, cuando se une con los metales forma esas maravillosas sales que mencioné anteriormente y que forman parte de lo que se conoce como salitre.

El nitrato es un oxidante poderoso, esto quiere decir que gana electrones durante ciertas reacciones químicas, obviamente los taoístas no tenían puta idea de lo que era un electrón, pero lo combinaron con el buen cinabrio, cenizas y todo lo que se toparon, ¿Por qué?, bueno, pues así funciona la ciencia: «Nomás pa’ ver qué pasa».

«Mira si es grande el destino y esta ciudad es chica» diría el gran filósofo moderno Ricardo Arjona, el nitrato de potasio, el azufre y el carbón (cenizas, ¿hola?, ¿estás prestando atención?) combinados forman lo que conocemos como pólvora. Los chinos se dieron cuenta de que su elixir de la inmortalidad tenía propiedades inquietantes, eso de combustionar violentamente y dejarte sin cejas no era algo muy común en aquellos tiempos, ¿resultado?, elixir de la inmortalidad completo, obviamente.

La pólvora no es difícil de fabricar, consigue azufre (polvo amarillo que huele mal cuando es sulfuro), consigue carbón y nitrato de potasio (este lo puedes comprar como fertilizante), combínalos en una proporción 10%, 15% y 75% respectivamente, y listo, ya tienes pólvora, no hace falta darle ninguna preparación, sólo debes procurar que dichas sustancias estén molidas (en polvo), pero cuidado, no vayas a terminar sin cejas como los taoístas chinos.

Para los taoístas el descubrimiento de la pólvora fue un antes y después, de hecho, no sólo para los taoístas, sino para todo el mundo.

¿Qué hacemos ahora qué tenemos pólvora?, bueno, pues a tomar por culo toda la filosofía de Lao-Tse y su taoísmo, lo mejor es que usemos esa pólvora para empezar a matarnos los unos a los otros, porque así debe ser usado el elixir de la inmortalidad, para matar personas, para eso era, ¿no?

«La perfección del que imparte órdenes es ser pacífico; del que combate, carecer de cólera; del que quiere vencer, no luchar; del que se sirve de los hombres, ponerse por debajo de ellos».

¡Pfff!, ¿De qué carajos hablas Lao-Tse?, ¿Cólera?, ¿Paz?, cuentos de hadas.

Como bien sabrás (espero), China siempre tuvo conflictos con sus vecinos del imperio mongol, de hecho, por culpa de ellos se creó la muralla China, no creas que fue vanidad. Los mongoles era el imperio especialista en caballería arquera más temido de Asia, eran conquistadores natos liderados por el sociópata de Gengis Kan (te lo cuenta un fan de historia bélica, cuidado).

Los mongoles se encargaron de robar la fórmula secreta de dicho elixir y empezaron a usarla para sus propios fines bélicos, por obvias razones militares todo ese conocimiento fue esparcido por todo el mundo y la fórmula de la pólvora se volvió más pública que el bajo índice de educación de tu país.

La pólvora es lo que es por ser una increíble sustancia deflagrante, ¿deflagrante?, parece como que rima con flogisto, ¿recuerdas?, bueno, pues la deflagración es una combustión, pero escrita en mayúsculas.

No hay que confundir la deflagración, la combustión y la explosión, se podría decir que estas tres cosas están en este orden de potencia:

Explosión > Deflagración > Combustión

Cuando ocurre una deflagración se producen gases a una velocidad muy rápida, ¿recuerdas cómo lucía el nitrato?, bueno, pues el producto de la combustión del azufre, el carbono y el nitrato produce dióxido, agua, y nitrógeno molecular, en otras palabras: Gases.

Estos gases demostraron causar explosiones muy interesantes y desplazar cosas pesadas, los mongoles, chinos y cualquier cultura que recibía pólvora en sus manos no tardó en crear cañones y granadas.

Por suerte, la forma en la que funciona el equilibrio del universo es extraña, Gengis Kan era un loco sanguinario de primera, si algo causó la decadencia del imperio mongol fue quedarse atrás en las guerras en base a la pólvora que ellos mismos habían robado, recuerda que su especialización era la caballería, sí, era grande dicho imperio, pero no tenía la infraestructura ni recursos naturales como los chinos, además eran prácticamente nulos moviéndose en el mar, así que los japoneses tenían las de ganar en ese aspecto, el tiempo terminó cobrando con la decadencia completa del imperio mongol y parando el genocidio que Gengis Kan ya había empezado hace tiempo.

Es irónico como el elixir de la vida fue utilizado para todo menos para dar vida, pero, ¿realmente era el elixir de la vida?, sí y no.

La pólvora no era el elixir de la vida en sí, sino un derivado del mismo, ¿recuerdas el salitre usado para formar la pólvora?, bueno, ese es el verdadero elixir de la vida, el protagonista de esta historia, te sorprenderás de todo lo que el salitre estaba a punto de ocasionar en la historia del mundo, fue un antes y un después.

Es cierto, la pólvora es algo que ayudó a la minería en sus inicios y nadie sabe qué hubiese pasado con el desarrollo económico del mundo sin ella, así como tampoco sabemos cómo hubiese cambiado la historia si equis bando ganaba o perdía sus batallas gracias a ella. Lo que sí sabemos es que el taoísmo y sus practicantes descubrieron una de las cosas más letales que ha conocido la humanidad, recuerda que los gases que se generan a través de la deflagración de la pólvora sirven para impulsar balas debido al cambio súbito de volumen.

Tal vez podrá ser un poco negativa la perspectiva que tenemos de este capítulo de la historia (que hoy en día sigue siendo igual), pero lo importante es que las propiedades del salitre fueron estudiadas a fondo, y ya verás cómo gracias a él seguimos aquí, valiendo verga, pero seguimos.

Claro, la continuación de esta historia ya será en la segunda parte, como dije, no quiero causarte un derrame cerebral a través de estos complicados textos que no te piden saber nada, sólo leer.

Si te gustó puedes compartirlo con tus amigos, en especial con tu abuela para que deje su alquimia y todas esas cosas raras.

Nos vemos en la PARTE II, be water my friend.

4 comentarios en “Del elixir de la vida al elixir de la muerte – PARTE I

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